Archive for 30 junio 2014

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La Wicca es una religión nativa (indoeuropea) y pagana (politeísta, animista e idólatra) de transmisión aprehensible, de raíces ancestrales y de construcción hermética, mistérica e iniciática, que se fundamenta en la Devoción a sus Divinidades, el Culto a la Naturaleza, a los Ciclos Vitales perpetuados a través de su Calendario Sagrado y a los Antepasados bajo el binomio Fertilidad/Fecundidad, donde confluyen un ceremonial complejo y unos rituales atávicos.

Se circunscribe al conjunto de Tradiciones Nativas que se forjan básicamente en el Continente Europeo y la cuenca mediterránea, a consecuencia de patrones remotos de influencias paleolítica y neolítica en el contexto posterior de los pueblos indoeuropeos, que a través de la evolución de estas creencias hacia los Cultos pre-cristianos y tras el inicio de su persecución religiosa por el cristianismo, se acabarían agrupando dentro del “paganismo” y subsistirían finalmente con el término de Brujería Tradicional (BT), léase en su versión anglófona witchcraft (wiccecræfte, el arte, conocimiento o dominio de la Wicca, así mencionada ya en el s. IX e.a., en las Homilías Anglosajonas del abad Elfrico) con el significado de la práctica de la Wicca, aproximadamente hasta el último cuarto del siglo pasado, momento en el que a través del propio arcaísmo Wicca, pasarían a contextualizarse de nuevo. Es por ello llamada la Vieja Religión.

En consecuencia, puede concluirse que la Wicca es el Culto de la Brujería (Tradicional) y que en su contexto etimológico la Brujería, como Culto, tiene su primera acepción religiosa en la palabra indoeuropea Wicca (+ueik/+uica, elección/selección, tanto el objeto seleccionado de la ofrenda o del sacrificio: la víctima, como la persona especializada en la selección y el sacrificio: el sacerdote).

 Como se apunta más arriba, es una doctrina arcaica que ha evolucionado preservando sus referentes fundamentales, como lo es la Sacralización de los tiempos y de los ciclos vitales, la Comunión con la Naturaleza, la Devoción y Culto a los Antepasados, un politeísmo expreso tras el dualismo primario fertilidad-fecundidad de las Divinidades principales de sus Panteones (un Dios Cornudo de la Vida y de la Muerte y una Diosa Triple -Doncella, Madre y Anciana-), así como un corpus de transmisión que se perpetúa, recoge o rescata (dependiendo del  momento histórico de que se trate), con una manifiesta intencionalidad de seguimiento, prolongación y traspaso.

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Concretamente su Festiario recoge en ocho grandes Asambleas y 13 ó 26 Akelarres el Ciclo de la Vida (Rueda del Año), que se corresponde en lo fundamental con los ciclos soli-lunares y estacionales (lunaciones, solsticios y equinoccios) y las efemérides de los viejos calendarios de los pueblos recolectores-cazadores y agropecuarios.

La Wicca, siendo una raíz cultual compleja de la BT (de origen indoeuropeo) en el contexto de los Cultos paganos, se segregará después en diferentes Tradiciones que responden tanto a la geografía de su foco de referencia (Wicca Celtíbera, Wicca Sajona, etc.), como al modelo de transmisión (Hereditaria y/o Tradicional) y a la nominalidad propia del origen de la transmisión (Wicca Gardneriana, Wicca Alexandrina, etc.).

No será hasta mediados de los años 50/60 del siglo XX cuando la existencia de la BT como Culto aún vivo se populariza en su vertiente anglófona (BT Británica) de la mano del británico Gerald Gardner, figura clave en su develación pública tras la derogación de la legislación inglesa de las últimas leyes contra la Brujería (1951), y de Doreen Valiente entre otras sacerdotisas iniciadas por éste, en su esfuerzo por darle un contexto reconstruccionista homogeneo.

En otras latitudes, como en el de la BT Ibérica, necesitaría esperarse al restablecimiento en España de la Libertad Religiosa en 1980, tras lo que Wicca Celtíbera de la mano de su fundador Fernando González, iniciaria el periplo que acabaría en su legalización en España el 23/11/2011 y en Portugal el 26/06/2012.

Esta religión está prácticamente extendida por todo el mundo occidental, siendo lícita su práctica en países como Estados Unidos gracias a su divulgación principalmente por el que después sería fundador de la Seax Wica, Raimond Buckland, y reconocida como religión por Estados como España (2011) y Portugal (2012), como se ha señalado, pero se desconoce el número de fieles al no existir estadísticas que permitan establecer actualmente una aproximación demográfica fiable.

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©Fernando González-Wiccaceltíbera

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druida-celtaEl sacerdocio no es una cualidad innata, sino un oficio concreto en el que únicamente se pueden especializar quienes superen un programa de estudios y preparación específicos.

Efectivamente, ni se nace sacerdote, ni se convierte en sacerdote quien no haya sido reconocido y aceptado formalmente como tal por otro/s que sí lo sean, pero solo después de alcanzar la formación necesaria y recibir la consagración de sus votos. Por lo tanto, la respuesta ha de ser un categórico no, no todos somos sacerdotes por el mero hecho de ser, en este caso paganos.

Una especialización exige una formación radicalmente reñida con la individualidad. Esto no significa que se vaya a saber más que otros, sino que se esté habilitado por la Comunidad para poder poner en práctica con garantías lo que se sabe.

Lo primero que deberíamos hacer para enfrentar la cuestión, sería diferenciar entre rito y sacerdocio. Porque aunque pueda dar la impresión de estar inseparablemente unidos, no son la misma cosa.

Conocemos por rito no solo a la ceremonia, sino también al conjunto de fórmulas y reglas establecidas para la correcta realización del mismo. De raíz indoeuropea (*-ar) y con el significado de hacer o actuar con un orden, de la que derivarían palabras como aritmética, arte o armonía, el rito no obliga al sacerdocio, si bien el sacerdocio se ve obligado a respetar en todo momento el rito.

Siendo de esta manera, resulta obvio que la práctica ritual no se pueda circunscribir exclusivamente en el ámbito sacerdotal. No es, mejor, no ha sido nunca necesaria la presencia, siquiera testimonial, de un sacerdote para la comunicación personal entre una persona y lo espiritual o lo Divino.

Pero si queremos ritualizar ante terceros siguiendo unas reglas, una técnica identificable, conocida y respetada, ha de haber de quién aprenderlas más allá de la costumbre, pues esta última no deja de ser la repetición de actos y gestos que muchas veces escapan a nuestro entendimiento, y el corpus ceremonial acaba siendo por lo tanto y como decimos, una especialización.

Nuestro diccionario (RAE) nos pone al tanto de lo que caracteriza estar especializados en algo: “3. f. Rama de una ciencia, arte o actividad, cuyo objeto es una parte limitada de ellas, sobre la cual poseen saberes o habilidades muy precisos quienes la cultivan.” ¿Y quienes sino los sacerdotes pueden haberlas cultivado, contextualizado y transmitido?

Por otra parte y gracias a los testimonios históricos de los que tenemos constancia cierta, sabemos que en la práctica religiosa pagana y más aún en el espacio indoeuropeo, podía muy bien prescindirse y de hecho lo hacía en no pocas ocasiones, de la figura sacerdotal. Por ejemplo en aquellos casos que se ajustara a lo personal, en ocasiones también en el espacio familiar y finalmente a consecuencia del aislamiento. Pero no olvidemos que el rito tiene dos ámbitos claros de actuación: privado y colectivo y de este segundo son destacables el rito familiar y el rito público.

La presencia de tales especialistas no solo es necesaria, sino incluso obligatoria, ya fuera para diseñar el rito, para calcular su ejecución y para dirigirlo o refrendarlo en ocasiones y situaciones concretas… y por supuesto transmitir estos conocimientos a las siguientes generaciones para poder guardar su significado, garantizar su continuidad y evitar su pérdida.

Es más, una religión sin especialistas que organicen, establezcan y orienten el ritual, las formas y las creencias, acaba irremisiblemente desapareciendo. Será por eso que ha sido únicamente a través o a partir de la existencia de chamanes y sacerdotes, de especialistas en resumidas cuentas, que sabemos de la religión.

Siendo el origen etimológico de la palabra sacerdote el que hace o se dedica al oficio de lo sagrado, el encargado de diseñar los ritos, formas, tomar los cálculos y llevar a cabo la celebración, no cabe duda que ha de necesitar una especialización al margen de lo común que facilite la preparación adecuada, que solo puede ser transmitida por otros que tengan esta condición, que dispongan del tiempo necesario para aprender, organizar y transmitir lo aprendido, y por lo tanto dispensa y sostén comunal, y que su papel esté socialmente reconocido y avalado, que cumpla con las garantías exigidas. Es por eso que palabras como sagrado, sacramento y sacrificio estén relacionadas con la de sacerdote.

Es común en la Comunidad pagana, sobre todo entre quienes deciden caminar en solitario, decir que no necesitan que nadie les convalide o reconozca su religiosidad, ceñirse a una iniciación pautada por terceros ni necesitar intermediario alguno, pues ellos mismos se valen perfectamente sin la ayuda de nadie para comunicarse con la Naturaleza y sus Dioses.

Y el caso es que en un principio tienen toda la razón para decirlo y es verdad que no lo necesitan. Lo malo es que hay quienes, además, presuponen que no necesitar ningún sacerdote les habilita para sustituirles o les convierte a ellos en uno. Siendo en este caso cuando confundamos el origen y significado del sacerdocio con nuestro personal y privado entendimiento de lo religioso, algo que no ha de ser y de hecho no es una “marca” propia de la religión, sino de la percepción y pretensión de una sola persona. Lo que se ha venido a denominar como religión “a la carta”.

Más allá de la excepcionalidad, el ceremonial de un Culto preexistente ha de contar con el control y supervisión de personas encargadas del mismo, en tanto y cuando se sepa que efectivamente las haya y tengan adjudicado dicho “papel”. Es por eso inapropiado y una forma de engañarnos a nosotros mismos, confiar en que podamos saltarnos dicha prescripción para imponer nosotros a la religión, las normas que más nos convengan.

Que nos guste o nos sintamos identificados con una religión, no significa ni mucho menos que podamos hacer de ella lo que nos de la gana, que es la religión la que deba adaptarse a nosotros, un planteamiento que si lo hubiera dispuesto cualquier religión jamás habría llegado hasta nosotros, porque otros antes la habrían amoldado a ellos mismos y por lo tanto desvirtuado en otra diferente.

Es el estudio, la especializacion, el cuidado de las formas y la correcta transmisión del conocimiento, lo que permite a una religión perpetuarse. Nunca, permitir que cualquiera y en cualquier momento la personalice a su gusto. Es por eso, en definitiva, por lo que gusta tan poco oír hablar del sacerdocio.

Por lo mismo que no pueden existir druidas o sacerdotes wiccanos que no hayan sido ordenados por otros, por ejemplo, como no pueden existir católicos laicos que se digan curas ni porque se lo comunique su Dios ni porque lleven mucho tiempo siendo cristianos, sino porque hayan obtenido dicho reconocimiento después de su preparación en un colegio especializado (Seminario), lo mismo que sucede con los rabinos. En el polo opuesto tenemos a los imanes, que puede ser cualquiera sin una formación especializada puesto que su religión lo establece así, pero incluso en este caso se les exige un conocimiento exhaustivo del ritual y de las oraciones.

Frente a estos argumentos, suele oponerse que con la iniciación ya se nos faculta para ser sacerdotes. Otro error que por desgracia se da habitualmente en la Wicca.
El Camino Iniciático concierne al iniciado y no a terceros, pues es una búsqueda interior que nos transforma y enriquece y como tal no puede repetirse en otros ni servir de referencia para otros más allá de la técnica que usemos en el proceso. Un iniciado, por lo tanto y pese a estar facultado para realizar los ritos que establezca su Tradición, no puede sustituir al sacerdote y oficiar en nombre y representación de ésta o reconocerse por sí mismo como tal, porque nadie le ha habilitado para desarrollar esa faceta.

El sacerdocio exige un esfuerzo añadido y al margen de la Iniciación, un compromiso posterior, vital y sagrado de que además de evolucionar en el conocimiento que nos permita nuestra iluminación, más allá de ocuparnos de nuestro propio crecimiento espiritual, nos sacrificamos y comprometemos para servir a los demás, al Culto en sí mismo y a nuestros Dioses, viniendo obligados en nuestros votos el compromiso de guardar y transmitir nuestra Tradición.

Comprender la diferencia es fundamental para entender nuestras religiones y sobre todo para respetar las Tradiciones a las que decimos estar vinculados o ser afectos.

¿Hay religiones sin un sacerdocio ya colegiado o chamánico? Búsquese. Ahora bien, si decidimos escoger una que ya lo tenga, por respeto y coherencia, no pretendamos reescribir sus reglas y “personalizarla” y si lo hacemos, tengamos al menos el buen sentido, y la honestidad de cambiarla el nombre… y si alguien nos llega diciéndose druida, pongamos por caso, entronizado por los árboles o por sus fueros, sepamos también qué responderle.

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©Fernando González-Wiccaceltíbera

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Con esta primera reflexión tras el nombramiento del nuevo Jefe del Estado Español, Felipe VI, no es pretensión alguna entrar a juzgar a favor o en contra al Sistema ni el modelo de Estado ni por supuesto la coveniencia o inconveniencia de esta Coronación. Cada cual tenga su propia opinión, creencia y sentimiento.

Dicho lo cual, sí que sería pertinente reflejar dos momentos de esta mañana llena de gestos, que por su especial significación religiosa debería llamarnos poderosamente la atención:

El primero de ellos y en el ámbito de lo protocolario ha sido la decepcionante invisibilización, el desprecio, de/a los Cultos minoritarios, al no ser invitados a la Recepción posterior.

El segundo de estos gestos y no por eso menos importante, reseñar por enésima vez y ahora con doblete, la inconveniencia de la humillación del Jefe del Estado ante los representantes de la Iglesia Católica.

Siendo comprensible lo apretado de un acto institucional de máxima relevancia, como lo es el nombramiento de un Jefe del Estado, donde se exige la presencia de innumerables personalidades de los ámbitos más representativos de la sociedad, no lo es así tanto que por ejemplo hayan sido invitados David Bisbal, Isabel Preysler y toreros como José Padilla y no se haya tenido la educación y el respeto de no hacer lo propio con los representantes de los Cultos religiosos minoritarios, pero vivos, de los españoles.

Cuando la Casa Real afirmó que esta recepción tenía por objeto recibir “una representación de la sociedad civil española“, una “muestra amplia de toda la sociedad española” ¿lo tenemos que entender como que los paganos somos ciudadanos de segunda, que no somos parte de la sociedad civil española, que no existimos? Que un señor que se representa así mismo y cuya “profesión” es la de hacer malabarismos mientras atraviesa con una espada a un animal torturado, sea invitado y las creencias religiosas de una parte de los españoles no merezcan su atención, dice mucho y poco bueno de lo que podemos esperar de este ¿nuevo? periodo.

Y conste que no hablamos de asistir al acto, situación que no viene al caso, sino del hecho de haber sido despreciados de una manera tan poco elegante. Mucho postín y protocolo, pero poca educación y respeto ante lo que han venido a llamar eufemísticamente una “renovación” y cambio que cuente con la aceptación de todos (!) los españoles.

Pero es que además, ver en el “besamanos” al Jefe del Estado humillárse o si se quiere y por eso de ceñirnos a lo políticamente correcto, “inclinar o doblar una parte del cuerpo, como la cabeza o la rodilla, especialmente en señal de sumisión y acatamiento” frente a los miembros -y digo bien, en plural- del clero Católico que sí fueron invitados (pude contar al menos cuatro), viene a confirmar que esto del cambio que promte está muy, pero que muy lejos de que Felipe VI lo dijera en serio.

Un servidor, en todo caso, no se privará de elevar nuestra humilde e imperceptible pero viva y sentida queja por este desprecio. Porque si bien es cierto que los paganos cabemos en España y pese a las palabras de inclusión de Felipe VI, no deja de ser frustrante comprobar que los paganos seguimos sin caber en la Jefatura del Estado.

En cuanto a las imágenes, ha sido imposible encontrar una que inmortalizase el momento, es de suponer que porque no ha llamado mucho la atención, así que se ha recurrido a tomarlas de la retransmisión que hizo en directo la cadena de la Conferencia Episcopal, 13TV.

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©Fernando González-Wiccaceltíbera

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Se tiene la idea estereotipada que el Paganismo apenás duró unos pocos siglos después de la institucionalización del Cristianismo como única religión lícita del Imperio Romano, pe

ro como suele ocurrir con muchos de nuestros estereotipos, no deja de ser una verdad a medias o una medio mentira, según se mire. Y la Edad Media está trufada de testimonios que al contrario de lo que se da por hecho, ni los propios cristianos creyeron realmente que fuese así.

 Pruebas de esta evidencia inundan tratados y documentos medievales del mismo clero cristiano, que ya con desesperación o impotencia ven a donde quiera que miren esta supervivencia activa entre “su” propio “rebaño”. Una constante que no dejará de repetirse durante todo el medievo. Así, lamenta Martín de Braga en el s. VI e.a. la terquedad del pueblo por aferrarse a sus viejas creencias y religiones incluso después del bautismo:

 “¿Y cómo es que algunos de vosotros, que habéis renunciado al diablo y a sus ángeles, a sus cultos, y a sus malas obras, ahora volváis de nuevo a los cultos del diablo? Porque encender velas junto a las piedras y a los árboles y a las fuentes y en las encrucijadas, ¿qué otra cosa es sino culto al diablo? Observar la adivinación y los agüeros, así como los días de los ídolos, ¿qué otra cosa es sino el culto del diablo? Observar las vulcanales y las calendas, adornar las mesas, poner coronas de laurel, observar el pie, derramar en el fogón sobre la leña alimentos y vino, echar pan en la fuente, ¿qué otra cosa es sino culto del diablo? El que las mujeres nombren a Minerva al urdir sus telas, observar en las nupcias el día de Venus, y atender en qué día se hace el viaje, ¿qué otra cosa es sino el culto del diablo? Hechizar hierbas para los maleficios, e invocar los nombres de los demonios con hechizos, ¿qué otra cosa es sino el culto del diablo? Y otras muchas cosas que es largo el decirlas. He aquí que, después de haber renunciado al diablo, hacéis todas estas cosas después del bautismo, y volviendo al culto de los demonios y a las malas obras de los ídolos, faltasteis a vuestra palabra, y habéis quebrantado el pacto que hicisteis con Dios.1

 Pero es que además 700 años después y ahora desde una plataforma urdida ex profeso para matar universalmente a todo pagano y estirpar toda fe que no fuese la suya, el Cristianismo sigue enfrentadose al mismo problema:

  “Hacia 1270, la Suma del Oficio de la Inquisición, compuesta en el entorno de Benito de Marsella, consagra todo un capítulo a la ´forma de interrogar a los augures y a los idólatras´2.

 ¿Quienes debieron ser, sino paganos, aquellos augures e idólatras de los que se lamenta Benito de Marsella, a quienes dedica una atención especial al objeto de descubrirlos y exterminarlos? Una atención, no lo olvidemos, que se repitió por todo el continente sin diferenciar fronteras, culturas y pueblos. Y no está de más reseñar que a aquellos ¿nuevos? augures e idólatras no se les llama en ningún momento “neo-paganos“, cuando bien pudo haberse hecho así por ser personas sin nexo directo ni linaje demostrado entre ellos y los paganos del s. IV e.a. Es una lástima que a veces deban venir los propios inquisidores a darnos lecciones sobre quiénes y qué somos.

 Y ha de destacarse por encima de todo que, además, hubieron amplias zonas donde hasta la Edad Moderna nuestros Cultos sobrevivieron apenas sin variaciones:

  “El concepto de Spanía o de su traducción latina tiene poco que ver con el nombre que al final ha tomado este país en que habitamos, y ha de verse desde la óptica del reparto de tierras que hicieron los romanos una vez que la península ibérica fue domeñada -salvo la zona más norteña que hoy es el País Vasco y aledaños- que no se romanizó y que era aún pagana en gran parte hasta el siglo XVI3.

Y prueba de que esta apreciación no es aislada, nos lo corrobora otro testimonio que además de confirmarlo, abunda en algunos otros datos de interés:

Al parecer los jesuitas de Santander todavía evangelizaban en los montes del Pas en Cantabria en el s. XVI donde vivían primitivos paganos adoradores del roble, según una labor misional recogida en la obra del jesuita P. Juan de Villafañe como recoge Crespo Ortiz de Zárate (1997). p. 26.4.

Siendo esto así, y por los hechos no cabe duda que lo fue ¿qué ocurrió entonces para que los paganos pasaran a ser tenidos por brujos? Muy sencillo, tanto, que aún no lo hemos aceptado, que la Brujería nunca fue un fenómeno nuevo, sino una nueva forma de entender o denominar al Paganismo por parte de un Cristianismo incapaz de erradicarlo aún en el s. XV e.a.:

Qué es, e qué cosa es esto que se dize que ay unas mugeres que se llaman bruxas, las quales creen e dizen que de noche andan con Diana, deesa de los paganos, con muchas e innumerables mugeres caualgando en bestias, e andando, e passando por muchas tierras e logares, e que pueden aprouechar e dañar a las criaturas5.

LITHA30Además de la referencia en sí, esta cita cobra doble interés por cómo introduce en la escena el término “bruja“. Una palabra que se incorpora no sabemos muy bien si porque fue una nueva forma de denominarlas de la que previamente no se tuviera constancia, porque creyeron mejor y/o necesario llamarlas así ó porque fuese como aquellas mismas mujeres se reconocieran así mismas, como devotas de los Cultos y Dioses del Paganismo ¿Esto importa? Por desgracia para muchos de nosotros, no.

A la hora de estudiar y aprender de nuestro pasado y por supuesto de explicarlo, que es la única forma posible de comprendernos, deberíamos tener en cuenta la coincidencia entre los últimos testimonios sobre Paganismo y los primeros a favor de la Brujería, una realidad que cualquiera podría ver de no estar eficazmente desinteresado de “fábrica”. Pero no hace falta buscar excusas, si en realidad no lo hacemos es porque nos han enseñado a no hacerlo, porque no queremos hacerlo y sobre todo porque nos es mucho más cómodo no hacerlo ¡si hasta se acordó no preocuparnos por nuestra propia historia!6

Ah, eso sí, que no se nos ocurra ignorar nuestra historia más reciente, claro, que esa nos la meterán hasta en la sopa porque nos debe marcar,valer y satisfacer a todos por igual, queramos o no, corresponda o no corresponda a nuestra Tradición. Y claro, nuestra dejadez pasa factura y nos encasillan y lo que es peor, nos afecta tanto social como pública e institucionalmente ¿y todo por qué, para qué?:

4.4.6. NEODRUIDISMO, NEOPAGANISMO Y WICCA…Desde los años setenta del siglo pasado ha comenzado a cobrar fuerza un neoceltismo o neodruidismo que ejemplifica, junto con el mayoritario neochamanismo, el odinismo (que busca reconstituir el paganismo nórdico) y la neobrujería (wicca) la fuerza del neopaganismo, que se centra en el culto a la fuerza de lo natural y que se vehicula por medio de la magia o de los rituales estacionales. Forman grupos de carácter difusamente religioso que hallan su ubicación actual en la amalgama sincrética que resulta la new age (encadenándose pasado y futuro), y cuyas características revisaremos al hablar de las nuevas religiones…7

225px-El_Aquelarre_(1797-1798)En fin, volviendo al tema que nos ocupa, dejemos que sea el padre del estudio moderno de las religiones quien responda reduciéndolo todo a una sola frase: “… la «caza de brujas» perseguía la liquidación de las últimas supervivencias del «paganismo», es decir, en esencia, de los cultos de la fecundidad y los argumentos iniciáticos. El resultado de todo ello fue el empobrecimiento de la religiosidad popular y, en determinadas zonas, la decadencia de las sociedades rurales.”8

¿Copiaremos esto último y lo pegaremos una y otra vez allí donde surja la cuestión? En tanto no coincidan y pesen más nuestras “lealtades” que la verdad, francamente lo dudo, pero mientras entendamos una obligación decirla, aunque seamos ahora pocos, el cambio será posible.

©Fernando González-Wiccaceltíbera

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1.- Martín de Dumio. Santo cristiano y Arzobispo de Braga, s. VI E. a.  De Correctione Rusticorum, 16. Obras completas de Martín de Braga, edición y traducción realizada por Ursicino Domínguez del Val, Fundación Universitaria Española, Madrid 1990, quien a su vez a utilizado la edición de  C. W. Barlow,  Martini episcopi Bracarensis opera omnia, New Haven 1950.

2.- Jacques Le Goff. Historiador Medievalista profesor de la École des Hautes Études en Sciences Sociales.  Diccionario Razonado del Occidente Medieval. Pág. 88.

3.- E. Llobregat ConesaLa Cristianización. La Época visigoda. Museo Arqueológico Provincial de Alicante. Pág. 316.

4.- Rosa Sanz Serrano. Arqueóloga y Catedrática de Historia Antigua de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Paganos, adivinos y magos, Gerión VII, 2003. pag. 36.

5.- Lope de Barrientos. Inquisidor y Obispo de Cuenca, Catedrático de la Universidad de Salamanca y Canciller Mayor de Castilla. Tractado de las Adivinanças, pág. 151.

6.- Acuerdo de abril de 1974 del American Council of Witches de Minneapolis, (Minnesota). Principio nº. 11.

7.- MATERIAL DE PREPARACIÓN DE LA ASIGNATURA HISTORIA DE LAS RELIGIONES copyright: F. Diez de Velasco. INTRODUCCION AL ESTUDIO DE LAS RELIGIONES. Madrid, 2002. Págs. 117-118 y 299 y 300.

8.- Mircea Eliade. Doctorado en Filosofía y Catedrático de Historia de las religiones en la Univeridad de Chicago.  Historia de las creencias y las ideas religiosas. V. III, 306.  LA «CAZA DE BRUJAS» Y LAS VICISITUDES DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR, pág. 293.

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La Religión Wicca, corolario y consecuencia de develar públicamente La Vieja Religión (Cultos indoeuropeos) o Brujería Tradicional, si bien parece que por su idiosincrasia carezca de unos ritos arraigados o que por considerarla un “producto” moderno, adolezca de ceremoniales primitivos, lo cierto es que cuantas más veces se intenta explicar como el resultado híbrido de mezclar con la hechicería popular principios ocultistas de los ss. XVIII-XX, más evidencias en contra nos proporciona la historia para reconocer si no su originalidad, sí al menos su arcaísmo.

Y es que es muy habitual decirnos seguidores de prácticas milenarias sólo como resultado de préstamos de movimientos ocultistas contemporáneos, precisamente de unos grupos que adaptaron a sus ceremoniales el de nuestras propias tradiciones (!), rechazando al mismo tiempo aceptar el hecho que nadie conocedor de los elementos originales de dichos ritos y resuelto a rescatarlos, se valdría nunca de las copias.

Más aún, se nos “educa” insistentemente con que la Wicca es un producto moderno como resultado de dicha hibridación. Que es como decirnos que fuimos incapaces de asistir a las mismas fiestas tradicionales, beber de las mismas fuentes mistéricas o consultar los mismos fondos bibliográficos sobre nuestros Ancestros, a los que recurrieron estos grupos ocultistas para estructurar su ceremonial. Parecer ser que a diferencia de nosotros, ellos tuvieron un acceso privilegiado y excluyente ¡a bibliotecas públicas y ferias populares!

Todo pasa por considerarnos tan “absortos” con la maceta que nos han colocado frente al bosque, que nos sintamos incapaces de ver más naturaleza que la del tiesto, como si reproducir un rito copiado de otro más antiguo fuese lo genuino e incorporar una ceremonia de nuestra Tradición a nuestra Tradición, sea copiarla de “otros”.

Fórmulas rituales y simbólicas como por ejemplo la circunvalación (circumambulatio) del espacio sagrado, la cardinalidad en la construcción del mismo o la trifuncionalidad de la Diosa Madre (de todo ello nos ocuparemos más adelante), hasta hoy mismo defendidas como prácticas modernas asacadas de la magia ceremonial, tienen una presencia histórica de sobra conocida en las propias tradiciones religiosas de nuestros antepasados. Y este conocimiento de ningún modo secreto, ha sido tan accesible para los unos como para los otros.

Y esto sin profundizar en los auténticos responsables de nuestro resurgimiento, del renacer del Paganismo, que por supuesto ni fueron cabalistas ni magos ceremoniales, que si de renacer se trata podríamos hablar de El Renacimiento -verbigracia- y de la Escuela de Florencia (1459), sin despreciar otras como la Escuela de Salamanca, de la que ya hablamos en alguna ocasión.

Benozzo_Gozzoli,_Pletone,_Cappella_dei_Magi-1Si en vez de cerrarnos en especular sobre magos y conspiraciones nos detuviésemos a leer las vidas y trabajos de los grandes develadores históricos de nuestras Tradiciones, como lo ha sido una de las figuras más injustamente tratadas no solo por la historia oficial, enquilosada en la teología cristiana, sino por nuestra memoria, el filósofo neo-platónico bizantino Georgios Gemistos Pletón, fundador de la Escuela Pagana del Peloponeso e inspirador de la Escuela de Florencia, fundada por uno de sus discípulos, Cosme de Médicis, nuestra perspectiva daría un giro de 180º ¿Aprendió Pico della Mirandola de Crowley y de Blavatski o en la Escuela de Florencia?

Esta idea de hacer de lo genuino una copia o un plagio de algo nuevo no es siquiera original, fue una de las genialidades de los Padres de la Iglesia -cristiana- para explicar cómo podían presentar como algo auténtico una teología y ceremonias, que habían plagiado burdamente de las religiones precristianas. Tal es el caso de Tertuliano y sus Apologéticas.

Que la revelación moderna de estas prácticas religiosas, creara el “efecto” de una originalidad o patente en magos y neo-teurgos, filósofos, cabalistas y escuelas ocultistas e incluso que muchos brujos tuviesen contacto o pertenecieran a algunas, no desdice en absoluto la mayor, y es que tales prácticas tenían su origen en Cultos paganos que nos llegaron a través, entre otras fuentes, de la Brujería Tradicional.

Como fue más “postinero” y menos peligroso decirse mago o teósofo que brujo y muchos de los develadores de nuestros Cultos mantuvieron relación o pertenecieron a estos grupos, mejor desautorizarles post mortem en cuanto a que afirmaron haber recogido de las fuentes originales (testimoniales y/o bibliográficas) la información y crear ad adversus la hipótesis más conveniente:

Si la Wicca se identifica como Brujería, entenderla como el resultado moderno de mezclar hechicería y ocultismo; y si tiene un ceremonial ancestral, explicarlo como consecuencia de adaptar la magia ceremonial contemporánea a la Brujería. Todo, menos reconocerla como religión histórica.

De este modo, nuestras fórmulas ceremoniales no vienen de los Cultos indoeuropeos, entre otros y básicamente de los celtas, sino de unos teósofos o neo-teurgos de quienes las aprendimos. Y si es que vinieron, fuimos los últimos en enterarnos. Vamos que no, que quien diga seguir Cultos tradicionales no puede explicar las ceremonias de los Cultos tradicionales si no es a través de las prácticas modernas de quienes les imitaron.

Que, por ejemplo, el acto principal de la Romería de Ceclavín (Cáceres) en torno a la Ermita del “Cristo de la Encina“, sea la triple circunvalación en deosil de jinetes a caballo al rededor de un Santuario que hoy sabemos enclavado en lo que fue el de nuestro Dios Salamati (equiparado al Reue también autóctono y al Júpiter romano) y que esta costumbre de inaugurar los ritos circunvalando por tres veces el espacio sagrado esté perfectamente documentado en los devocionarios populares y usos religiosos precristianos de nuestros atepasados, los ceclavineros no se lo han de agradecer a sus Ancestros, sino ¡a los rosacruces!

Al margen, vaya por delante nuestra respeto por todas aquellas corrientes filosóficas que, como la Masonería, aportaron conocimiento y perspectiva en una sociedad mediatizada, convulsa y muy limitada intelectualmente hablando.

Los primeros develadores modernos del Culto de la Brujería en el ámbito anglosajón, desde un principio no tuvieron reparo en decir cuáles fueron sus fuentes y recursos, de dónde salían sus prácticas y tradiciones y es más, no dudaron en atribuirlas a la Brujería Tradicional, el Paganismo y los Cultos precristianos ¿Qué ha pasado entonces?

Que ha sido nuestra incredulidad, una actitud acomplejada y unas ganas indisimuladas por justificarnos, lo que ha llevado a muchos a recurrir no a la explicación en un principio más sencilla pero más ardua de alcanzar porque implica estudiar, sino a la menos onerosa para quienes han tratado por todos los medios a su alcance de negar o minimizar el impacto de nuestra existencia: un laicismo anti-religioso en un extremo, intereses por un hipotético control en el medio y la poderosa dogmática cristiana en el otro.

Una de estas referencias ancestrales del ceremonial Wicca y origen del presente trabajo, incomprensiblemente relegada al ámbito de lo moderno, es lo que ha venido a denominarse como El Gran Rito, práctica consistente en la unión sexual, ya sea real o simbólica, de los oficiantes como representación de la Hierogamia (del gr. hieros, sagrado y gamos, matrimonio) de los Dioses principales (El Dios Cornudo y la Diosa Triple) del panteón wiccano.

Este rito, que culmina la fase ceremonial de los Akelarres, nos transporta a uno de los mitos y ceremonias de más amplio calado y antigüedad de muchos pueblos y muy especialmente de entre los que denominamos como indoeuropeos, siendo, además, de ámbito universal, reconocible a lo largo y ancho del orbe con pocas variaciones y casi idéntica trascendencia y significado.

Dicho más claramente, la Hierogamia no es una fórmula de la magia ceremonial, cabalista ni ocultista, sino estrictamente hablando un rito religioso milenario bien asentado entre los pueblos indoeuropeos, a través del cual sus Cultos propiciaban y garantizaban la continuidad y prosperidad de la Naturaleza y de sus fieles. Un rito que la Wicca reproduce porque evidentemente forma parte de su ceremonial, porque la Brujería Tradicional atesoró las referencias cultuales del Paganismo, como éste lo hizo de los Cultos precristianos.

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rito, consistente en la cópula real o simbólica entre el jefe tribal o Héroe fundador y la Diosa Madre como personificación de la Tierra, al objeto de reconocer la soberanía del monarca y atraer la fertilidad como en el caso del Santuario Ibérico de Pozo Moro1 ó escenificando la uniòn sexual de dos Dioses, una ceremonia que debe oficiarse en la entronización y repetirse cíclicamente, tuvo tal importancia que no pudo erradicarse hasta bien entrada la Edad Media… en realidad y como vemos nunca llegaría a desaparecer de nuestro acervo:

84.El Dagda tenía una casa en Glenn Etin, en el norte, y tenía que encontrarse con una mujer para ese día del año en Glenn Etin, para Samain, antes de la batalla. El río Unius de Connacht brama al sur de allí. 85.Contempló a la mujer en el Unius, en Corann, que se bañaba, con uno de sus pies en Allod Echae, al sur de la corriente, y el otro en Loscuinn, al norte de las aguas. Nueve trenzas flojas llevaba en la cabeza. El Dagda, conversó con ella, y se unieron. “El lecho de la Pareja” es el nombre del lugar desde entonces. La mujer que se menciona aquí es la Morrigu.2

Los últimos testimonios gráficos de esta arcaica ceremonia nos los proporciona, entre otros, Giraldus Cambrensis (Gerald of Wales) a finales del s. XII e.a., que recoge, horrorizado, estas prácticas entre los clanes del norte del Ulster, en el que la Diosa está simbolizada por una yegua blanca y el futuro rey copula físicamente con ésta, para obtener el reconocimiento sagrado de su soberanía y garantizar la fertilidad3.

Reminiscencias posteriores de esta misma ceremonia regia podemos hallarlas igualmente en la Península ibérica:

El Livro dos Linhagems de Pedro de Barcelos ofrece otra narración sobre el origen de los Señores de Vizcaya, De Dom Diego Lopez, Senhor de Viscaia, bisneto de Dom Froom, e como casou con ua molher que achou andando a monte…, que constituye uno de los pasajes más bellos de la literatura celto-hispana y quizás la más ilustrativa de estas narraciones celtas del País Vasco:

Este Don Diego López  //  era muy buen montero,  y estando un día en su parada  //  a la espera del jabalí,  oyó cantar en una muy alta voz  //  a una mujer encima de una peña.  Y él fue para ella  //  y vio una mujer muy hermosa y bien vestida y enamorose luego de ella muy fuertemente  //  y le preguntó quien era. Y ella le dijo que era mujer  //  de muy alto linaje.  Y él le dijo que  //  pues era mujer de muy alto linaje que se casaría con ella   //  si ella quisiese, porque él era señor  //  de toda aquella tierra. Y ella le dijo que lo haría  //  si le prometía nunca santiguarse. Y él lo otorgó  //  y ella se fue luego con él. Esta dama era hermosa  //  y muy bien hecha en todo su cuerpo, salvo que tenía un pie hendido,  //  como de cabra. Y vivieron gran tiempo juntos  //  y tuvieron dos hijos, un varón de nombre Íñiguez Guerra   //  y el otro mujer, llamada [Muña Íñiguez] Y cuando comían juntos  //  Don Diego López y su mujer, se sentaba a su lado su hijo  //  y su hija al otro lado. Y un día fue él a su monte  //  y mató un jabalí muy grande y lo trajo para su casa // y lo puso ante sí donde comía con su mujer y con sus hijos. Y echaron un hueso desde la mesa // y se pusieron a pelear por él un alano y una podenca, de tal manera que la podenca  //  trabó por el cuello al alano y matólo. Y Don Diego López, cuando vio esto,  //  lo tuvo por milagro y santiguóse y dijo “Santa María me valga,  //  quien vio nunca tal cosa”. Y su mujer, cuando le vio santiguarse,  //  cogió de la mano a la hija y al hijo, y Don Diego López agarró al hijo  //  y no quiso que lo cogiera. Y ella huyó con la hija  //  por una ventana del palacio y fuese para las montañas,  //  de suerte que no la vieron más, ni a ella ni a su hija…

Sorprende la hierogamia de Diego López I, Señor de Vizcaya (1093-1124),49 con una Diosa-Maga con pie “como de cabra”, identificada con la diosa Mari, que se le aparece en una cacería, por lo que este texto se relaciona con la tradición de un culto ritual a Íñiguez Guerra y Mari como antepasados dinásticos mantenida en Busturia por los Señores de Vizcaya hasta Juan el Tuerto (†1326), como evidencia la continuación del relato:

Algunos hay en Vizcaya que dijeron y dicen hoy en día que esta su madre de Íñiguez Guerra es el ‘cuero’ (‘la Mujer Vieja’, la ‘Diosa Maga’) de Vizcaya.50 Y cada vez que el Señor de Vizcaya esta ahí en una aldea que llaman Vusturio, todas las entrañas de las vacas que matan en su casa, todas las manda poner el cierta pieza fuera de la aldea sobre una peña, y por la mañana no hallan allí nada, y dicen que si no lo hiciesen así que algún daño recibiría de él en ese día o en esa noche, en algún escudero de su casa o en alguna cosa que mucho le doliese. Y esto siempre lo hicieron así los señores de Vizcaya, hasta la muerte de Don Juan el Tuerto… Y además dicen hoy en día que (Íñiguez Guerra) yace con algunas mujeres allí en las aldeas, aunque no quieran, y viene a ellas con figura de escudero y todas aquellas con las que yace quedan hechizadas.4

Podemos retrotraer esta costumbre, euhemerizada, a los sumerios, que en el 2.000 a.e. describen en un himno cómo el rey ha de yacer con la Diosa Inanna para formalizar su soberanía, siendo ya en forma de dos Dioses o un ser humano (héroe/fundador) y una Divinidad (simbolizada en una persona o animal torem), una práctica religiosa como decimos, universal.

Otros testimonios nos llevan al rito también céltico de la Banais Ríge (Fiesta Nupcial del Reino), en el que una doncella liba una copa que representa la soberanía ante el nuevo rey y que culmina con la unión sexual de ambos; el Asvamedha indú, en el que los roles se invierten y es la mahisi o reina la que se une con un semental; e incluso hay quienes ven en el rito romano del October Equus de los idus de Octubre la misma “necesidad” religiosa de procurarse la bendición de la Diosa, para legitimar la soberanía y promover la fertilidad de la tierra, los campos, las personas y los animales.

tracios_-hierogamia-ritual-tesoro-de-letnitsa-bulgaria-siglo-iv-a_n_e_No son tampoco desdeñables las referencias en cuanto a que en los Akelarres la bruja de más alto rango o las brujas en su conjunto copularan con “El Cornudo”, un fenómeno éste, el de atraerse la fertilidad, tan reiterado como universal.

Extrapolando a la Wicca este ritual, que como hemos leído ni es nuevo ni extraño en nuestra cultura, la función del mismo sigue cumpliendo idénticas expectativas y es más no adolece de falta de sentido. Porque es perfectamente lógico que una religión de origen indoeuropeo como lo es la Wicca, de unas tradiciones indoeuropeas como las que se recogen en la Wicca y de unas prácticas religiosas indoeuropeas como las que se practican en la Wicca, venga reflejada la Hierogamia en nuestro ceremonial, entendido como una consecuencia lógica y no como una apuesta estrafalaria, de nuestra percepción y cosmogonía.

… en Hispania la protagonista de la hierogamia suele ser una Diosa ctónica, de la Vida y la Naturaleza, como la Mari vasca, la Reina Lupa del Monte Sacro entre los Galaicos, la Diana lobuna de Segobriga y otras relacionadas.62 Esta diosa no plenamente antropomorfa conforme al concepto celta de divinidad, podía transformarse en otros seres, volar o desaparecer repentinamente.63 Se concebía como ‘reina’ del territorio64 y como Maga todopoderosa, conocedora del futuro,65 cuyo canto mágico atrae fatalmente al mortal que los oye,66 al que puede mostrarse en epifanía sobre ‘su altar rupestre’, punto onfálico de paso al Otro Mundo, generalmente situado cerca del río o fuente donde habita,67 aunque también puede morar en ‘su cueva’ o ‘su monte’.68 La diosa puede casarse con un mortal, pues en el País Vasco hay versiones de hierogamia con gente del pueblo,69 pero suele ser con el Héroe Fundador de un pueblo o familia gentilicia surgidos de esta unión, según un mitema celta característico70, generalmente asociado a un tabú, como pronunciar su nombre o determinada palabra, con el correspondiente castigo.71  Estas hierogamias celto-hispanas se relacionan con otras de la Keltiké, en especial de Irlanda, pues eran el fundamento ideológico de la realeza.72

… Otro ejemplo es Niall, joven guerrero del siglo V que llegó a reinar en Tara cuando una vieja maga le ofreció en una fuente darle de beber a cambio de un beso, a lo que accedió llegando a tener relación carnal con ella, momento en que la vieja se transformó en una hermosísima doncella que se identificó como la Diosa soberana de Irlanda.75 La misma divinidad vieja de la Fecundidad, la Guerra y la Muerte describe el Cailleach Bhéarra o Lamento de la Vieja de Beare,76 de c. 900 d.C., diosa de la península de Beare, al oeste de Cork, en cuya juventud había sido esposa de reyes77 y similar en esa zona de Irlanda es la vieja diosa-vaca de la isla de Inis Boi (‘vaca’), en la costa occidental, delante de la península de Beare.78

La Diana lobuna de Segobriga, la Diosa Lupa del Monte Ilicino y la Diosa Mari del País Vasco reinaban como diosas tutelares sobre su territorio, como la Diosa Ériu sobre Irlanda, nombre del que procede Éire (MacCana 1970, 120; Markale 1987, 172 s.; Green 1995, 70 s.)5

Esta fuente inagotable de símbolos y arquetipos que es nuestra mitología original, de la que nos nutrimos y enriquecemos en la Wicca antes y al margen de meras copias adulteradas, no solo nos retrotrae con El Gran Rito a estas épocas antediluvianas, sino que también nos descubre de forma contundente la clave y los patrones teológicos de la polifuncionalidad en este caso de nuestra Diosa Madre en sus tres facetas principales.

Así, en la Wicca es genérico a toda Tradición la celebración de esta Hierogamia (Gran Rito), en la que los oficiantes, por lo común una Suma Sacerdotisa en representación de la Diosa y un Sumo Sacerdote en representación del Dios (huelga decir que sexos y roles varían con las circunstancias porque lo que se busca no es el acoplamiento heterógeno), ya sea de una forma física o simbólica copularán cíclicamente en los Akelarres al objeto de conmemorar la Sagrada Unión de la Diosa y el Dios y provocar el mantenimiento del Culto, la fertilidad y la abundancia y la continuidad del Ciclo de la Vida, que es, en resumidas cuentas, uno de los pilares de la Religión Wicca.

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©Fernando González-Wicca Celtíbera

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1.- En uno de los sillares del friso del Monumento turriforme de la Necrópolis de Pozo Moro, Chinchilla (Albacete), de origen ibérico, puede observarse una de estas escenas hierogámicas en la que un personaje masculino desnudo e itifálico (héroe fundador/rey) abraza a una Diosa a las puertas de un Templo.

2.- La segunda Batalla de Moytura. Traducción y nota preliminar de Santiago Oviedo. Pág. 48.

3.- Giraldus Cambrensis. Topographia Hibernica: iii, 25.

4.- Acta Paleohispánica XI. Paleohispánica 13 (2013). Martín Almagro-Gorbea. El Mito Celta del Héroe Fundador en los orígenes del Señorío de Vizcaya. Págs. 601-602.

5.- Ibid. Págs. 604-605.

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Después de leer la normativa de la Comunidad Autónoma de Andalucía en materia de Educación Religiosa para el Curso 2014/15, que con más o menos diferencias se reproduce en el resto de España, no podemos evitar que resurjan entre nosotros sentimientos de impotencia y agravio por estar sometidos a un desarrollo legislativo profundamente injusto, desigual y quizá hasta rayano en lo anti-constitucional.

Al margen de la verborrea legalista de toda normativa e impreso administrativo que se precie de tal, llama mucho la atención la facilidad para mezclar conceptos enfrentados y antónimos con una naturalidad que espanta.

Resulta que lo que el Estado entiende por libertad religiosa en el ámbito educativo, es aquella que consiste en reconocer el derecho a la educación religiosa en las escuelas públicas y concertadas, exclusivamente, a las Confesiones religiosas que tengan acuerdos con el Estado.

Concretamente nos dicen que: “los centros docentes que imparten enseñanzas de segundo ciclo de educación infantil, educación primaria, educación secundaria obligatoria o bachillerato, informarán a los padres, madres o tutores legales del alumnado, o a éste si es mayor de edad, de que el centro oferta la enseñanza de religión, de aquellas confesiones con las que el Estado tiene suscritos Acuerdos y, en su caso, historia y cultura de las religiones.” Y en el impreso a rellenar señalan que las religiones “agraciadas” son: Católica, Evangélica, Islámica, Judía ó en su defecto Historia y cultura de las religiones, aunque no se dice quienes impartirían esta última asignatura optativa.

A esto y al margen de leyes menores que se supone solo pueden desarrollar pero nunca corregir o deslegitimar a las de mayor rango, la Constitución Española, en la cúspide de todas ellas, dice sobre el particular:

“Artículo 14. Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Artículo 16. 3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.

Artículo 27. 3. Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

A tenor del discurso jurídico de los poderes fácticos, que justifica esta aberración legal sacando a jugar al tercero en discordia: el notorio arraigo (un concepto ad hoc según el cual todas las religiones son iguales pero las que tengan más creyentes e implantación, tienen más derechos que el resto y por eso han de privilegiarse en detrimento de las otras) ¿estaremos obligados a aceptar que la Constitución Española es papel mojado? ¿Hemos de acatar una Constitución que sólo nosotros estamos obligados a cumplir y que el Estado incumple por sistema?

¿Qué papel tiene la igualdad sin discriminación alguna, frente a la discriminación por motivo del número de creyentes? Bajo este planteamiento ¿qué impide al Estado legislar privilegios para los diestros en detrimento de los zurdos?

¿En qué parte de la frase “…sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social“, dice que por la condición de mayoritarias o la circunstancia de mayor implantación, deban discriminarse por sus creencias a unas personas frente a otras? ¿Ser cristiano nos permite tener más derechos y privilegios que ser pagano?

¿Dónde dice que mantener “… las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones“, significa que no se deba cooperar con las demás Confesiones si carecen de notorio arraigo?

¿Qué poderes públicos garantizan a los creyentes de Confesiones religiosas sin el reconocimiento de notorio arraigo, “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.“? ¿Tenemos los padres y madres paganos, el derecho a que nuestros hijos reciban en las escuelas una formación religiosa acorde con nuestras convicciones, como lo tienen los padres y madres de religiones con notorio arraigo?

Podrán justificarse como quieran, blindarse jurídicamente cuanto les plazca, apuntar mil y una razones que lo motiven, pero en su fuero interno saben mejor que nadie que lo que hacen se llama discriminar, que lo que pretenden se conoce como privilegiar y en definitiva, que lo que defienden no es la libertad, sino marginar a las minorías.

¿Por qué tenemos la impresión que han hecho de nuestra Carta Magna un contrato de “Preferentes”?

Nuestra pretensión ni tan siquiera pasa por emular lo que entendemos como rémora del Nacional-catolicismo, no queremos privilegios o que nuestra religión sea una asignatura más del sistema educativo, porque ni somos proselitistas ni entendemos que la religión haya de cursarse en los colegios, ni que decir tiene que menos aún hacer de nuestros cleros parte del funcionariado.

Pedimos que la religión deje de ser una asignatura, tampoco, claro, evaluable o si se quiere obligatoria. Nuestras reivindicaciones pasan por requerir que el Estado la elimine del cuerpo de materias lectivas, que se sustituya la Asignatura de Religión por otra de Filosofía e Historia de las Religiones y que desaparezca la figura del profesor de religión impuesto por las Confesiones. Que la cooperación del Estado a la que se refiere la Constitución, se ciña a poner a disposición de padres y alumnos de las instalaciones de los Centros para que, fuera del horario lectivo, tutores nombrados por las Confesiones puedan acercar a los alumnos que lo soliciten la religión de su preferencia, sin más costo para las arcas públicas que el derivado de los gastos de material y usos.

Somos pacientes y comprensivos, pero no hasta el punto de ignorar la desigualdad que sufrimos en materia religiosa, una “asignatura” pendiente para España que deseamos se resuelva lo antes posible y coloque definitivamente a nuestra Nación en el s. XXI.

(C) Fernando González-Wicca Celtíbera

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