Esta idea posmoderna, aceptada por casi todo el mundo y que viene a decir que la Wicca fue creada por Gardner, no se sostiene por la historia sino en los intereses primero de los que “compitieron” contra él, después quienes ganaban con ello y al final por dar gusto a una masa indolente y acomodada de freelances, que ven la oportunidad perfecta para justificar las “libertades” que se toman con el Paganismo, para hacer de estas religiones sus plataformas de autorealización.

Lo cierto, es que Gardner no creó la Wicca, nunca dijo haberlo hecho ni sus seguidoras lo entendieron así. ¿Qué ha pasado, entonces, para que ahora se haya decidido aceptar esta “posverdad”? Siendo una respuesta compleja y teniendo diferentes causas, podemos resumirlo en los siguientes planteamientos:

Que el reconocimiento tácito de un Culto de la Brujería (Wicca), dejaría en la cuneta a hechiceros y neopaganos amparados bajo el paraguas de esta palabra, que no aceptan reglas ni dogmas y menos una dependencia iniciática, más allá de sus propios esquemas y concepciones particulares de lo Sagrado.

Que el reconocimiento tácito de una Wicca Tradicional, por ajustarse entonces a unos rasgos y antecedentes históricos concretos, limitaría el acceso y la idiosincrasia de los que se autodefinen como “brujos” y la usan para su interés personal, pero sin aceptar iniciarse en sus Cultos ni seguir sus reglas.

Que el reconocimiento tácito de una Religión Pagana, restaría al Paganismo legitimidad para enviar… “a la Wicca” a todos estos freelances, que quieren pertenecer a una religión sin aceptar sus normas, creencias y prácticas; más aún, que esté dispuesta a aceptar las suyas aunque sean antagónicas y a costa de modificar su Doctrina si es necesario.

La respuesta que puede darse a este brete, es mucho más simple y clara:

Si Gardner hubiese sabido y querido haber creado algo nuevo llamado Wicca, lo pudo haber dicho, le hubiese puesto nombre y no habría perdido un solo segundo en defender lo contrario. Porque lo más llamativo de esta polémica, es que Gardner siempre dijo estar iniciado en la Brujería, que era un Culto religioso y que en algunos círculos -el suyo- se conocía al practicante por el arcaísmo wica.

¿Qué le habría costado a Gardner o siquiera a sus sacerdotisas, de haberlo querido decir estar iniciados en un viejo Culto de la Brujería llamado Wica, el más antiguo, original y referencia de todos los demás? Nada. Es más, se hubiesen evitado la mayoría de enfrentamientos que les trajo hacerlo como lo hicieron. Y en cuanto a sus sacerdotisas, de haber deseado marcar una hipotética diferencia que las distanciase de otros, ¿por qué dijeron lo contrario?…

Y eso es todo, que lo demás vino después y por lo que hemos explicado. Gardner, vamos a darle la presunción de inocencia, se inició en el Culto de la Brujería, un Culto cuya cualidad le viene dada por referirse a la Wicca, y -he aquí el verdadero conflicto- visibilizó el hecho religioso de la Brujería, lo que en la práctica creó conflictos de identidad y dejó a un lado a casi todos los que aceptaron la propaganda cristiana, de hacer en el mejor de los casos de las religiones nativas cofradías de magos y hechiceros, que se movían entre el paganismo y la herejía. Por suerte, la realidad es bastante terca, tanto, como para no desaparecer por mucho que se la trate de ignorar u ocultar.

© Fernando González

LOS TRES PILARES DEL CULTO III

La TRANSMISIÓN, es el tercer pilar que sostiene los Cultos precristianos. Responde, al acto de llevar a efecto y a buen término el fin último de la Tradición (tradere), que es efectivamente transmitir aquello que se ha preservado.

Es, la consecuencia natural de procurar la supervivencia de la Doctrina, los Principios y las Reglas de un Culto, transmitiendo estos rasgos a sus nuevos fieles, con la intención que no desaparezcan y estas creencias y prácticas perduren en el tiempo.

Una religión, no sólo necesita de la DEVOCIÓN y la TRADICIÓN para existir, sino de una TRANSMISIÓN que la haga estable. Una regla tan básica, como imprescindible.

La Transmisión, así, es la tercera pata de este Caldero que fragua la religión a partir de la espiritualidad común de un colectivo, consustancial a las otras dos e imprescindible para que el Culto no acabe desapareciendo.

© Fernando González

LOS TRES PILARES DEL CULTO II

La TRADICIÓN, es el segundo pilar que sostiene a los Cultos precristianos. Atesora, el Corpus de creencias y prácticas que definen una religión, los Principios por los que se guía y las Reglas que la protegen.

Es, la simbiosis perfecta entre ortodoxia y ortopraxis que caracteriza a la religión como una Entidad armónica e independiente, que se define para sí y frente a otras religiones.

Que una religión sobreviva, el hecho mismo de conservarse y mantenerse, solo se puede garantizar si existe un MODELO a seguir, la INTENCIÓN de preservarlo y el DESEO de transmitirse.

La Tradición, entonces, es el conjunto de rasgos propios de una religión que sobreviven en el tiempo, porque hubo previamente la intención de CONSERVARLOS y que no se pierdan, cambien ni tergiversen con el devenir de los años y las circunstancias.

© Fernando González

LOS TRES PILARES DEL CULTO I

La DEVOCIÓN, es el primero de los tres pilares que sostienen los Cultos Precristianos. Por ella, se forja la religión, que es el resultado de la unión de un colectivo por la fe, la certeza y la veneración de una serie de creencias y prácticas, seguidas y transmisibles por y para otros en el espacio y en el tiempo.

Es una de las patas, de un Caldero que nutre a las religiones a partir de las experiencias, los sentimientos y los conocimientos de nuestros Ancestros con lo Trascendente, que en su conjunto forman las Creencias religiosas.

La religión, necesita unos referentes (creencias) que expliquen la Existencia con unos relatos (mitos) que de sentido a las cosas. Esta Mitología, requiere de la piedad y de la reverencia por lo Sagrado si ha de conservarse. Es aquí, precisamente, donde aparece la Devoción.

La Devoción, es pues el recurso intelectual por el que el ser humano es PARTE, REVIVE y PRESERVA este Relato, y por lo tanto es a través de ella que se conservan (Tradición) y transmiten (Transmisión) las creencias y prácticas de las diferentes religiones.

© Fernando González

Un año más, y ya van siendo unos cuantos, Wicca Celtíbera ha tenido la oportunidad de volver a celebrar públicamente la Festividad de Anmunobia (Samaín), en el entrañable pueblo de Pinto (Madrid), gracias a la colaboración de su Ayuntamiento y por supuesto a la participación de los pinteños, que todos los años participa en estas celebraciones por fe, interés o curiosidad pero siempre con un respeto que debería servir de ejemplo.

Un año más, nuestra Santa Diosa ATAECINA volvió a recorrer las calles de Pinto, llevada en procesión hasta su emplazamiento presidiendo el Ritual, donde con el permiso del Dios ENDOVÉLICO se evoca a nuestros Difuntos y da Culto a los Muertos, recordando su paso por este Mundo y esos lazos que nos unen eternamente a Ellos.

Un año más, hemos podido cumplir nuestros votos de dar la bienvenida al nuevo Ciclo, echar cuentas de lo andado y de lo que ha de venir y renovar nuestros juramentos para con nuestra Hermandad, Espíritus y Dioses, en un tiempo sin tiempo, en ese espacio oscuro al que recurrir para coger fuerza, entereza y esperanza y cubrir nuestro tránsito sombrío hasta el Renacer del Sol.

Queremos, en fin, agradecer con imágenes nuestra celebración pública de Anmunobia, la colaboración del Ayto., que además proporcionó la parte lúdica de esta Festividad, y la participación de sus habitantes, pinteños y pinteñas a quienes queremos hacer llegar nuestro cariño y parabienes por su implicación, el acostumbrado respeto y por su puesto la fe de muchos de los paisanos que asisten a estas celebraciones milenarias.

© Fernando González

LOS NUEVOS FUEGOS

Con la llegada de Anmunobia (Samaín), comienza en nuestros Calendarios Celtas la plenitud del Período Oscuro del Año, ya anunciado con el Equinoccio de Otoño.

Dice la Tradición, que antes de este Rito han de apagarse todos los fuegos, para volver a encenderse con los rescoldos o las teas prendidas en la Hoguera Sagrada que ilumina esta ceremonia. Un hecho, perfectamente documentado por ejemplo en la literatura céltica insular (Tlachtga, Tara).

Es también, costumbre ancestral arraigada entre las viejas religiones depositar uno de los tizones de los Fuegos del Festival, en un agua que se habrá de utilizar después en los demás rituales, Elemento Ceremonial mejor conocido como Agua Lústral. Nombre, referido al agua en la que se haya apagado o depositado una brasa o carboncillo de una Hoguera Sacrificial, que será utilizada después para la purificación y la bendición de personas, objetos y espacios sagrados.

Y qué mejor momento éste, aún con los rescoldos humeantes de Anmunobia, para que evoquemos una ceremonia nuestra ignorada o mal imitada, por un Neopaganismo que no ve práctico o útil seguir las viejas fórmulas de nuestros ritos por creerlas innecesarias, dicen, aunque quizá fuese mejor decir por falta de conocimiento y lo que es aún peor, de convicción en lo que hacen, en un ambiente antes efectista que veraz y dirigido por personas sin la preparación suficiente sobre las Doctrinas, reglas y fórmulas religiosas que creen estar siguiendo.

El valor de una ceremonia, está en NO MODIFICARLA, al menos en lo sustancial y nunca más allá de las adaptaciones necesarias -no arbitrarias- que por naturaleza hayan de producirse. Sustituir o desechar esta o cualquier otra fórmula ritual antigua, empobrece nuestras religiones, desmerece nuestras Tradiciones y con suerte se traduce en un ritual inocuo…

Por fortuna, son varias las Religiones Nativas que al menos desde la Península Ibérica, incidimos en la importancia de mantener estas viejas fórmulas mágico-religiosas dentro de la ortodoxia ritual, con el objeto de propiciar el resultado y garantizar la legitimidad de las liturgias ancestrales que nos preceden y avalan ser Cultos Tradicionales, esto es, un eslabón en la continuidad de las religiones precristianas. Para un escalador, es como pasar la cuerda (tradición) por uno o varios anclajes (linaje), donde los mosquetones (conocimientos) garanticen el descenso, el retorno a ese punto original de donde procedemos.

Recordando estos antecedentes de nuestra Liturgia, los Celtíberos queremos desear a los devotos de nuestras tradiciones un propicio Periodo Oscuro del Año. Un tiempo de introspección, que muy bien podríamos aprovechar en dedicarlo a formarnos más y mejor, para consolidar una transmisión adecuada que permita la perpetuación de estas Tradiciones milenarias, que brillarán con los nuevos fuegos que encendamos a partir de sus rescoldos.

Elevemos, junto a las hogueras, nuestras plegarias…

KALLEAKA UINDOUOLTA DEUA TIASUKOI DATOS DOUAMEDOS ETAMOS KAILOS

© Fernando González

LUAR… BAJO LA LUZ DE LA LUNA

La Luna, está presente en todas las religiones antiguas, esto es un hecho indudable. Como lo es, que entre los Celtas y en concreto los Celtíberos tuvo una importancia clara que ha dejado huella en nuestras tradiciones y testimonio monumental y escrito en la Historia de nuestros pueblos.

Desde el tiempo de las cavernas en el Paleolítico, pasando por lo más recóndito de nuestros bosques durante la Edad Media e incluso en nuestras propias casas hoy en día, el sentimiento religioso del ser humano se ve impelido a invocar, celebrar o requerir el auxilio de la Hija de la Tierra de manera tácita y constante. Ya para atraer la abundancia, bendecirnos o protegernos, su influencia no ha dejado de manifestarse en múltiples formas y ocasiones, en no pocas presidiendo las fiestas más importantes de nuestros calendarios religiosos precristianos.

Buen ejemplo de ello, lo encontramos en la tradición celtíbera de dar culto durante los Plenilunios, documentada hace más de 2000 años y mantenida por la Brujería con el nombre de Akelarre:

“… los celtíberos y los otros pueblos que lindan con ellos por el Norte, todos los cuales tienen cierta divinidad innominada, a la que, en las noches de Luna llena, las familias rinden culto danzando, hasta el amanecer, ante las puertas de sus casas […]” [1]

La Luna, concentra en sí misma ser una Divinidad, la Manifestación de una Divinidad o el Medio para acceder y recibir la gracia o el auxilio de lo Divino, ya en forma masculina, femenina o bisexuada, si bien su carácter femenino es el que más se reproduce y mejor ha calado en la teología y el ideario popular. Esta Figura, muchas veces evocada como Madre o haciendo valer su faceta maternal, retuvo para sí y hasta no hace mucho su advocación durante el rito de bautismo pagano, donde los neonatos le eran presentados para su Bendición del Luar* y ponerles bajo su protección, o invocada para sanar a los niños que padecían una grave enfermedad:

Hasta incluso en las aldeas del Ayuntamiento portugués de Montalegre cuando nacía un niño se consideraba que era bueno mostrárselo a la Luna durante tres noches diciendo:

Lua, luar,

Deste-me um filho,

Ajudai-m’o a criar (Braga Barreiros, F. 1916, 91)

Mientras que en el distrito de Viana do Castelo cuando un niño estaba muy enfermo la madre se lo mostraban a la Luna y le rogaban diciendo:

Luar, luar,

Deixa-me o meu menino,

Que o quero criar (Cunha Brito, 1912, 292).[2]

La Hechicería popular, recogió esta fórmula cultual aplicándola a la consagración de sus fetiches (véase su sentido etimológico) [3], palabra que comparte raíz con hechizo [4]. De ahí, dejar bajo la Luz de la Luna objetos, amuletos y talismanes para que se “carguen” o consagrarlos determinadas noches y lunas. Una práctica, que como vemos tiene un origen atávico y vinculado al aspecto religioso de los Cultos precristianos.

Sea como fuere, la Luna, en concreto iluminarse bajo la luz que refleja, acompaña al ser humano en forma de mitos, leyendas, prácticas y creencias religiosas desde los albores de la Humanidad, sin olvidar que es por Ella que se elaboran los primeros calendarios religiosos-económicos, que con el tiempo darían lugar al Ciclo decemnovenal, también llamado Calendario Metónico en honor a su compilador el matemático Metón en el s. V a.e., o más conocidos con el nombre de Calendarios Luni-Solares, que son los que rigen los almanaques litúrgicos de muchas de nuestras viejas religiones. [5]

Esta Guía nuestra, que nace de las entrañas de la Tierra como consecuencia de un objeto venido del Cielo que impactó en nuestro planeta (Hierogamia), que guía las mareas, las cosechas e incluso la fertilidad, que inspira los sentimientos primarios del ser humano, que nos ilumina en la oscuridad y fortalece o bendice con sus rayos, con su LUAR, lleva en el ideario y ritual de nuestros pueblos desde que tenemos conocimiento de lo trascendente, y así fue y será en tanto existan Tradiciones que transmitan esta influencia y por qué no decirlo, esta “dependencia” hacia la Luna.

© Fernando González

* LUAR. Gallego, ‘Luz o brilló de la Luna’.

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1.- Estrabón. GEOGRAFÍA III, IV 16.

2.- Fernando Alonso Romero. CULTOS Y CREENCIAS EN TORNO A LOS MEGALITOS DEL ÁREA ATLÁNTICA EUROPEA, p. 150. Andavira Editora, 2012.

3.- http://etimologias.dechile.net/?fetiche

4.- http://etimologias.dechile.net/?hechizo

5.- https://planetastronomia.com/observacion/calendario-fase-lunar/

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