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(Seguimos con la segunda parte del artículo LOS FALSOS MITOS DE LA BRUJERÍA I)

Si como veremos es poco convincente traducir brujo (‘practicante de la Wicca’), como hechicero, y Brujería (‘la práctica de la Wicca’), como Hechicería, menos lo es aceptar Cábala, por ejemplo, como creencia y práctica pagana propia de los Cultos precristianos europeos, y lo vemos a diario ¿verdad?. Máxime, cuando Cábala, etimológicamente, viene del hebreo (qabbala, ‘recibir’), con referencia a la tradición oral que presuntamente recibió Moisés de Yahwéh, en contraposición de la tradición que presuntamente dejó por escrito en la Torá (heb. Torah, ‘mostrar’) [14]. Y que como recoge el DLE, viene a ser el “conjunto de doctrinas teosóficas basadas en la Biblia -más acertado decir en todo caso que en el Pentateuco-, que, a través de un método de interpretación y transmitidas por vía de iniciación, pretende revelar a los iniciados doctrinas ocultas acerca de Dios y del mundo.” (la interpolación es mía) [15]

No voy a entrar a discutir sobre el sentido, el valor o el uso de la Cábala y de sus ramificaciones, porque surge del Judaísmo Monoteísta y de una Doctrina AJENA a los Cultos precristianos y el Paganismo antiguo, nace del misticismo medieval judío (s. XI e.a.) como señala Gershom Sholem  [16], es una creencia post-cristiana y no tiene NADA que ver con la Brujería Tradicional, en absoluto… Y con la Wicca menos, lógicamente. Aunque como es de esperar, no se trata de un ejemplo cogido al azar. Recordemos cómo empezaba el artículo del Traditional Witchcraft Forum: “¿Qué es la Brujería Tradicional? La brujería tradicional no es Wicca, la brujería tradicional es el paganismo antiguo. Es la práctica de las creencias pre-wiccanas y pre-cristianas (o al menos tratar de revivir las viejas costumbres) […]”. Únicamente quiero puntualizar que hay límites que no sólo ponemos los Celtíberos, y que no perdamos el Norte sobre todo cuando abordemos la ortopraxis de los demás.

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FALSO MITO: HECHICERÍA Y BRUJERÍA SON SINÓNIMOS

Siguiendo el hilo anterior, aquí nos encontramos con otro pronunciamiento que no puede ser correcto, puesto que la etimología dice todo lo contrario y el propio sentido que se le reconoce a la Brujería Tradicional en artículo de referencia, se encarga por sí solo de desmentirlo. Si, como dice, la Brujería Tradicional es “el paganismo antiguo” (sic), no puede contener ni contemplar más creencias, prácticas y tradiciones religiosas (Cultos) que las concernientes a este ámbito (precristiano y religioso). De hecho, antes que descartar a la Wicca como Brujería Tradicional, sería mejor considerar la adscripción de todos aquellos Cultos y personas que hoy afirman pertenecer a la Brujería Tradicional, que sabemos que no cumplen, ni de lejos, con esta expectativa. Es probable que nos encontremos con que hay más de un problema, para ajustarse al requisito principal que se exigen a las demás Tradiciones, en la práctica sólo a las wiccanas, de que “la brujería tradicional es el paganismo antiguo. Es la práctica de las creencias pre-wiccanas y pre-cristianas (o al menos tratar de revivir las viejas costumbres)”.

Bueno, dejemos a un lado eso de que para pertenecer a la Brujería Tradicional se han de seguir las prácticas “pre-wiccanas”, puesto que es un pronunciamiento hecho como consecuencia de una disputa local y contemporánea y al margen de todo rigor histórico, no nos cansaremos de decirlo, que surge como consecuencia de las diferencias sobre todo personales, de quienes representaban -o decían hacerlo- diferentes Cultos locales de la Brujería, principalmente en Inglaterra, luego EEUU, a partir de mediados los años 60 del siglo pasado. Al definir estos otros Cultos a la Corriente Gardneriana como Wicca, en vez de ceñir su crítica hacia el Culto de Gardner, lo hicieron contra la Wicca en sí misma, alegando que estaba fuera de la ortodoxia tradicional por implementar Cábala y ritos esotéricos de corte moderno, y que, por lo tanto, las prácticas de los Cultos que lo criticaban, eran “pre-wiccanas” (lo correcto en todo caso, hubiera sido decir “pre-Gardnerianas”). Pero al hacerlo, dieron de lado la historicidad de la Wicca, que se remonta a los Cultos proto-Indoeuropeos, y a la continuidad de la Wicca que se recoge en la palabra vernácula utilizada durante la Era de las Persecuciones, para referirse a las prácticas paganas (witchcraft), y no fueron conscientes o no le dieron importancia a que en un contexto riguroso, esto no tiene ningún sentido.

A un nivel histórico, de lo poco que tenemos claro es que wicca es un término religioso de origen proto-indoeuropeo referido al Culto, presente en la raíz de diferentes palabras de las lenguas-madre europeas con un sentido predominantemente cultual, y que cuando los cristianos usaron las lenguas vernáculas para condenar las creencias y prácticas de las religiones precristianas, tras el desmoronamiento del Imperio Romano, volvieron a utilizarla para hacer entender al pueblo que se referían a estas religiones y a quienes las practicaban. Por lo tanto, eso de reducirla a las conjeturas de una persona habilidosa para mezclar de aquí y de allá su conocimiento sobre ritos antiguos y fórmulas modernas, más que empobrecer el concepto, nos sitúa fuera de la realidad.

Por otra parte, antes de conjugar estas prácticas y contrastarlas con lo que sabemos del pasado cultual de los pueblos precristianos, y por muy incómodo que nos resulte, estamos obligados a trazar un mínimo de líneas o topes, que nos evite salirnos del ámbito apropiado.

Las religiones precristianas, y la Brujería es su último exponente, significaron para sus sociedades un rasgo identitario, por supuesto que también íntimo, pero no individual. De hecho, de haber sido así, ningún Culto precristiano hubiese tenido algún eco histórico o sobrevivido a la muerte de su practicante. El problema está, una vez más, en no atender al uso correcto del lenguaje. Y es que una cosa es la religión, el concepto de creencias comunes sobre lo trascendente de un colectivo, y otra el tipo de Culto que se le profese, las prácticas que estructuran esa religión. Pero como deberíamos saber diferenciar, dentro de un Culto, la profesión de fe (creyente), de aquellos que además se especializan en su práctica (sacerdote), con la intención de conocer y transmitir la Tradición. De esta forma:

1°.- Ninguna religión precristiana se concibió para que su Culto fuese individual, sino para que su práctica fuese principalmente pública y familiar, además, claro, de tener su devoción privada, puesto que lo religioso se concibió sobre todo de propiedad, luego singularidad, comunitaria.

2°.- Jamás ha existido un solo Culto precristiano, que estableciese unos ritos abiertos a que cualquiera pudiese modificarlos, siendo que, al contrario, se disciplinaban en seguir de forma escrupulosa las fórmulas rituales (tradición).

3°.- No se conoce de un solo Culto, que dispusiera por activa o pasiva, que sus fieles tuviesen la libertad de mezclar, poner y quitar a su criterio Dioses, ritos y creencias con otros diferentes, sino todo lo contrario, siendo las creencias y prácticas religiosas las más difíciles de aculturizar, precisamente por la resistencia a modificarlas o sustituirlas (superstición).

4.- Todas las religiones del Paganismo Antiguo son politeístas, ni son monoteístas, ni duoteístas, ateístas o agnósticas. Desde las más simples a las más sofisticadas, contemplan una teología o Daemonología múltiple.

5.- Todo Culto precristiano, contó con una serie de reglas y preceptos de obligado cumplimiento para sus fieles, de tal forma que su incumplimiento acarreaba sanciones que podían variar desde amonestaciones, pasando por la exclusión de los ritos, hasta la muerte del infractor.

Y estos principios no pueden ser sostenidos por una Hechicería que no es ni se ha considerado nunca a sí misma como religión, ni siquiera  en la patria de Ericto. Efectivamente, no hubo jamás hechiceras más afamadas por los versos latinos, que las mal llamadas Brujas de Tesalia. Y digo antes bien hechiceras que no brujas, porque eso es lo que demuestran los hechos, por encima de los intereses que cada cual tenga en ocultarlos. Primero, porque la fama seguramente inmerecida que alcanzaron, no es más que la hipérbole de poetas ilustres, como Lucano [17] o Apuleyo [18]; segundo, porque lo dejan muy claro los textos que lo relatan; y tercero y último, porque sus contemporáneos no cayeron en nuestro error de confundir “magia” con religión.

La prueba de esto, está, como digo, en los propios relatos. Así, en la Farsalia del poeta cordobés, se recoge y recalca la actitud sacrílega de Pompeyo, que con la intención de saber el resultado de su contienda contra Cesar, no duda en requerir los servicios de una hechicera de Tesalia, antes que apoyarse en los augurios y oráculos religiosos: “Descreído y sacrílego, no Ie pasó por Ias mientes ir a consultar ni los altares de Apolo, venerado en Ia isla de Delfos, ni Ia respuesta de Júpiter en eI Epiro, ni examinó Ias entrañas palpitantes de Ias víctimas ofrecidas en sacrificio, ni observó el vuelo de Ias aves, ni Ia dirección del rayo en Ia tormenta, ni el curso de los astros; en una palabra, todos estos rituales, prescritos y bendecidos, los despreció alevosamente. Con increíble audacia se lanzó a una aventura que era diametralmente contraria a Ia voluntad de los dioses. Con estos detalles nos pinta Lucano al cobarde y sacrílego Sexto Pompeyo. Sin embargo él pone toda su confianza y cree con fe ciega en el vaticinio que Ie van a hacer las Brujas de Tesalia. Y se decide a consultarlas.” [19]

No cabe duda, que aquí Lucano enfrenta, como digo, la actitud piadosa (religiosa) de Cesar, frente a la impía (anti-religiosa) en la figura de Pompeyo, demostrando que para la mentalidad antigua, las prácticas hechiceriles, si bien igualmente adivinatorias, no eran religiosas.

El mismo Arredondo, en su trabajo, aporta dos evidencias más: que ser hechicero no tiene nada que ver con el sacerdocio, y que las prácticas de estas mujeres son las propias de la Hechicería (maléficas, en concreto venéficas, y sortílegas), como explicaré más adelante.

“ … A renglón seguido refiere el inexplicable y maligno poder de las hechiceras de Tesalia; sobre todo, los efectos prodigiosos de las pócimas por ellas confeccionadas y su lenguaje misterioso y enigmático… El poeta atribuye esta mágica influencia a las curiosas e innumerables yerbas ponzoñosas, que abundan y crecen en aquellos siniestros parajes, y que tal vez ocultan en sus hojas y en sus flores un poder secreto, incluso contra las divinidades del cieIo…[20]

El Paganismo, sitúa en el mapa y en el tiempo la expresión religiosa de los Cultos precristianos durante la Era de las Persecuciones, particularmente durante la Edad Media, y con el término de Brujería sobrevivió hasta la Edad Moderna. Es la religiosidad de las Confesiones anteriores al Cristianismo, durante el predominio del Cristianismo como religión exclusiva. Y religión fue un concepto plural de Culto, antagónico a lo individual o “a la carta”. Otra cosa muy diferente, como apuntábamos, es que dentro de cualquier religión, los Cultos exijan un proceso iniciático singular (hermético, mistérico), para quienes se especializan en su práctica (iniciados, sacerdotes).

Por lo tanto, aquellos Cultos que no se ciñan a estos principios básicos, no pueden pertenecer a la Brujería Tradicional. Todo un inconveniente, pues con sus reglas en la mano, la gran mayoría de los que dicen serlo, no deberían estar, siendo un foso insalvable para la Hechicería, porque no tiene nada que ver con lo religioso más allá de ser la materia prima de la que vive. Decir que ambos términos son sinónimos, es aceptar que la Hechicería fuera una religión en sí misma, una equiparación imposible.

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FALSO MITO: LA HECHICERÍA ES UNA FORMA DE BRUJERÍA

Y esta apreciación, tiene todo el sentido, porque la Brujería no fue confundida con la hechicería, hasta que así lo decretó el Cristianismo. En la Roma precristiana siempre hubo fatídicos, maléficos y sortilegos, la traducción moderna es adivinos, hechiceros, sin que jamás se haya confundido el CULTUS DEORUM con la Hechicería ¿Por qué? ¿hay algún pagano que diga del Cultus Deorum, que es Brujería, en el falso contexto actual que damos a esta palabra, porque practicaban la magia? Es más, el Cristianismo tildó de sortílegos y maléficos a los sacerdotes del Culto Romano, sin que nadie con dos dedos de frente, nunca haya defendido que hubiesen sido la misma cosa… ¿y por qué iba a ser hechicería la práctica y creencias paganas, que es el sentido original de Brujería? ¿lo fue quizá el DODECATEÍSMO? todo lo contrario que hacemos nosotros, con los Cultos no-clásicos, los “otros” Cultos Nativos Europeos.

Casi la totalidad de los epítetos cultos tardomedievales para señalar la Brujería, pasan por el latín, no me cabe duda que a través del Cristianismo y confundiendo adrede las habilidades “mágicas” inherentes al sacerdocio pagano, con las facultades “mágicas” de sanadores, adivinos, etc., estos últimos, personajes residuales de la religiosidad, pero marginales en cuanto a lo religioso (los términos residual y marginal son descriptivos, no peyorativos), de los que hay innumerables testimonios escritos.

ORIGINAL: “Et primo de falsa opinione credentium illas maleficas et sortílegas mulierculas que ut plurimum vigent in regione basconica ad septentrionalem partem montium pirineorum que vulgariter broxe nuncupatur posse transferri de loco in locum per reales mutationes. Nam (re) vera ut habent XXVI q. v. episcopi ex concilio Aquiren.tales persone non transferuntur a demone localiter in loca in quibus dicunt se fuisse: credentes cum Diana vel Herodiade nocturnas horis equitare: vel se in alias creaturas transformare. Sed ipse Sathanas cum mentem uniusque mulieris similis ceperit et hanc per infidelitates sibi subiugaverit illico transformat se in diversarum formarum spes et similitudines creaturarum, representat fantasie dormientis quem huiusmodi superstitione sequit. Et mentem quam captivam tenet in somnis deludens: modo per leta, modo per tristia imaginarle solum deducit non veraciter: et cum hoc sola anima patiatur infidelis hec non in animo, sed in corpore evenire opinatur. Unde quedam muliercule inservientes Sathane demonum illusionibus seducte credunt et profitentur nocturnis horis cum Diana paganorum dea vel Venere in magna mulierum multitudine equitare: alia nephanda agere: puta parvulos a lacte matris avellere: assare et comedere: domos per caminos seu fenestras intrare et habitantes variis modis inequitare. Que omnia et consimilia solum fantastice accidunt eis.[21]

TRADUCCIÓN: “Es falsa la opinión de los que creen que tales mujerzuelas maléficas, que tanto abundan en la región de los bascones, parte septentrional de los montes Pirineos[281], y que vulgarmente se llaman brujas[282], puedan viajar de lugar en lugar realmente. Pues como reza el Canon Episcopi[283], tales personas no son llevadas por el demonio localmente a los sitios, donde dicen que estuvieron. Creen además que han cabalgado en esas horas nocturnas con Diana y Herodías, y que se transformaron en otros seres[284]. “Pero es el mismo Satanás, el que se apodera de la mente de la mujer, folio4v la domina, y prontamente la cuitada cree transformarse en otra especie, cambiando su forma, y semejando otras criaturas, pero todo son fantasías y sueños: superstición, en suma. Engaña a la mente que tiene cautiva en sueños  tristes o alegres, pero siempre imaginativos, que los sueños, sueños son. Nunca se trata de realidades, pero aunque esta situación afecte sólo al ánimo inestable, ella piensa que todo le sucede en su cuerpo. De aquí que algunas mujercillas, servidoras de Satanás, seducidas por las ilusiones de los diablos, creen y confiesan que en sus horas nocturnas cabalgan con Diana, diosa de los paganos, o con Venus, en compañía de una gran multitud de mujeres[285]. Creen además que ejecutan otras acciones nefandas, arrancan a los rorros de la teta de sus madres, los asan y los comen; entran en las casas por las ventanas o chimeneas, y turban a sus moradores de distintas maneras[286]. Todo esto, y cosas similares, sólo les sucede en su fantasía[287].[22]

La traducción cristianizada de maléfica es la de ‘bruja’, si bien a veces se utiliza por separado e incluso como especialidad (“brujas, maléficas…”, o “brujas maléficas, brujas sortílegas…”), pero como ya sabemos y veremos mejor, brujo no tiene el mismo significado. Yendo más atrás, en las Guerras Celtibéricas, leemos que, efectivamente, esta igualación es de todo punto artificiosa y premeditada. Después de estrepitosas derrotas y el fracaso del asedio que Roma infligió a los Celtíberos durante años en Numancia, el Senado decide encargar la campaña al mayor estratega con el que contaban en aquél tiempo, Escipión el Africano, héroe de Roma y destructor de Cartago. Nada más llegar, se encontró un ejército desmotivado, cansado y dejado a banales entretenimientos para olvidarse o protegerse de los horrores de una guerra que llevaba años de continuas batallas y escaramuzas sin ver su final. El relato que hace Apiano, es esclarecedor:

A su llegada expulsó a todos los mercaderes, prostitutas, magos y adivinos, a quienes se habían entregado los soldados, desmoralizados por tal cantidad de derrotas, y en lo sucesivo prohibió  la introducción de todo lo superfluo en la vida castrense, así como la práctica de sacrificios adivinatorios. […]” [23]

Léase que no habla de sacerdotes celtíberos ni de ninguna otra religión, sino de adivinos y “magos” que ofrecen sus servicios a los legionarios romanos. No hay confusión en este texto, se habla de indígenas que atienden las necesidades de los militares acampados, de muy diferentes formas, de entre las que destacan mancias, hechizos y sin duda los elementos apotropaicos habituales, como sacrificios adivinatorios, amuletos y talismanes. Y sin embargo, los clásicos supieron diferenciar el carácter mágico del estrictamente religioso, dejando infinidad de ejemplos más ¿Por qué nosotros somos incapaces de hacerlo, cuando además decimos hablar en representación de aquellos?

Es evidente que hubo un embarullamiento intencionado de funciones y atribuciones por parte del Cristianismo, que aprovecharon haber convertido en proscritos los cleros precristianos para pervertir el sentido de sus cualidades e ir confundiendo a unas sociedades ya desprovistas de capacidad crítica: “Por lo que respecta a los cultos paganos se vieron abocados a la privatización o el ocultamiento. Así la destrucción de edificios paganos generó a su vez la posterior caza de brujas y de magos que en otras circunstancias, al menos una parte de ellos, no hubieran pasado de ser considerados como simples ejecutores de ritos paganos..” [24]

Para entender este proceso, debemos partir una vez más de la etimología. Hechizo, viene del latín facticius, ‘artificial, hecho por el hombre, artesanal’, del verbo facere, ‘hacer’ [25], término moderno que pasó al portugués feitiço, con el mismo significado. “A partir del participio pasivo de hacer, ‘hecho’, se formó la palabra hechizo en español hacia fines del siglo XV, como ‘artificio supersticioso de que se valen los hechiceros’, según definía el Diccionario español-latino (1495), de Antonio de Nebrija. Hechicero, palabra también formada a partir de ‘hacer’, ya aparecía registrada en nuestra lengua desde Calila y Dimna, un libro de cuentos anónimo traducido del árabe por iniciativa de Alfonso X. Hechicero y hechizo pasaron al portugués como feiticeiro y feitiço. Esta segunda palabra portuguesa llegó luego al francés como fetiche; más tarde, al inglés como fetish. En ambas lenguas denomina objetos de hechicería africana, tales como amuletos y talismanes, y finalmente, reingresó al castellano con este significado, bajo la nueva forma fetiche.” [26] También relacionada, con ‘la acción de ejercer un maleficio contra alguien[27]. Para un estudio más detallado de esta palabra, véase Eva Lara Arbeloa, HECHICERAS Y BRUJAS EN LA LITERATURA ESPAÑOLA DE LOS SIGLOS DE ORO [28].

Tenemos los términos de viejo cuño que terminarían por adscribirse al común de hechicero, que como adelantaba, son los de fatídico, maléfico y sortílego, los que por iniciativa cristiana han acabado confundiéndose con el de sacerdote o devoto de los Cultos precristianos (brujo), con la intención de eclipsar su cualidad religiosa en beneficio de unas facultades que en malas manos supondría un peligro para la sociedad… y la Iglesia se encargaría de promocionarlo. Una jugada maestra que incluso a día de hoy, nos tiene a los paganos enfrascados en discusiones bizantinas.

Fatídico, del latín fatidicus. “Se aplica este adjetivo a cosas y a personas que anuncian desgracias, pero la palabra latina de la que proviene, fatidicus, era un sustantivo que usaban Virgilio y Plinio para referirse a aquellos que afirmaban poder predecir el futuro. Fatidicus se formó a partir de fatum ‘hado’, ‘destino’ y dicere ‘decir’. Las primeras noticias que tenemos del uso de fatídico en castellano datan del siglo XV, siempre con el sentido actual, como en este trecho de El infamador (1578), de Juan de la Cueva: Con prósperas señales de fatídico agüero se nos demuestra el cielo generoso en ocasiones tales, si en esto es verdadero el disponer del Hado venturoso.[29] Sería más correcto usar el término de fatídico o sortílego antes que adivino con quienes predicen profesionalmente el porvenir, puesto que adivino, viene a significar ‘presagiar, profetizar, inspirado por los Dioses’ [30], entroncando con otra categoría de mancia.

Maléfico es, sin duda, la palabra más relacionada con la hechicería y por desgracia atribuida al brujo, cosa evidente, como veremos, por ser una de las cualidades más peligrosa. Derivada del latín maleficus, male-facere, ‘hacer el mal, hacer daño’, característico de las personas que se especializan en el manejo de venenos (venenum, ‘poción mágica’, de ahí venefico, ‘que produce veneno, que tiene carácter tóxico’) [31], encantamientos (fascinum), maldiciones (maledictio) y conjuros (coniurāre), trato con malos espíritus, etc., todo lo relativo con el estereotipo de bruja medieval, que desde muy temprano interesó a los mayores apologetas cristianos, con la clara intención de vincular esta palabra directamente con las religiones paganas y no con algunas personas concretas. Como leemos en el DU CANGE ET AL., GLOSSARIUM MEDIÆ ET INFIMÆ LATINITATIS:

MALEFICUS. Incantator, divinus, mathematicus, magus. S. Hieronym. in cap. 27. Hierem.: Maleficos, quos vel veneficos possumus appellare, vel dæmonum phantasmatibus servientes.[32]

Sortílego, en origen, del latín sortiarius, variante de sortilĕgus, de sortes, ‘instrumentos para la adivinación’, llanamente ‘echador de suertes’, palabra que daría el francés sorcier, y de éste el vasco sorgina [33].Palabra radicalmente separada de augur (augurio) y auspiciador (auspicio), términos netamente religiosos, que ya en la Roma arcaica tuvieron un sentido institucional [34].

Todas estas atribuciones, referidas desde antiguo juntas o por separado a personas ajenas a los Sistemas religiosos tradicionales, no se rigen por un patrón concreto, sino por su propia idiosincrasia, cohabitando en cualquier religión o sociedad; en definitiva, lo que venimos definiendo como Hechicería. En el mundo pagano, el hechicero era temido en la sociedad y vigilado por la justicia, pero porque no se regía por más valores que los propios, mientras que iniciados y sacerdotes aún cuando manejasen las mismas técnicas y potenciasen idénticas cualidades, vivían una disciplina que les alejaba del uso indiscriminado de las mismas. Por ejemplo, un médico (sacerdote o persona especializada y reconocida por el pueblo para ese fin) tenía capacidad para sanar o dañar utilizando según qué elementos, desconocidos para la mayoría de sus convecinos, pero su código deontológico y ético le exigía someterse a una disciplina enfocada en curar o paliar las dolencias de sus congéneres, empero, un curandero (persona que aprende o actúa por libre) que usase sus conocimientos para dañar, dispondría de un amplio abanico de medios para hacerlo sin control alguno. De ahí que tener acceso a tales conocimientos, supusiese una gran responsabilidad y supervisión, o en caso contrario estuviese en una posición delicada frente a la comunidad. No olvidemos que el conocimiento y uso de venenos por parte de personas sin escrúpulos, fue un verdadero problema en todas las sociedades antiguas.

El Cristianismo lo tuvo claro, solo necesitaba abolir las viejas religiones, para dejar en entredicho a sus iniciados y culparles después de todos los males. La tergiversación y falacias, desde el poder y control de la información, hicieron el resto. ¿Identificaron por todo esto los paganos a sus sacerdotes, con envenenadores, conjuradores o sortílegos? ¡Desde luego que no! Esta conjetura sólo la mantenemos el Cristianismo, nosotros y los académicos que aún no han pasado de siglo.

Por todo lo anterior, creo que es evidente que brujos y hechiceros no fueron caras de una misma moneda, sino aspectos diferentes de supuestos distintos, como mucho, caminos paralelos que el Cristianismo recicló en su beneficio como uno solo, para extirpar la cohesión religiosa de un pueblo, que se resistía a modificar sus costumbres y creencias, de tal forma, que la Iglesia al final se vio obligada a incorporarlas a su propio ritual. Una vitoria pírrica en realidad la nuestra, pues nos ha costado perder una buena parte del fondo, el sentido de aquella simbología que los Cultos Tradicionales procuramos recuperar, a pesar de una Comunidad Pagana aún absorta y creída en la campaña cristiana de desnaturalización de la Brujería.

Aunque dicho todo lo anterior así, sin paños calientes, para una gran mayoría de personas quizá pueda parecer que nuestro análisis parta de condiciones demasiado contundentes, no lo es menos soportar las consecuencias del entramado para-histórico que se ha ido construyendo por nuestra pasividad, connivencia y sobre todo a nuestra costa, en torno a la Historia de la Brujería.

Y nada mejor para corresponder, que contrastar lo que afirman que practican estas Tradiciones que se reconocen como Brujería Tradicional, con las prácticas de los Cultos precristianos, para evaluar si, efectivamente, cumplen como dicen con los parámetros que exigen a los demás. Para este propósito, vamos a tomar como ejemplo algunas de las más populares y hacer una pequeña valoración de los patrones cultuales de estas Tradiciones: Cultus Sabatti, Brujería del Cerco, Anderson Feri, Clan de Tubal-Cain o Brujería en la Cocina

Evidentemente, obviamos los testimonios personales de todos aquellos que declaran ser brujos porque así lo entienden y deciden, puesto que, como digo, la Brujería no es una declaración de intenciones, en todo caso una profesión de fe consolidada por unas creencias y prácticas comunes, verificables y contrastadas a lo largo de nuestra historia.

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FIN DE LA PARTE II.

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©Fernando González

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14.- http://etimologias.dechile.net/?ca.bala y http://etimologias.dechile.net/?Tora.-

15.- http://dle.rae.es/?id=6NE00cq

16.- G. Sholem. LOS ORÍGENES DE LA CÁBALA.

17.- Lucano. FARSALIA, 6.

18.- Apuleyo. EL ASNO DE ORO.

19.- Francisco Arredondo. UN EPISODIO DE MAGIA NEGRA EN LUCANO, pp. 349-350.

20.- Arredondo. Op. cit., p. 350.

21.- Martín de Andosilla y Arlés. Doctor en Teología por La Sorbona y Canónigo de la catedral de Pamplona. Tractatus exquisitissim. de superstitionibus editus et recollectus per reverendu(m) dominu(m) magistru(m) Martinu(m) de Arles dictu(m) de Andosilla in sacra theologia pfessore(m): canoniqu(m) et archidiaconu(m) vallis aybar in ecclia. Pamp. regni Navarre. circa 1510 e.a. fol. III r. Existe una traducción al castellano por Félix-Tomás López Gurpegui: Martín de Andosilla y Arlés. De superstitionibus, que puede comprar en línea.

22.- Martín de Andosilla y Arlés. DE SUPERSTITOINIBUS, 7. Introducción, traducción y notas de Félix-Tomás López Gurpegui.

23.- Apiano de Alejandría. IBERIA, 85.

24.- Rosa Sanz Serrano. Doctorada “Cum Laude” en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Catedrática de Historia Antigua de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Arys, Vol. VI, ANTIGÜEDAD: RELIGIONES Y SOCIEDADES. La destrucción de centros de culto paganos como forma de persecución religiosa en la Península Ibérica.

25.- http://etimologias.dechile.net/?facticio 

26.- http://www.elcastellano.org/palabra/fetiche

27.- http://etimologias.dechile.net/?hechiceri.a

28.- https://books.google.es/books?id=0Q8aPa9EBZAC&pg=PA18&lpg=PA18&dq=maleficio+etimolog%C3%ADa&source=bl&ots=k03mAlQgOX&sig=iUKuds5zVnKdBLgzW24AV4igq4I&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwiuotSdlo7RAhULKMAKHYgdBrA4ChDoAQgpMAc 

29.- http://www.elcastellano.org/palabra/fat%C3%ADdico

30.- http://etimologias.dechile.net/?adivino 

31.- http://etimologias.dechile.net/?vene.fico 

32.- http://ducange.enc.sorbonne.fr/maleficus 

33.- http://etimologias.dechile.net/?bruja 

34.- http://etimologias.dechile.net/?augurio 

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Sobre la Wicca se han dado por sentado tantos pronunciamientos cuanto menos cuestionables, que sólo ordenar los falsos clichés para enfrentarlos con la realidad de los hechos, ya exige un esfuerzo notable. Y más teniendo en cuenta, que no es otra sino la misma Comunidad Pagana, la que incluso superando la crítica histórica y religiosa, se pone en cabeza de quienes alientan, difunden y alimentan lo que no dejan de ser libelos, más que argumentos serios, disfradados en un pretendido “buen” criterio académico (?), que dice de la Wicca que no es sino un subproducto “moderno”, como resultado de mezclar la Brujería Medieval y nuestra idea actual de las religiones europeas, con el esoterismo decimonónico, formando una religión nueva (!) creada en los años 50 del siglo pasado.

Si bien es comprensible que la ciencia se resista a cambiar o modificar sus esquemas, lo cierto y llamativo es que en contra de lo esperado hasta para las posturas más prudentes, la respuesta sobre todo pagana no actúa en consecuencia, y mientras que a fuerza de pruebas y evidencias la Historia está cambiando, la Comunidad Pagana hace oídos sordos. Un cambio que va a tal ritmo, que deja como descreídos a una gran mayoría de paganos, que incomprensiblemente se aferran a planteamientos anticuados, caducos o falaces. De hecho, hasta los propios “enemigos” -así se consideran y comportan ellos- de nuestros Cultos, las religiones exclusivistas, están modificando su percepción sobre esta religión, asumiendo nuestra realidad -no les queda otra- y dando credibilidad a los innumerables estudios académicos que demuestran, que la Brujería nunca dejó de ser sino el resultado de la evolución de los Cultos precristianos, bajo el pogromo de mayor alcance, más largo y sistemático de la historia, que la desvirtuación del lenguaje que hizo el Cristianismo ha sido evidenciado y que utilizar aquí la palabra wicca, es en definitiva hacer un uso convencional de un cultismo incrustado en la propia palabra brujería, en realidad, usar el término original que la construye. Es como si de un patrón genético se tratase, invisible a ojos profanos, pero que siempre estuvo ahí.

De hecho, mientras ciertas “vanguardias” paganas pero sobre todo neopaganas, mantienen el discurso crítico de los años 70 a 90 del siglo XX, el Diccionario de las Religiones del Ministerio de Justicia de España, elaborado por Francisco Díez de Velasco, Catedrático de Historia de las Religiones de la Universidad de la Laguna, dice a día de hoy de Wicca:

Religión pagana, llamada “Culto de la Brujería”, cuyo nombre wicca se relaciona con el término witchcraft. Se fundamenta en el culto a la naturaleza, a los ciclos vitales y a los antepasados bajo el binomio fertilidad/fecundidad, y dentro de su panteón destacan la diosa triple y el dios cornudo.[1]

Y en la entrada Paganismo Contemporáneo, explica precisamente el origen de referencia:

Bajo el nombre de paganismo contemporáneo se suele clasificar a diferentes tradiciones religiosas nativas que reivindican la herencia previa a la cristianización y a la acción de otras religiones universalistas. Hoy el paganismo identifica y agrupa cultos de carácter animista, panteísta y politeísta que de una u otra forma descienden, están inspirados y/o recogen, adaptan, reinterpretan, reconstruyen y perpetúan las tradiciones, los ritos y la transmisión religiosa de lo que se llama cultos paganos. En cualquier caso, el paganismo no forma una religión única y específica, ni los cultos paganos ramas o tradiciones de una hipotética religión pagana diferenciada… Específicamente dentro del paganismo contemporáneo se podrían diferenciar diversas orientaciones, resultando las principales en nuestro país: Asatru, Druidismo y Wicca.” [2]

El Catolicismo, como digo, no les va tan a la zaga: “Dice Eloy Bueno que el término “pagano” no puede utilizarse de forma peyorativa ni condenatoria. Un pagano es, para un cristiano, “hermano nuestro e hijo de Dios”, aunque, como es natural en la comprensión cristiana, esté llamado a acoger la revelación de Dios en Cristo y su salvación. El autor habla de un “tipo de hombre pagano que se está modelando”. Y dice que “este paganismo debe ser reconocido como tal y designado con ese nombre[3]

Así, ya no ocultan cierta alarma ante la visibilidad de una Wicca que, como reconocen, tienen sus raíces en el Paganismo antiguo:

Sin embargo, la experiencia nos dice que las fronteras cada vez son menos nítidas y que lo esotérico impregna nuestra cultura cada vez más. Veamos algunos ejemplos que van más allá del simple folklore para convertirse en algo puramente “religioso” o confesional.

Uno de los grupos neopaganos más destacados en España se denomina Wicca Celtíbera y tiene su sede en la localidad madrileña de Pinto. Se considera una “confesión religiosa wicca” y está inscrita legalmente en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia. Los integrantes de este movimiento son los encargados de oficiar, desde hace años, la ceremonia del Solsticio de Verano organizada por el Ayuntamiento de Pinto. Según explican en su página web, en 2012 se cumplió “el 20º aniversario de la celebración abierta de nuestro primer festejo público”.

Los miembros de este grupo se muestran orgullosos “oficiando de nuevo y abiertamente un rito ancestral del que además hacemos partícipes a toda una población que se vuelca en él”. Consideran que están “haciendo participes a un pueblo mayoritariamente entregado que a sabiendas o no… revive una ceremonia que corre por sus venas y que ha venido repitiendo desde el albor de los tiempos en comunión con sus Antepasados… la Noche del Fuego”.

Lo que a muchos asistentes les puede parecer un simple teatro o performance es, sin embargo, algo celebrado muy en serio por sus protagonistas, creyentes neopaganos que llevan sus túnicas, coronas de flores, antorchas, cuernos, cálices, espadas, ofrendas vegetales y estandartes de los covens (aquelarres) presentes. Sin duda, es mucho más que una simple hoguera.

Wicca Celtíbera felicita esta fiesta en su pleno sentido pagano mostrando su “regocijo por este nuevo Ciclo que los Dioses y las Diosas nos han permitido ver, celebrar y compartir. Que las nueve olas os consagren tras la purificación para enfrentar esta nueva etapa”. Además, invocan al dios cornudo (llamado Cernunnos en la mitología celta) cuando desean “que bajo el reinado de nuestro Gran Padre Cernunnos, encontremos todos/as nosotros/as su amparo, seguridad y abundancia” “… Los católicos debemos saber que después del rezo litúrgico de la hora Nona del 23 de junio comienzan las I Vísperas de la natividad de San Juan Bautista, por tratarse de una solemnidad. Ésta es la verdadera celebración para los católicos. No hay problema alguno por participar en “hogueras de San Juan” u otras actividades lúdicas y festivas, siempre que no se esté integrando un culto pagano explícito como en el ejemplo que hemos visto.” [4]

Y el Islam, aunque con el deje de utilizar datos desfasados, quizá lo tenga más claro que muchos que se glorian de su paganismo:

La palabra wicca proviene de la raíz sajona wicce, traducido no muy exactamente como “sabio” o “doblar o dar forma a las fuerzas invisibles”. Wicca es la mayor de las religiones neopaganas[1], que son reconstrucciones de sistemas de creencias paganos antiguos y abandonados, incluyendo celtas, egipcios, griegos, nórdicos, romanos y otras tradiciones. Por lo tanto, es una religión centrada en la tierra. Los orígenes de la wicca son anteriores al judaísmo, al cristianismo, al Islam, al budismo y al hinduismo. La wicca podría ser considerada una de las religiones más antiguas del mundo; pero, por otro lado, podría ser señalada como una de las más recientes, ya que la Wicca, como se la conoce hoy en día, es una religión neopagana centrada en la tierra, de reciente creación, que puede ser rastreada hasta la brujería gardneriana, fundada en el Reino Unido a finales de la década de 1940. Una buena regla general es que la mayoría de los wiccanos son neopaganos, pero no todos los neopaganos son wiccanos.[5]

Puesto que el mundo académico ya ha cambiado, el religioso lo está haciendo y el pagano es el único que mantiene los viejos estereotipos de los dos anteriores, siendo la primera vez que el Paganismo se sitúa en la retaguardia del estudio de las religiones, voy a centrar este trabajo en qué es lo que dice sobre la Brujería en relación con la Wicca, y qué hay de cierto en ello. Para hacerlo, me basaré en el artículo del Tradicional Witchcraft Forum, DIFERENCIAS ENTRE LA WICCA Y LA BRUJERÍA TRADICIONAL, escrito por uno de sus Administradores y traducido por Arabela Jade en su Blog CONTEMPLANDO EL VACÍO [6], y después también analizaremos lo que Robin Artisson ha publicado sobre el particular [7].

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FALSO MITO: LA BRUJERÍA ES ANTERIOR A LA WICCA

Nada más empezar a leer este primer artículo en el Tradicional Witchcraft Forum, chocamos contra una realidad que lo hace especialmente incongruente. Comienza diciendo:

¿Qué es la Brujería Tradicional? La brujería tradicional no es Wicca, la brujería tradicional es el paganismo antiguo. Es la práctica de las creencias pre-wiccanas y pre-cristianas (o al menos tratar de revivir las viejas costumbres). Hay muchas tradiciones dentro de la brujería tradicional, y por tanto, debe señalarse que no todas las tradiciones tienen las mismas creencias o prácticas, pero hay principios básicos, que se siguen.”

Lo primero que llama la atención, es que definan como Brujería Tradicional, lo que no es Wicca. Y es sorprendente, porque como ya sabemos, brujería (wichtcraft), es una palabra compuesta que sin duda alguna significa ‘la práctica de la Wicca’, una etimología constatada [8], y por lo tanto la frase literalmente traducida, dice que “la práctica tradicional de la Wicca, no es Wicca” (!). Frente a esta demoledora contradicción, quizá se eche de menos aclarar por qué se saltan etimología, paleografía e historia [9], reivindicando unos hechos falsos, para impedir que otro Culto trace su pasado.

El problema aquí, en el mejor de los casos, es que han “confundido” los patrones, discutibles o no, de una de sus Corrientes, la Gardneriana, con lo que es la Wicca Histórica, en la presunción que Ésta es una invención moderna, o lo que es peor, nos quieren convencer de la verosimilitud de unos conceptos para-históricos, creados para la ocasión con la idea de diferenciar unas tradiciones de otras, creadas o surgidas todas ellas en la última mitad del siglo pasado en el Reino Unido, pero sin tener en cuenta la misma historia que dicen estar reivindicando. Y es que, no todos los wiccanos son o parten de la corriente Gardneriana, pocos de los Cultos que dicen pertenecer a la Brujería Tradicional parecen cumplir con los requisitos que exigen a los wiccanos, ni la mayoría de ellos son una consecuencia del paganismo antiguo.

Asimismo, Gardner jamás dijo haber constituido algo paralelo, nuevo o diferente de la Brujería, sino continuar con su práctica a raíz de iniciarse en un coven de una de sus Tradiciones, punto. Por lo tanto, la Religión de Gardner es la Brujería Tradicional, su Tradición es la Británica y su línea, en este caso, la que lleva su nombre, cuyo único inconveniente parece estar en los cambios que dijo haber realizado; y como tal debería seguir siendo considerada, en tanto estos cambios o adaptaciones no contraríen el sistema tradicional del que emana.

Se ha creado un falso planteamiento de lo antiguo, para solucionar un conflicto moderno. Como no se podía cambiar el pasado para resolver nuestras diferencias, creamos una nueva manera de entenderlo, que se basa principalmente en aceptar la religiosidad precristiana implícita de las manifestaciones populares, pero alejados de la voluntad explícita de estar participando de una religiosidad precristiana. Y siendo cierto que a nivel social las viejas religiones habían perdido sus formas y nos quedaba solo el fondo, no lo es menos que desde las primeras hasta las últimas persecuciones, siempre han existido personas y grupos que nos han recordado de una forma u otra el sentido de las mismas, perdiendo por el camino, claro, muchas de las claves del lenguaje ancestral que buscan reconstruir desde las propias Tradiciones.

De todas formas, es difícil seguir el planteamiento de este artículo, partiendo de que quienes juzgan y sostienen esta división, prácticamente se han constituido DESPUÉS de haberlo hecho la Tradición Gardneriana, que es contra la que inventan esta diferencia, y además sin apenas seguir ninguna ortopraxis de ese paganismo antiguo del que se revisten. Tiene difícil explicación, convencernos de que lo que se creó más tarde deba considerarse tradicional, esto es, acorde a las reglas pretéritas y continuado en el tiempo, frente a lo que nació antes, cuando por lo que sale de sus propias páginas, lo que practican la mayoría de los Cultos emergidos tras de Gardner, tiene poco que ver con los Cultos Precristianos y en muchos casos ni con los europeos. En cuanto a todas estas corrientes que se autodenominan Brujería Tradicional, habría que preguntar qué sistemas siguen, de qué Tradición pagana o Culto precristiano han establecido sus creencias, bajo qué condiciones o dogmas y qué prácticas les hacen genuinos frente a Gardner y al resto de las Tradiciones Wicca.

Otra cuestión es, pues, saber, si las peculiaridades que definen a los Gardnerianos en cuanto a una Tradición de la Brujería, sean las pertinentes, en virtud de qué lo son y hasta qué extremo la mantienen entre los modelos originales (tradicionales). Pero por lo mismo que hay que aplicar idéntico test al resto de Tradiciones, de las muchas que dicen que hay en la Brujería Tradicional, prácticamente todas menos la Wicca, de tal forma que aquellas que no provengan y sigan líneas religiosas precristianas europeas, nunca deberían ser reconocidas como Brujería, y menos como Tradicional.

Y es justo en este punto, donde nos topamos de nuevo con la Wicca. Siendo la Wicca la práctica religiosa entre los pueblos proto-indoeuropeos, previa, obviamente, al término witchcraft en más de 4000 años, y como dije, la raíz con la que se construirá la palabra witchcraft (WICCE-CRAEFTE), que sepamos una palabra compuesta usada con este significado al menos desde el s. IX e.a. [10], ¿cómo es posible que wicca sea un producto de witchcraft? Dicho más llanamente ¿nació mi padre antes que mi abuelo? Pues esto es, ni más ni menos, lo que llevamos décadas discutiendo…

La evolución lingüística de esta raíz proto-indoeuropea (+ueik*) entre los pueblos de Europa, sostuvo la constante cultual que la caracteriza. Incluso términos como uictima (‘victima’) y uicus (‘aldea’), evocan de una forma u otra la religiosidad intrínseca de la palabra. Tanto es así, que Roma vinculó a los wiccanos (uicani, ‘aldeanos, paisanos’) con aquellos que persistían en mantener sus costumbres religiosas, antes de referirse a éstos finalmente como paganos. Un dato relevante que une los tres términos (uicano, pagano y superstición), lo encontramos en Lactancio, Sobre la muerte de los perseguidores:

Su madre adoraba a los dioses de las montañas y, dado que era una mujer sobremanera supersticiosa, ofrecía banquetes sacrificiales casi diariamente y así proporcionaba alimento a sus paisanos –uicani-. Los cristianos se abstenían de participar y, mientras ella banqueteaba con los paganos, ellos se entregaban al ayuno y la oración. […]” [11] (la interpolación en negrita es mía).

Y sabiendo que la Wicca es milenaria y que el origen de esta desafección parece venir de cuestionar la ortodoxia de una de sus Tradiciones contemporáneas ¿por qué ese empeño en meter a las demás Tradiciones Wicca en el mismo saco? ¿si se demostrase que cualquiera de los Cultos de la Brujería Tradicional, no realizase o reviviese las practicas del Paganismo antiguo y siguiera formas sincréticas, judeocristianas por ejemplo, diríamos lo mismo que decimos hoy de la Wicca? ¿seguro? ¿Y si alguno de los Cultos más importantes o representativos de la Brujería Tradicional, cayese en los mismos “charcos” que la Wicca Gardneriana, diríamos que TODOS los Cultos de la Brujería Tradicional, no deberían de serlo, por lo mismo que definimos en la Brujería como no-tradicional, todo lo que sea wiccano, porque no entienden que lo sea la Corriente de Gardner?

Si por brujería es como se reconoció a los Cultos Paganos en la Edad Media, si su nombre significa la práctica de la Wicca y si la Wicca es un sistema de creencias ancestral (indoeuropeo), la Vieja Religión de Europa, entonces la Brujería no puede ser de ninguna forma anterior a la Wicca. Y esto es así, por mucho que se esfuercen en marearnos a todos desmintiendo o disfrazando los hechos, e inventen que la Wicca la crea Gardner y que no hay Tradiciones Wicca que no vengan de éste; algo que, por cierto y como es lógico, jamás dijo.

Pensar que Gardner hubiese fundado el Culto de la Brujería, en el que fue iniciado, es absurdo. Cosa diferente, que se tenga por una extensión más a la Corriente que lleva su nombre, en virtud de las adaptaciones o añadidos que hizo, y a partir de ahí, ahora sí, considerar si tales cambios la hacen diferente o incompatible con la Brujería Tradicional. En cualquier caso, hablamos de su Tradición, no de la Wicca. Y hablamos de la Wicca, como antecedente y referencia de la Brujería, no como una consecuencia de esta última, pues la Brujería, repito y no me cansaré de hacerlo, es el nombre por el que se conoce la práctica de la Wicca.

La Práctica de la Wicca (Witchcraft), fue como los cristianos llamaron vulgarmente al Paganismo una vez hubo caído en desuso el latín tras el final del Imperio Romano, imponiéndose las lenguas vernáculas, y comienzan así a utilizarse diferentes nombres, según la lengua local, para referirse a un mismo concepto. Es un hecho indiscutible, que el Cristianismo fue plenamente consciente de que tras desaparecer el Imperio Romano como tal, debían adaptarse:

1.- Sin la hegemonía del Imperio, el latín dejaba de ser una lengua vehicular, relegada a lengua culta y como mucho, transaccional (comercial); en un caso de uso muy limitado y en el otro de conocimiento muy básico.

2.- Sin el respaldo del Imperio, primaba la negociación sobre la coerción para predicar con cierta libertad, y entenderse en la lengua vernácula con quienes no hablaban latín, fue imprescindible.

3.- Sin la traba de un latín que, además, recordaba al sometimiento y opresión del Imperio sobre pueblos subyugados, acosados o aún en liza con Roma, se hizo más accesible el entendimiento, y con la comunicación en lenguas nativas sobre todo de misioneros nativos, el mensajes fue más comprensible.

Y es en este momento, cuando aparece el término witchcraft y en mayor o menor medida sus equivalentes vernáculos, todos ellos utilizados por el Cristianismo, para referirse a lo mismo: las prácticas paganas, léase religiosas precristianas, que subsisten en o entre los pueblos de Europa. Diferentes nombres, para referirse a una sola realidad; una evidencia contrastada en los escritos de Columbano, Elfrico y otros muchos misioneros a lo largo y ancho del Continente. Y es por todo ello, en fin, que no podemos segregar la Brujería de la Wicca, como no podemos ignorar que sin la Wicca, la Brujería es una palabra vacía, sin sentido ni contenido que la describa. Que no nos engañen ni las veces que lo leamos ni una falsa etimología, witchcraft no se puede traducir como el ‘Arte de los Sabios’ o cosa similar, sino como la ‘Práctica de la Wicca’, ni para crear una diferencia donde no existía, dotarla del significado que quiso darle el Cristianismo para tratar de acabar con Ella.

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FALSO MITO: LA BRUJERÍA ES UNIVERSAL

Es llamativo, que tratando de oponer la Brujería Tradicional a la Wicca, ni siquiera se haya tenido la prudencia de explicar la diferencia, y de haberla, por qué, de lo que entienden en este artículo por Brujería “Tradicional” y por Brujería “a secas”. Una cuestión que en sí misma ya es bastante complicado de resolver en unas pocas líneas, porque cuando abres la posibilidad a considerar la interpretación de la Brujería, como una descripción de la Brujería, luego cerrar la espita cuando no te gusta lo que lees, no es fácil.

Puesto que contextualizarlo nos llevaría demasiado tiempo y espacio, vamos a saltarnos por esta vez el método, para alcanzar una descripción simple:

Brujería (witchcraft, anglosajón wicce-craefte), es un término compuesto de origen vernáculo (indogermano, del proto-indoeuropeo +ueik– y proto-germánico kraf), usado por los misioneros cristianos en la Baja Edad Media, para referirse a las creencias y prácticas paganas europeas.

Brujería Tradicional, es el nombre por el que identificamos actualmente en el Paganismo, los Cultos de la Brujería que mantienen su referente pagano original, el propio de las Religiones Nativas precristianas europeas.

Brujería no Tradicional, en el Neopaganismo, es el grupo en el que se encuadran todas aquellas personas que independientemente de sus creencias y del origen de las mismas, con o sin base religiosa, practican de forma ecléctica la hechicería y otras técnicas “mágicas” o ritos religiosos.

Así entendido, queda claro que solo caben dos opciones: Brujería o pseudo-Brujería. Y aquí encontramos un nutrido grupo de personas, el más grande y por eso el más consentido, de quienes se identifican con la segunda: todos aquellos que confunden, deliberadamente o no, hechicería con brujería, y utilizan el término Brujería de comodín para titular cualquier tipo de práctica, de cualquier lugar y en cualquier entorno, convirtiéndola en un significado arbitrario con patente de corso, por el cual todo el que no sea wiccano y en cualquier parte, puede situarse bajo el paraguas de la misma. Y conste que no se discute que cada cual siga su propio criterio, ni mucho menos, sino que lo llame como lo que no es o como lo que haya dejado de ser, por su libre interpretación e interpolaciones.

El estigma, viene marcado por la descontextualización y una analogía incorrecta. Siguiendo la estrategia cristiana, se desvincula del contexto que la da sentido (indoeuropeo), con el objeto de desnaturalizarla (acto malvado), mientras la separan de lo religioso (desviación) para que con el tiempo consigan hacer de un oficio de Culto (la Brujería), una técnica “mágica” (la hechicería).

Un Oficio, es la ocupación, cargo, profesión de algún arte o función propia de alguna cosa [12], lo que encaja perfectamente con la práctica especializada de un Culto. Y Técnica, es la aplicación de un conjunto de conocimientos y recursos adquiridos de una ciencia o arte [13], un sentido que define perfectamente a la hechicería y lo que conocemos por magia. Así, es natural que en todas las religiones y en ninguna quepa la hechicería, de hecho ni los propios Cultos Abrahámicos son ajenos, y que, por lo tanto, la Hechicería como tal, subyacente en todas las religiones, no sea una religión en sí misma. Sin embargo, la Práctica de la Wicca, la Brujería, es el oficio o ministerio propio de una religión concreta, la que galvanizó el legado prehistórico de lo religioso en Europa, desde los Cultos Indoeuropeos. Y no quito culpa de este lapsus lingue, que es muy fácil errar por tanto tiempo del mal uso de la palabra, que un servidor también caía en ello con el objeto de explicar este proceso histórico, pero no es excusa para no rectificar y poner las cosas en su sitio.

La Hechicería es universal, la Brujería, no. Ambas existen desde el principio de los tiempos, pese a que solo la práctica de la Wicca, la Brujería Tradicional, puede reconocerse como propia de los Cultos Europeos, primero precristianos y después paganos. Por eso, no es cierto que en todos los pueblos existiera la Brujería, como tampoco cabe la Brujería en todas las religiones, porque la Brujería es una religión en sí misma, muy alejada de concebirse como una “técnica”. Pero por lo mismo que no hay nahuales sintoístas, ni brahmanes toltecas, que unos pocos hemos denunciando durante décadas el “para mi” o el “todo vale” del relativismo extemporáneo y que, en definitiva, hacer de la Brujería una “herramienta” universal, es una quimera.

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FIN DE LA PARTE I.

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©Fernando González

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1.- http://www.observatorioreligion.es/diccionario-confesiones-religiosas/glosario/wicca.html 

2.- http://www.observatorioreligion.es/diccionario-confesiones-religiosas/glosario/paganismo_contemporaneo.html 

3.- Eloy Bueno de la Fuente (Catedrático de Teología en la Universidad de Teología del Norte de España, Burgos), ESPAÑA, ENTRE CRISTIANISMO Y PAGANISMO, 2002.

http://es.aleteia.org/2015/12/28/el-paganismo-en-europa-un-fantasma-o-una-realidad/ 

4.- http://es.aleteia.org/2015/06/24/la-noche-de-san-juan-folklore-supersticion-o-neopaganismo/2/ 

5.- http://www.islamreligion.com/es/articles/5172/viewall/wicca-parte-1-de-2/ 

6.- http://contemplandoelvacio.blogspot.com.es/2013/02/diferencias-entre-la-wicca-y-la.html 

7.- http://wiccaspain.es/la-wicca-invencion-moderna-y-su-fusion-con-el-ocultismo-parte-1/ 

8.- ONLINE ETYMOLOGY DICTIONAY:

http://www.etymonline.com/index.php?allowed_in_frame=0&search=wicca&searchmode=none 

9.- Wicca (-ueik*). Indogermanisches Etymologisches Woerterbuch, Julius Pokorny, pág. 1128:

http://starling.rinet.ru/cgi-bin/response.cgi?single=1&basename=%5Cdata%5Cie%5Cpokorny&text_recno=2112&root=config 

10.- Elfrico. The Homilies of the Anglo-Saxon Church: Containing the Sermones Catholici or Homilies of Ælfric in the Original Anglo-Saxon With an English Version, Volume I.

11.- Lactancio, SOBRE LA MUERTE DE LOS PERSEGUIDORES, p. 96. Traducción y notas de Ramón Teja. Ed. Gredos.  Aclara el traductor: “102. Como señala J. MOREAU, Lactance…, pág. 267, con esta expresión desea Lactancio resaltar, el carácter agreste y escasamente romanizado de la familia de Galerio, más que indicar divinidades concretas. Se trataría, fundamentalmente, de los cultos más extendidos entre los campesinos, como Silvano, Diana, Liber Pater, etc., divinidades bien  atestiguadas en las inscripciones de Dacia y Moesia (cf. K. PRÜMM, Religionsgeschichtliches Hanbuch für den Raum der altchristlichen Umwelt, Friburgo, 1943, págs. 793 y 797 y sigs.). Ésta era una de las regiones del imperio en que menos había penetrado la influencia cristiana (cf. M. GRÉGORIE, <<La Conversion de Constantine>>, Rev. Univ. Bruxelles 36 [1930-1931], 237). 103 Por el término <<paisanos>> (uicani) creemos, con J. MOREAU, Lactance…, pág. 268, que hay que entender a las gentes de su aldea de la Dacia Ripensis (cf. supra, n. 79), más bien que a los habitantes del barrio o uicus donde ella residía, si, como es probable, vivía con su hijo. La frecuencia con la que solían celebrarse los sacrificios lo refleja el hecho de que los mercados se nutría fundamentalmente de la carne de éstos.”

12.- http://dle.rae.es/?id=Qvw4hM1&nbsp;

13.- http://dle.rae.es/?id=ZIkyMDs&nbsp;

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Días atrás leí en la Red un artículo con el mismo enunciado que creí podía ser de interés compartir en nuestra web de Facebook, por contener casi todos los tópicos y estereotipos que malinterpretan, yerran y confunden tanto los significados de Brujería y Wicca como su relación. Unos errores que no podemos condenar ni considerar de mala fe, pero que entendiendo que lo son, estamos obligados a destacar y en nuestro conocimiento responder.

▪ Léase: http://wiccareencarnada.net/2012/11/17/diferencia-entre-bruja-y-wicca/

Esto suscitó mucho interés y ha generado una gran confusión -y así nos lo han hecho saber- entre las personas que interactúan con nuestra página, en cuanto a que esta Tradición comparta la opinión reflejada en dicho trabajo, cuando en realidad es justamente lo contrario.

▪ Léase: https://wiccaceltibera.wordpress.com/2015/01/11/el-arte-de-la-wicca/

Por eso queremos aclarar una vez más la posición de Wicca Celtíbera sobre el particular:

1°.- Está demostrado y es un hecho INAPELABLE, que la Wicca (su palabra y su contexto) es en origen milenaria (proto-indoeuropeo), precristiana y por supuesto anterior a que Gardner reivindicase el USO, que no la invención ni la propiedad del término, a mitad del siglo pasado.

2°.- Está demostrado y es un hecho VERIFICABLE, que Wicca es una palabra ind. que significa: elección/selección de la víctima del sacrificio o de la consagración. Confundir la raíz +ueik-: elegir, con la raíz +ueid-: ver (de la que wid: conocimiento, que da: ger. +witan: cuidar, conducir y +wida: guía, o celt. dru-wid, druida), provocó el error de traducir wicca como sabio.

3°.- Está demostrado y es un hecho INCUESTIONABLE, que la Wicca ha sido y es una RELIGIÓN, y no un modo de vida, una opción espiritual o una forma de entender el mundo, sino que como matriz religiosa, la razón de todo lo anterior.

4°.- Está demostrado y es un hecho DETERMINANTE, que la Wicca no es una forma de hechicería, sino la práctica religiosa entre los pueblos indoeuropeos; y que en último extremo y para desvirtuarla, será el Cristianismo quien la desligue de lo religioso durante la Edad Media.

5°.- Está demostrado y es un hecho CONTRASTADO, que la Hechicería es un conjunto de técnicas mágicas común a ¿casi? todas las religiones (quizá anterior a éstas), que por su propia idiosincrasia no depende de religión ninguna y a un tiempo puede estar presente en cualquiera, siendo imposible asimilarla, identificarla o etiquetarla a la Brujería.

6°.- Está demostrado y es un hecho INDISCUTIBLE (paleográfica y etimológicamente), que Witchcraft significa la práctica de la Wicca, y que por lo tanto es la Brujería la que está explícitamente unida a la Wicca y ésta, la Wicca, la que da nombre a la Brujería, no al revés.

7°.- Está demostrado y es un hecho EVIDENTE, que como la Brujería significa la práctica de la Wicca y no de ninguna otra religión, ni puede existir una Brujería que no sea la wiccana, ni una práctica de la Wicca que no se llame Brujería.

8°.- Está demostrado y es un hecho PALMARIO, que la mayoría de quienes defienden lo contrario se basan principalmente en trabajos obsoletos, parciales o sesgados, cuando no en opiniones sin argumento histórico, y por lo tanto NO DESCRIBEN la realidad, la INTERPRETAN para acomodarla a sus hipótesis, creencias o intereses.

15d2ed38-15cb-487e-98d7-c9e7bfe36f8aEn definitiva y respetando que cada cuál es muy libre de pensar y creer lo que estime oportuno, nuestra Tradición no puede ignorar que se ha generalizado una terminología errada sobre el significado de estos términos.

Unos vocablos que si bien tuvieron una lógica, aunque malvada, durante la expansión pero sobre todo a raíz del asentamiento y dominio del Cristianismo en Europa, con la evidente intención de destruir una religión que por cierto se resistía enconadamente a desaparecer, actualmente carece aún mas de sentido, si cabe, seguir ahondando e incluso reivindicar esas interpretaciones tardomedievales.

Es más sencillo anatemizar un desvío que una creencia. Si culpabilizamos a cualquiera de su fe, el apoyo social no será el mismo que si le acusamos de prácticas desviadas y en muchos casos lesivas para esa misma sociedad. Así, demonizando al Paganismo, el Cristianismo ya no luchaba contra unas religiones populares, sino que defendía a esa misma población de meros delincuentes, ya heréticos como ordinarios.

Como es incongruente, sin ir más lejos, la tendencia a llamar Brujería a creencias y prácticas que no tienen mucho o nada que ver con ésta. Por ejemplo, siendo cierto que las mancias, la hechicería o los augurios son partes de los viejos Cultos, la práctica por sí misma de estas disciplinas ya juntas o por separado, en modo alguno nos hace brujos.

En relación con lo anterior y como muestra de hasta qué punto un concepto equivocado puede construir una idea falsa y universalizada, saquemos a colación el argumento que dice leer sabiduría o conocimiento en el término “wicca”.

Como se demuestra en el segundo punto, la falta de una formación integral y exhaustiva en la Wicca, nos ha llevado a creer que ésta significa conocimiento o sabiduría y la Brujería la práctica o el Arte de los Sabios.

El siglo pasado confundimos las raíces indoeuropeas +ueik- (wicca) y +ueid- (wid), un error relativamente comprensible hace medio siglo, sí, pero que hoy en día ya no tiene sentido defender porque sabemos que no es cierto.

Una terminología ésta la que nos define, en su conjunto corrompida desde el medievo y que SE HA PACTADO (consensuado) hoy, hace apenas unas décadas, sin depurar y no en beneficio de su significación histórica, sino al contrario, en detrimento de la misma y con el objeto de conciliar posturas que entendemos afectadas por condicionantes diferentes al académico, subjetivas y ajenas a nuestro pasado.

A nuestro entender esto es un grave error que ha dado paso al fraude indiscriminado de oportunistas sin escrúpulos o a que la persistencia de mensajes y definiciones falsas, cuando no estrambóticas, se perpetúe en la Red por la mala costumbre de compartir sin rigor todo lo que nos llega -y aquí hemos de hacer autocrítica-, porque también y aún teniendo los datos sobre la mesa y decirnos en continua evolución y aprendizaje, de ser permeables al conocimiento, somos incapaces de reconocer un sólo error y menos corregirlo. Es más, nos obcecamos en mantenerlo.

Nuestra actitud quizá condescendiente contribuye a crear una atmósfera irrespirable, en román paladino: “casa de tócame Roque”, donde Wicca puede ser una cosa, todas o ninguna, lo uno y lo otro, algo y su contrario, pero sobre todo lo que a cada cual le de la gana que sea.

Y no puede valernos callarse primero para sentenciar después cuando lleguen a nosotros estas licencias ya en forma de cuitas y pretender sentar “ciber-cátedra”, ajenos y siempre libres de mácula, sino que deberíamos bajar de la nube y plantearnos seriamente hacer pedagogía.

Con la coletilla, además, que todas estas opiniones se difunden como hechos probados y definiciones enciclopédicas, como si no hubiese otra o como si lo que dijésemos estuviese ya perfectamente autenticado… y todo por no decir que estas definiciones son en realidad UNA INTERPRETACIÓN LIBRE y en muchos casos poco o nada rigurosa, vertida sin tener la prudencia de reflejar previamente el significado original y luego, pero solo después, dar entrada a nuestra interpretación o conclusiones explicando los motivos y argumentos que se quieran aportar.

Mientras se insista una y otra vez en sustituir DESCRIPCIÓN por INTERPRETACIÓN, como si las opiniones pudiesen modificar los hechos hasta convertirlas en enunciados, en Wicca Celtíbera seguiremos tratando de corregir la influencia de quienes no ven la Historia como cauce necesario para comprender nuestra religión, sino como objeto susceptible de ser utilizado y forzado a nuestro antojo y en no pocas ocasiones tergiversando el pasado, cuando los hechos no justifiquen, confirmen o refuten estas posiciones, ideas u ocurrencias.

Porque de lo que hablamos no es de una hipotética disparidad de opiniones, qué va. Lo que sucede es que ignorando los hechos ciertos, ocultándoles, queremos que prevalezca nuestra interpretación favorita u original sobre todas las demás.

Hay momentos que me parece estar frente a una “batería de ideas”, creo que se llama así en el mundo publicitario, en el que todos pueden decir lo que quieran, lo que se les venga a la cabeza con la intención de que lo que mejor se adapte al “consumidor”, sea la que prevalezca.

Leía al pie del artículo objeto de esta aclaración, que una persona preguntaba qué hacíamos entonces con aquellos Cultos que definiéndose como Brujería, no se consideran wiccanos, y también qué pasaría entonces con aquellos que frente a la Wicca se han postulado como Brujería Tradicional.

Bien, digámoslo claro: ¿Puede llamarse “tradicional” frente a otro, un Culto constituido DESPUÉS de contra el que se posiciona? ¿Es razonable conceder el estatus de “tradicional” a un Culto que se desmarca en sus formas, ritos y doctrina del pasado, de la Tradición? Y por último ¿en qué se diferencian estos Cultos que se dicen “tradicionales”, para abrogarse un estatus previo y más auténtico que la Wicca?

a7322ab6-a610-4578-be85-04e99334088dEs cierto que también se da el caso de Cultos Tradicionales que no se identifican con el término “wicca” y aportan un argumento más o menos sólido. Pero cuidado, no porque tras ahondar en la historia hayan concluido que ha de ser de esta manera, pues esta “parte” del pasado la ignoran, sino porque dicen no identificarse con algunas de las pautas de alguna de sus Corrientes, en general de la que creo que erróneamente muchos consideran la primera o lo que es peor, la única.

Pero que existan diferencias, debates y argumentos empíricos que discutir, en modo alguno es una rémora para nuestros Cultos, sino un valor añadido que por desgracia no sabemos aprovechar en lo mucho que puede enriquecernos.

Sin embargo, el debate no puede eludir la responsabilidad primera de ajustar nuestras definiciones al conocimiento que ya tenemos de Wicca y Brujería, ni mucho menos hurtar este conocimiento de nuestros planteamientos y referencias.

Sabiendo que es la voz wicca con la se construye el término “brujería” y no al contrario, que hay al menos 4000 años de diferencia entre la aparición de “wicca” y el uso de la palabra “brujería” para referirse a la primera, que el término “brujería” define exclusivamente la práctica de la Wicca y esto es indiscutible ¿qué nos mueve en realidad para seguir diciendo lo opuesto?

¿Por qué insistimos una y otra vez en difundir lo que sabemos falso, en tapar lo que se ha demostrado cierto? ¿porfía, soberbia, razones? ¿cuáles? ¿creemos estar por encima de la historia? ¿nos sentimos agredidos por la verdad?

Me es igual que entendamos que la Brujería es un Culto, muchos o diferentes a la Wicca, allá cada cual con su opinión y convicciones, todas o la mayoría de ellas igual de respetables, pero me provoca rechazo leer cómo anteponen sus ideas a una verdad que, cuando conocen, se ufanan en tapar o eludir.

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A renglón seguido de explicar que cada opinión es libre y válida, reprochan que aportes la tuya. Te dicen que opinar no es agredir, para inmediatamente después sentirse atacados por tu respuesta. Pero sobre todo defienden que los hechos son opiniones y por lo tanto tan válido aceptar las suyas como negar tus argumentos (!).

Vamos, que tiene igual peso y el mismo trato una explicación científica sobre que la Tierra sea esférica, que decir que decir que es plana y nadie les podrá convencer de lo contrario. Y esto último no es una hipérbole, sino un ejemplo bien traído.

En fin, que no vamos a dejar de buscar un debate culto y serio contra las licencias que leamos por la Red sobre nuestra Religión. Aceptaremos gustosos las críticas fundadas, pero tras hacer los matices que entendamos pertinentes rechazaremos opiniones personales que no llevan a ninguna parte.

No queremos discutir de eslóganes vacíos de argumentos o retóricas empobrecedoras que no aporten pruebas y datos, sino debatir con referencias, como procuramos introducir con mejor o peor tino desde Wicca Celtíbera en todas nuestras aportaciones, convencidos que ésta es la única forma de hacerlo responsablemente.

Fernando González

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Confesión religiosa Wicca, Tradición Celtíbera

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Anton-Szandor-LaVey1967Sacamos hoy a colación un terrible incidente acaecido en San Francisco de Macoris (República Dominicana) que no habríamos rescatado de la crónica de sucesos si no fuera por el trato oficial y periodístico que se le ha dado.

Bajo el enunciado: Matan hombre a palos en sesión de “brujería”, Hoy Digital nos refiere el crimen llevado a cabo por dos individuos presuntamente durante un ritual satánico.

Además de usar el manido recurso falaz de vincular Brujería y Satanismo, que demuestra que aún nos queda un largo camino de información en los medios sociales, el hecho de seguir vinculando obstinadamente ambos términos a lo que conduce en realidad es a desinformar y utilizar los prejuicios religiosos contra las creencias hoy minoritarias de una parte de la población, una culpa de quienes no quieren perder sus privilegios religiosos y necesitan del miedo y la mentira para mantener su estatus, demostrando su incapacidad para sobrevivir en un espacio auténticamente respetuoso con la diversidad de creencias.

Las autoridades y el medio de información relatan -interpretan- que la víctima “fue muerto a palos en una cueva durante una sesión de “brujería” en donde le iban a llamar al Diablo para hacer un pacto para conseguirle dinero y con él obtener una visa para viajar al extranjero.” Y hasta aquí tenemos los típicos ingredientes de una crónica negra convencional.

Pero la resolución de este crimen, que evidentemente está muy alejado del atestado oficial, se aclara cuando leemos el objetivo de tan fatal desenlace…

Tavárez Fernández habría pagado a Juan Elías Morillo (El Topo y Ambrosio Cepeda Polanco (Sansón), para que estos en un acto de hechicería convocaran al diablo para hacer un pacto con él.

Ambos   lo condujeron a una cueva ubicada en el paraje El Café de El Limón, donde le propinaron golpes  en la cabeza y lo dejaron tirado en el suelo, según el testimonio de José Luis Cepeda Polanco.

A los “brujos” les  ocuparon un carro Toyota Tercel azul placa A143371 propiedad de Tavárez Fernández.

Resulta que en este asalto -que no rito– ni hubo hechizo satánicos ni ceremonia de Brujería, sino la mera codicia humana en estado puro de dos presuntos ladrones y homicidas que engañaron a una pobre persona con el “cebo” del Diablo, so pretexto de conseguirle una vida mejor, para algo tan habitual y miserable como robar.

Recapitulando, si hubiese que presentar la noticia del homicidio objetivamente, deberíamos explicar que los delincuentes en cuestión engañaron a la víctima haciéndole creer que harían un ritual satánico para solucionar sus problemas con el ánimo de robarle. Una conclusión simple, lógica y muy diferente a cómo nos lo han presentado ¿verdad?

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VARA Y CETRODesde mucho tiempo atrás, si bien con especial virulencia a partir del siglo XVI de e.a. en adelante, viene aplicándose una peculiar forma de entender o dividir el Arte entre lo bajo y lo alto, en brujos o magos, por lanas o sedas de toscos o elaborados elementos que nos permita clasificar el conocimiento y la práctica de lo Oculto, de tal forma que pueda simplificarse entre lo que está por encima y es más elevado, cultivado y poderoso y lo que está por debajo y se considera mediocre, supersticioso e insignificante.

Quizá esta costumbre pueda tener su antecedente en la literatura comparativa greco-romana, eminentemente política y socio-cultural, sobre las excelencias de sus sistemas -el religioso incluido- frente al “salvajismo” incivilizado de los “otros” (bárbaros). No tenemos más que recurrir a escritores como Estrabón para corroborar este hecho, pues compara, exagera e interpola lo necesario con el objeto de ponderar y justificar en su beneficio la colonización romana.

Bien cierto es que en buena medida la necesidad de criticar hasta el absurdo el comportamiento ajeno, es más bien una -mala- condición intrínseca del ser humano que nos persigue a todos por igual.

Y si a esto le añadimos la censura y desaparición de buena parte de los testimonios documentales propios de unos pueblos, los occidentales, no tan alejados como se piensa de las grandes civilizaciones mediterráneas en cuanto a filosofía, “magia” y teología, a manos de un cristianismo tan voraz como omnívoro, nuestro papanatismo endémico y por lo común la falta de rigor y profundidad en nuestras críticas y observaciones al respecto, tendremos todos los ingredientes necesarios para habernos creado -y digo bien- una imagen diferencial entre “magia” y brujería.

Sobre todo a partir del nacimiento del Esoterismo Moderno y muy especialmente gracias a la fusión entre Hermetismo y orientalismo -asiático- en el s. XIX de e.a., se remarcaron estas diferencias entre toda filosofía y “magia” que llegase de Oriente, por ejemplo con el nacimiento de la Teosofía, en contraposición y por necesidad frente al incipiente materialismo académico y a una falta de respuesta espiritual convincente dentro del cristianismo, único referente bien conocido.

Dentro del aprehendido sistema maniqueo al uso, siempre ha de haber contrarios que se enfrentan y disocian y por lo tanto si hay una “magia” debe tener una parte estrictamente luminosa (Teurgia) y otra estrictamente oscura (Goetia). Si existen magos hay brujos y por lo tanto con la magia ha de haber, claro, una brujería.

Así, nos hemos convencido que tenemos un esoterismo culto (Alta Magia o Magia Ceremonial) y un esoterismo marginal, dependiente (la Brujería), en tanto que el primero ordena y el segundo pide, el uno domina su entorno y el otro depende de éste, en la magia se evoca y en la brujería se invoca

Hoy en día la arqueología, la etnología y la mitología comparada o la historia de las religiones, están empezando a modificar esta tendencia para devolver los términos a su lugar apropiado, rescatando del olvido y la ignorancia buena parte de las filosofías y ritualística subyacentes en los sistemas mágico-religiosos autóctonos, que cuestionan cuando no invalidan tal disociación.

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Ni el mago es diferente al brujo, sino que por el contrario hacen y significan la misma cosa, ni existe una Alta “magia” en contraposición a una Baja “magia”, ni puede sostenerse de forma coherente que haya una magia ceremonial que “trabaje” con lo Divino y estelar y otra “natural” -por no decirla asilvestrada- que se ocupe de lo terrenal y lo daemoniaco.

Que el cristianismo denigrase el Culto, ceremonial y sacerdocio de las religiones paganas y con ello a la Brujería como exponente de éstas y que el Renacimiento, fascinado por las filosofías orientales, los viejos Imperios y la época clásica y carente de fuentes y criterios suficientes para valorar los conocimientos mágicos y religiosos de los Cultos occidentales, adoptase como referente y paradigma lo que han dado a conocer como Magia Ceremonial -hermética y cabalística-, no puede hacer de menos el sistema ceremonial y los rituales de la Vieja Religión, que pueden ser tan complejos y he aquí la solución al dilema, como sea necesario.

No es lo mismo rescatar y actualizar unas ceremonias desde una relativa libertad, que mantenerla en secreto sin que llame la atención. No es lo mismo disponer de una capacidad holgada y una elevada posición social en una ciudad, que malvivir a duras penas en zonas inhóspitas, aislados y sin recursos. Como no es lo mismo, en definitiva, usar nuestra creatividad para trabajar sin apenas límites, que usarla para mantener a duras penas lo más básico.

Que condicionados por el monoteísmo abrahámico y cabalístico se construyera el mito del mago astrólogo -siempre- hombre de ciencia y conocimientos superiores, por encima de la bruja sanadora y hechicera, casi siempre mujer, casi siempre y por lo tanto desconocedora más allá de cuatro pócimas, diez ungüentos y unos pocos balbuceos astrales de los secretos del universo, ha de tener la misma consistencia que comprender a las vestales como envenenadoras y alcahuetas frente al sacerdocio sumerio.

Creer al brujo ajeno al ceremonial o la complejidad del mismo, porque normalmente no se recargue de filigranas en sus ritos y que el mago necesite semanas de complejas fórmulas matemáticas, galimatías interlingüisticos y trajes y herramientas de “diseño” para tener éxito en sus ceremonias es, siendo prudentes, un exceso de imaginación en ambos sentidos, por defecto y por exceso.

Entre lo más extravagante y lo más sencillo, no hay tanta diferencia, porque no es la complejidad del pensamiento y habilidades humanas lo que entra en juego en cuanto a una ceremonia, sino las prioridades y sobre todo el objetivo, que es lo que finalmente definirá la técnica y las herramientas necesarias en un momento determinado.

arboles-magicos1Si no tienes cobre a mano ni necesidad de incorporarlo a tu varita ¿para qué lo quieres? Es más, si careces de un taller o ebanista ¿para qué fabricar una varita recargada? y si además ha de pasar desapercibida, por la cuenta que te trae evitarás que llame la atención.

Y si no es necesario, ni útil ni inteligente hacerlo, que tomes tal cual el gajo de un árbol será tan efectivo como que lo hagas pasar por un proceso de ebanistería y enjoyado. Teniendo la misma función y sirviendo igual, es más, siendo la mano de quien la dirija lo que determine la correcta canalización de la que se sirve la varita ¿estamos en condiciones de afirmar que el cetro es mejor que el gajo? ¿dicen las formas más que los efectos? En todo caso estaremos hablando de gustos, no de conocimientos.

No nos engañemos ni caigamos en la pedantería de por creernos “grandes” magos desdeñar o creer inferior el conocimiento del brujo. Y como brujos, no nos creamos también que reducirlo todo a su mínima expresión sea sinónimo de efectividad e innecesario ceremoniales elaborados como los que realizan los que se digan magos.

La etimología, demasiado objetiva como para atenerse a opiniones, intereses y prejuicios, nos dice que ambos términos (brujo y mago) son sinónimos, diferentes palabras de diferentes lenguas para expresar una misma idea, la del sacerdote y los ritos que desarrolla. Lo demás, a tenor de su significado no me deja entenderlo de otra manera… ego, desconocimiento o complejo, combínense estas palabras como mejor proceda.

©Fernando González-Wicca Celtíbera

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tumblr_mcglp11ZTG1rjdemoo1_500Para encarar esta reflexión -que es lo que a priori pretende ser- como un avance de un trabajo posterior más elaborado, voy a ceñirme sobre todo a una convicción antes que a una teoría o hipótesis documentada que pretenda resolver el escollo que ha supuesto partir de la base que, al referirnos a los términos brujería y wicca, lo hagamos desde márgenes diferentes de un mismo río.

Dicho lo cual, me gustaría que no se interprete mi sinceridad como un interés, una intuición o un deseo romántico por justificar una creencia, sino como el resultado de una experiencia vital y estudiada que en modo alguno pretende eludir el valor de la prueba o carezca de hechos y evidencias para poder llegar a esta conclusión, sino que busca sembrar la necesidad de un debate incómodamente relegado a una lista cada vez más extensa de tareas pendientes, que la Vieja Religión va a tener que afrontar más tarde o más temprano.

También soy consciente y porque creo que debido a intereses creados durante cuatro décadas mal contadas de individualismos, competencias y desencuentros, que este planteamiento lo más probable es que vaya a suscitar resquemores y reabrir heridas que se mantienen obcecadamente mal cerradas desde entonces, con el único objeto de crear una serie de Cultos y Tradiciones “burbuja” desde los que cada cual pueda proteger su parcela de razón de ser cuando no pseudo-identitaria.

De una parte tenemos tradiciones wiccanas fuertemente atrincheradas en adoctrinar sobre la diferencia existente entre la Brujería Tradicional y la Wicca Tradicional. De otra parte, claro, existen grupos y asociaciones de Brujería Tradicional totalmente convencidos que la Wicca es una intromisión que ha usurpado, en buena medida, rasgos de su propia identidad para concebirse históricamente. Y también existimos, que haberlos haylos aunque seamos los menos seguramente o los que menos ruido hagamos, quienes entendemos que son y han sido siempre la misma cosa.

Hasta bien entrados los años 50 y mejor durante la década de 1960 esta dicotomía no tuvo apenas sentido más allá de unos pocos desencuentros y conflictos nominales antes que religiosos o espirituales que se fraguaron en el Reino Unido, a partir básicamente de la iniciativa de Gerald Gardner a la hora de aprovechar la derogación de las últimas leyes contra la Brujería en este país, para presentar públicamente la Brujería Tradicional como un Culto aún vivo.

Antes y durante un buen tiempo después, la Wicca no existía como referencia diferencial y no había más controversias que las relativas a comprender el Culto desarrollado a través de Gerald Gardner (la Brujería) como demasiado imbuido quizá de préstamos ocultistas y esotéricos antes que reconstruccionista o hereditario, o haberse tomado demasiadas licencias ajenas a la Tradición para adaptar la Brujería al siglo XX. Persistían, eso sí, las diferencias y conflictos eminentemente personales que no puedo entender probablemente más allá de la envidia, una competitividad innecesaria y por lo tanto desmedida o la endogamia.

Con todo y con eso aún al final de la década de 1970 y principio de los años 80 resulta cuanto menos paradójico comprobar, que wicca y brujería, en palabras de sus máximos exponentes por aquél entonces, eran términos que se seguían usando indistintamente  y por igual para referirse a la Vieja Religión.

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  • QUÉ ES HECHICERÍA

hechicerasTampoco podemos dejar a un lado otro de los típicos estereotipos de este problema que está siendo muy difícil despejar, que es confundir Brujería con Hechicería.

La hechicería es una práctica común tanto en la Brujería como en otras creencias diferentes y la Brujería un Culto religioso en el que se enseña, conoce y se puede practicar la hechicería. Podríamos decir que todo brujo es hechicero porque aprende a utilizar estas prácticas en su preparación, si bien un hechicero no tiene por qué ser brujo porque no haya podido o querido iniciarse en la Brujería.

La Hechicería puede o debe concebirse como un conjunto de prácticas “mágicas” -con todas las reservas también para el uso de esta palabra-, que una persona individual o en grupo, por iniciativa, por aprehensión o por costumbre lleve a cabo sin que tenga por qué mediar lo religioso.

La Brujería jamás podrá estar separada de lo religioso, porque dejaría inmediatamente de serlo, se descontextualizaría. Hay que entender antes la diferencia entre el conocimiento y la práctica de una materia dentro de un Culto, y el reconocimiento de esa materia como un Culto en sí mismo, que es lo que entiendo se pretende y que al confundirlo se induzca al error.

Esto viene a colación porque muchos hechiceros equiparan su práctica con la Brujería, esto es, aunque no sean conscientes o incluso rechacen reconocerla como una religión concreta, dan por sentado que el wiccano al no ser estrictamente hablando un brujo como ellos se entienden, de alguna forma esté invadiendo una parcela de la que se sienten herederos y depositarios. Y así, nos hemos encontrado con un sinfín de opiniones, muchas elaboradas y eruditas pero en su gran mayoría tan dispares y estrafalarias como personales, que han fomentado y prolongado aún más una diferenciación que a mi parecer es absolutamente ficticia.

Como hechicerías hay muchas, hasta el punto de poder acabar siendo tantas como personas pues no deja de ser el ejercicio de unas prácticas para la obtención de unos resultados al margen de las creencias, “brujerías” -se dicen- también. La Brujería, que hace referencia a un Culto o crisol de otros posteriores que surge marcado con unos condicionantes religiosos inherentes, choca abiertamente por lo tanto con la libre interpretación de quienes quieren o entienden que deben ser reconocidos como brujos siendo hechiceros.

Cuestión al margen de esta situación hemos de tratar el que hay quienes conciben y practican la Brujería como un Culto religioso diferente a la Wicca. En este caso entiendo que vuelven a mezclarse las cuestiones personales de quienes serán  protagonistas de su popularización y de las corrientes que liderarán o se generarán a partir de ellos, con el Culto propiamente dicho, que pese a matices y opiniones, sigue siendo el mismo para ambas.

Ahora que hemos despejado la primera incógnita: entender la diferencia entre brujería y hechicería, será cuando nos sea más sencillo recalar en lo que podamos definir como Brujería Tradicional, que es en definitiva a lo que todos y desde un principio hacían -y hacemos algunos igualmente en estos días- referencia.

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  • QUÉ ES BRUJERÍA

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Como los diccionarios por lo común y salvo los especializados -e incluso éstos según y cómo-, aún están fuertemente influenciados por el cristianismo o parten de una apreciación o percepción social cuando no sesgada, “contaminada” por la moral imperante, recurrir libremente a ellos volverá a retrotraernos al problema anterior, a que siguen confundiendo hechicería y brujería. Deberemos, pues, basarnos en la etimología de las palabras para entender desde su origen lo que significan y lo que nos transmiten.

La palabra española brujería tiene el hándicap de que desconozcamos su significado concreto y tampoco ha tenido una atención superlativa resoloverlo, seamos sinceros, si bien existen trabajos que incomprensiblemente se dejan al margen y que apuntan a que además de que seguramente sea una palabra pre-romana, pueda estar relacionada con la raíz celta *brough (lo que esta en un alto, elevado, por encima de ó sobre) como apelativo de las personas sabias encargadas del Culto, aquellas que practicaban y oficiaban en las viejas religiones pre-cristianas. Una raíz que daría nombre a construcciones elevadas (*briga) y como no es complicado deducir, también a una de las Diosas más universales de la mitología celta (Brigantia/Brigith).

Que brujería quizá no fuese un término impuesto por el cristianismo, sino propio, indígena y por lo tanto libre, al menos en su concepción y uso original, de rasgo peyorativo alguno, es algo que puede desprenderse de la reflexión de Lope de Barrientos (1382-1469 e.a.) en su Tractado de las Adivinanças… “qué es, e qué cosa es esto que se dize que ay unas mugeres que se llaman bruxas, las quales creen e dizen que de noche andan con Diana, deesa de los paganos, con muchas e innumerables mugeres caualgando en bestias, e andando, e passando por muchas tierras e logares, e que pueden aprouechar e dañar a las criaturas”.

Y es que, obviamente, sería muy cuestionable suponer que alguien pueda escojer autodenominarse de tal forma que la palabra por la que se identifique le denigre, sea infamante, que le marque negativamente hasta el punto de elegir considerarse abiertamente un paria despreciado en su entorno, bajo un epíteto que le vincule a crímenes castigados con la pena capital

¿Alguien cree probable que un violador de menores quiera presentarse en su tarjeta de visita como Fulanito de tal“, pedófilo? Y si esto nos parece del todo absurdo ¿cómo es que suponemos sin pestañear que las brujas hubiesen podido reconocerse así mismas en plena Edad Media y ante una sociedad inquisidora y fundamentalista judeocristiana, bajo un término que las señale como adoradoras del diablo y asesinas de niños?

Bajo este prisma, es más que razonable suponer que la palabra Brujería no debió tener originalmente para los brujos ningún significado negativo, más bien al contrario, que sería el clero quienes desvirtuarían el significado real de la misma.

No es baladí recurrir a los testimonios de los primeros cristianos frente al paganismo europeo, al objeto de identificar sus Cultos como Brujería y a éstos como a brujos. Cuando San Columbano (s. VII e.a.) -leía no hace mucho- recriminaba a los paganos diciéndoles que sus Dioses eran siervos del Diablo y por lo tanto demonios a su servicio y que los fieles de estos Dioses eran brujos y Brujería sus Cultos “demoniacos”, tenía perfectamente claro a quienes se estaba refiriendo y con qué deseaba igualarlos.

Columbano no iba en absoluto desencaminado, pues al margen de su evidente interés en hacer parecer estos cultos como desviaciones heréticas, diabólicas de su propia cosecha religiosa, no es menos cierto que reconoce en la Brujería, sin lugar a dudas, la continuidad de los Cultos -religiosos- paganos. Es más, este santo católico y misionero de origen irlandés y por lo tanto buen conocedor de lo que hablaba, en ningún momento dice que sea una creencia “nueva” que naciera a partir del paganismo, no, dice claramente que eso en lo que creen, que sus prácticas y Cultos, que la devoción a sus Dioses es, en presente de indicativo, Brujería y que ellos por continuar con esas prácticas son brujos/as.

CernunnosCiertamente eran Brujería las creencias, ritos, devociones y tradiciones paganas, pero no por venir de un demonio de la mitología cristiana, sino por su propio derecho. En este sentido no hay pues transición estrictamente hablando, sino renombrar de otra forma lo que ya existe; como no ha de parecernos extraño que, para ello, Columbano utilizase las lenguas autóctonas, pues se dirigía con el objeto de hacerse entender a un pueblo llano que no entendía ni el latín ni el griego. Y tampoco pretendió desvincular de la Brujería las religiones de los fieles al paganismo, sino que la destaca como característica inequívoca de los mismos.

Que el cristianismo ponderase después y por encima del hecho religioso la práctica de la Hechicería, no ha sido más que otra forma de tratar de ahogar el componente cultual de la Brujería, distorsionando su sentido original para favorecer su crítica y persecución. No es lo mismo recelar de quien pueda maldecirte por vicio tras reconocerse como un servidor del Mal, que de quien se presente a ti y reconozcas como intermediario ante tus Dioses. El miedo y años de adoctrinamiento harían el resto.

La Brujería supuso el crisol a partir del cual se reubicarían los diferentes Cultos paganos en Europa, una vez que el cristianismo empezó a asentar su poder en el continente (ss. XII-XVI) -que curiosamente coincide con el esplendor de la “caza de brujas“-, demonizaron nuestros Dioses y Diosas, prohibieron o plagiaron muestro Calendario y nuestras tradiciones, expoliaron, destruyeron o usurparon nuestros templos y santuarios y resolvieron definirnos como servidores de “su” mal. Y que utilizaran esta palabra (brujería) no pudo ser algo gratuito, claro, sino una voz cercana que les refería directamente a los Viejos Cultos aún vivos que perseguían, y como apuntaba más arriba recurriendo a los modismos indígenas para expandir mejor su mensaje diabólico, con lo que nacería la stregha, witchcraft, brujería, romuva, etc.

Sus seguidores eran las personas encargadas de intermediar con lo Divino, que sabían y hacían guardar los tiempos, los ciclos y los ritos, que entendían de lo celeste y de lo terrestre, que sanaban al enfermo o enseñaban al niño, quienes guardaban las ciencias, las tradiciones y sus mitos, los hombres y mujeres que por su función eran distinguidos de entre sus iguales como aquellos que merecían estar en una posición elevada, la más alta, la que G. Dumézil identifica como la Iª Función, la que ocupan reyes y sacerdotes… los/as brujos/as.

Este reconocimiento es mucho más sencillo de rastrear si seguimos la etimología anglosajona. Al provenir de otra lengua indoeuropea pero que mantendría durante más tiempo su idiosincrasia, el término witchcraft reproduce fielmente su significado original. Y no tenemos más que buscar la raíz de esta palabra (*-wicca) para entender que efectivamente la Brujería es la Vieja Religión de origen indoeuropeo que nos identifica a todos los Cultos posteriores y que entiendo nos dice sin lugar a dudas, que la Brujería es, en definitiva, el Culto europeo originario y no como se nos pretende hacer creer o entienden otros, las reglas por las que se rija la hechicería allá donde se de o se practique, sin una connotación religiosa explícita y al margen de la cultura donde se desarrolle.

Es en este punto donde deberíamos plantearnos si, efectivamente, existe un nexo entre ésta y la Wicca.

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  • QUÉ ES WICCA

DIOSA TRIPLE1Al contrario de lo que se piensa y sobre todo de lo que se escribe, el origen o el significado histórico de la palabra wicca es tan conocido como por desgracia mutilados cuando leemos sobre Ella. Y aunque ya me he ocupado en otras ocasiones de aportar lo que he aprendido sobre la misma, no está de más seguir escribiendo una y otra vez y así cuanto sea necesario.

El término indoeuropeo wicca es el antecedente etimológico y raíz de la palabra brujería (witch, withcraft) y con la misma explicación. Es un cultismo que empezó a usarse con cierta liberalidad y más allá del sentido principal que le daría el mundo académico y posteriormente quien lo rescatase del olvido (Gerald Gardner), a finales de los años 60 y principios de los años 70 del siglo pasado, para entender la Brujería desde una óptica más realista u objetiva, al margen del valor peyorativo con el que lastraría esta palabra el cristianismo, pero cada vez más aplicado -y he aquí el escollo- a la corriente cultual que se desarrollaría a partir de Gardner en detrimento de las demás, hasta unos extremos en los que se enseña que no es wicca lo que no salga de su corriente y linaje.

Gardner en ningún momento dijo haber creado Culto o Tradición nueva alguna, se limitó a posicionarse como iniciado en la Brujería Tradicional y esto es y seguirá siendo así de sencillo por más vueltas que le demos para buscar lo contrario. En palabras de Cantrell, “… no existe duda que a Gerald Gardner se le debe dar crédito al hacer pública nuestra religión en el siglo XX sin haber reinventado Wicca. Sería más por desarrollar la tradición que lleva su nombre, la Wicca Gardneriana, desde la cual muchas de las tradiciones del presente han podido desarrollarse.“ (Gary Cantrell, “Creencias y Prácticas Wiccanas” -Wiccan Beliefs and Practices-, St. Paul, MN: Llewellyn Publications, 2004, página 17.)

Esta idea e intención de separar primero a Gardner de la Brujería Tradicional para después vincular la Wicca estrictamente con Gardner, entiendo que ha sido en buena medida lo que ha provocado gran parte de esta “descolocación” de referentes que al no querer frenarlo cada vez se hace más complicado.

Siendo el significado de witchcraft, brujería y +wicca la raíz de esta palabra, lo que le da el sentido que tiene ¿por qué nos empeñamos en leer lo que no dice? ¿Cómo podemos afirmar que sean términos que aluden a cuestiones “diferentes”? ¿No será que hemos confundido o queramos confundir al “mensajero” con el “mensaje”? y peor aún ¿que por error o interés estemos intentando vincular la Wicca exclusivamente a la particular adaptación hecha por Gardner de la Brujería y después a la corriente que a partir de entonces se crease?

Ante esta dicotomía solo puedo entender que, efectivamente, ha sido confundir el significado de wicca con la persona por la que se religaría en la actualidad y a partir de quien se crearía después un Culto específico marcando una línea clave para su revitalización, pero un linaje más a fin de cuentas producto de su trascendencia personal, lo que ha podido influir de manera determinante en este conflicto. Una circunstancia de la que no podemos culpar ni a Gardner ni a sus primeras iniciadas.

Confundir, ligar y hacer depender exclusivamente la Wicca con Gerald Gardner, entiendo que de alguna forma puede ser despreciar sus esfuerzos por normalizarla en todo su contexto la Brujería Tradicional y detraer gran parte de su riqueza, causa posterior -o incluso la excusa perfecta- para fomentar y/o favorecer nuestra división actual.

Al margen o por encima de cualquier especulación, creo que a resultas de lo poco y mal que se conoce al respecto, solo encuentro sentido al afirmar que la Wicca ha sido, es y seguirá siendo el término adecuado para referirnos a la Brujería -indoeuropea, para entendernos-, lo mismo que ésta hace referencia a los Cultos paganos en contraposición a los cristianos y estas creencias paganas a los Cultos pre-cristianos de origen indoeuropeo, donde la Wicca sería originalmente el núcleo del que partirían en un pasado remoto. O dicho de otro modo: La Vieja Religión.

Útil paradoja ésta que a pesar de nuestras carencias documentales, resquemores e intereses nos devuelve a un origen primitivo como si de alguna manera nos estuviese aleccionando de que ha llegado el momento de cerrar el círculo.

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¿Y por qué llamarse wicca y no de otra forma? ¿o por qué no vamos a poder llamar Brujería a todo y luego ya Wicca a lo que nos parezca? pues por lo mismo que no entendemos de origen mexical la Brujería europea. Si al nahual se le identifica con América, al wiccano (brujo) con Europa ¿Quiere decir esto que no puede haber nahuales en Europa o wiccanos (brujos) en América? ni mucho menos. Quiere decir lo que quiere decir, que no puede existir una Wicca de tradición cultual americana, ni una corriente nahual de tradición europea, lo que no es óbice para que un americano se inicie como Wicca y un europeo como Nahual. En definitiva, que lo mismo que no nos duelen prendas en rescatar y nominar otros Cultos foráneos en su pureza, no estaría de más que respetásemos los nuestros en su integridad, quizá empezando por reconocerlos en su contexto y no en el que queramos darles.

Somos muy dados a utilizar nombres arcaicos para adornar saludos, argumentos y despedidas, pero extrañamente olvidadizos y reticentes para recuperar en su contexto original los propios.

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  • QUÉ ES TRADICIÓN

8La singularidad de una Tradición, lo que la hace serla, es precisamente poder circunscribirse a unas particularidades concretas, constantes y localizadas, que expliquen y apoyen una conducta o patrón común a consecuencia de una originalidad. Será la transmisión de una serie de hábitos y costumbres en un entorno definido lo que identifique una tradición y la distinga de otras.

Y deberemos ubicar esa transmisión de hábitos y costumbres cultuales para poder entender a qué nos referimos cuando señalamos una tradición religiosa y la reconozcamos como tal o como sucede en este caso, el origen de una serie de tradiciones religiosas que se desarrollan desde unas raíces comunes.

Sería primordial tratar de configurar antes el radio de alcance de la Brujería Tradicional. Así como no hay duda que la Brujería se desarrolla desde los pueblos indoeuropeos, la propia idiosincrasia de estos pueblos reconducen, a su vez, esta sabia común entre sus descendientes y como no es anormal suponer lo hacen, salvando la interacción, en paralelo y no a consecuencia de los demás.

Lo mismo que nuestras culturas, incluso viniendo de los mismos focos, se ha desarrollado de manera independiente del tronco, así sabemos que ha ocurrido con sus religiones. No es igual el druidismo galo que el britano ni este que el hispánico, si bien en todo momento hablamos de la misma cultura. Si esto es así y sabemos que lo es ¿a qué viene que nos obcequemos en decir que la Brujería no haya podido tener el mismo recorrido lógico y constatado de las religiones que la preceden? ¿Y cómo podemos decir que la Brujería Tradicional sea la nuestra y sucedáneos o híbridas todas las demás? Pues esto ocurre con la Brujería, ocurre con la Wicca. Motivos para afirmarlo habrá, hay muchos, qué duda cabe, hechos y razones ya sería más discutible.

Son muchos los ejemplos que nos hablan de diferentes “focos” brujeriles en Europa (Alemania, Italia, España, Reino Unido, Francia, etc.), que se dan como resultado de la persistencia en el hábito religioso de los pueblos “cristianizados” por mantener sus creencias y rituales, con sus singularidades y generalidades, pero todos ellos con el patrón común del paganismo -léase también lo que he escrito sobre este término- como causa.

Un explicación a la medida del caso nos la proporciona su antecedente ¿Por qué no hubo un solo Culto pre-cristiano en Europa si tuvo una fuente común? Como sabemos la respuesta, me saltaré tratar de responderla y me adelantaré a la siguiente ¿Y si no hubo un solo Culto en Europa, por qué habría de tener una sola Tradición después? A lo que -y concluyo- me pregunto ¿Y si creemos razonable y sabemos cierto que de una misma fuente surgirían diferentes Cultos relacionados pero paralelos, por qué nos hemos de limitar ahora y fuera de toda lógica y evidencias a una sola Tradición religiosa para explicar todas las demás?

Resultado de todo ello es que en diferentes localizaciones (zonas) de un mismo marco geográfico (Europa), van a desarrollarse y fluir corrientes religiosas (Cultos) que respondan tanto a su origen común (indoeuropeos) como a sus peculiaridades geográficas y culturales (Tradiciones, Cultos o religiones) que las diferencien de sus “hermanas”, sin que por esta causa deba o pueda perder su relación de parentesco.

Es por lo antedicho que todo me hace pensar que existe una Brujería Tradicional de la que se nutren y germinan Cultos diferentes que conoceremos como Tradiciones, en tanto y cuando provengan de ésta, que además la entiendo pan-europea y que no lo puedo entender fuera de su contexto (indoeuropeo) de ninguna otra manera.

Y es precisamente desde esta estructura lo que va a hacer posible que la Brujería se “reconstruya” o para ser más exactos, se rehabilite primero y restaure después adaptándose al siglo XX bajo el cultismo Wicca.

¿Significa esto que la Brujería Tradicional ha sido “superada” por la Wicca Tradicional? No. Porque es lo mismo. Aunque sigan otros muchos Cultos llamándose brujería en vez de wicca, todos seguirán siendo, les guste o no les guste, igual de tradicionales. Puestos a preguntar ¿por qué esa obsesión, en muchos casos reduccionista, en que existan tales diferencias? ¿por qué no preguntarnos a quien beneficia y quien lo necesita? ¿Y no será que diferenciarlas obedezca a un interés concreto por monopolizarlas?

LITHA6bLas Tradiciones Wicca que efectivamente lo sean, lo que precisan en primer lugar para ser reconocidas de esta forma no es el nombre, el idioma o el lugar del que procedan, sino que rezumen ese vínculo sagrado con los Cultos de la Vieja Europa. Y por lo tanto ninguna de Ellas puede tener jamás preeminencia sobre el resto ni mucho menos supeditarlas a una sola.

Quedándose tantas cosas por decir en el tintero aún después de haberme extendido más de lo esperado, voy a dividir esta reflexión en dos mitades en cuya segunda parte y empezando por donde lo dejo ahora, recorreré los fundamentos de la Wicca Tradicional.

No deseo que este trabajo sirva o se entienda en ningún momento como una provocación, sino como una llamada seria y honesta a la coherencia y la fraternidad frente a la cerrazón. Ninguna de nuestras Tradiciones necesitamos en un principio -y si lo necesitásemos nuestro orgullo no nos lo haría decir- de las demás para justificar nuestra existencia, como tampoco permiso para ser lo que somos, pero sí estar unidos para sobrevivir.

Hay quienes tratamos de aprender de nuestros errores y procuramos leernos la moralejas de las vidas de Viriato o de Vercingetorix, por ejemplo, y los hay que piensan que eso no les pasará a ellos. La verdad, no sabría decir qué es mejor, pero estoy seguro que sumar nunca puede ser malo.

©Fernando González-Wicca Celtíbera

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Wicca7Muchas de las personas que llegan a la Brujería creen ver en la Wicca un acceso fácil a la hechicería o una posibilidad de hallar respuestas a sus expectativas espirituales y mágicas, desde las que empezar o continuar evolucionando en lo personal, cuando no la salida más asequible a partir de la cual encontrar su espacio religioso.

Sobre esto habría que matizar varias cosas para no dar pie a equívocos y saber dónde nos estamos metiendo. De entrada Brujería y Wicca es la misma cosa, entendiendo a la Wicca como a la Brujería Tradicional de origen indoeuropeo, que es de donde parte la raíz y significado del término. Así, cuando decimos “witchcraft“, “brujería” o “wicca” estamos hablando de lo mismo -también cuando lo hacemos usando otros términos pero no es el caso del artículo-. En otras zonas y latitudes al ser Cultos diferentes éstos y sus practicantes tienen otros nombres, como chamán, nahual, hombre-medicina, etc.

Por otro lado, hechicería y Wicca no son la misma cosa, ni siquiera sinónimos aún cuando estén intrínsecamente vinculadas. Lo mismo que rogativa no es sinónimo de catolicismo, por mucho que se practique la primera dentro de esta corriente del cristianismo, tampoco la hechicería lo es de la Wicca.

Dicho esto, otra de las cosas que nos debe quedar meridianamente clara es que la Wicca es una religión. Llamarla o conocerla como la Vieja Religión no es un adjetivo baladí, sino consciente y descriptivo. Por ello, practicar la Wicca para conocer y hacer hechicería es un error que suele acabar con el abandono a corto plazo del adepto y la consiguiente frustración.

0Y por la misma razón si bien de manera más lesiva, pretender entrar en la Wicca para una vez en ella aclararnos y evolucionar hacia otros Cultos, es una temeridad, seguramente una pérdida de tiempo y por supuesto una falta de respeto a la Tradición en la que nos ubiquemos, hacia los fieles de la misma y contra los Dioses y Diosas a los que se tenga devoción.

La Wicca no es la salida a partir de la cual encontrarnos, sino la meta  a la que aspiremos llegar. Es tan gratuito probar a ser wiccano, como probar a ser budista o islámico y aunque no es anormal que pasemos por alguna que otra religión hasta llegar a la que “conectemos” finalmente, no está concebida, como tampoco lo están las demás religiones, para esto, por lo que siempre será muy de agradecer tener bien claro a qué puerta estamos llamando y reflexionar sobre el paso que damos al querer pasar por ella.

Una vez tengamos esto claro y hayamos decido entrar en la Wicca, otra de las cuestiones que deberíamos valorar es si lo vamos a hacer por nuestra cuenta, en solitario, o a través de una Tradición, en cuyo caso sería interesante tener una buena información de las Tradiciones que existen.

Hay muchas páginas y Blogs por la Red en las que se resumen cuanto menos las Tradiciones Wicca más conocidas o de mayor proyección internacional, si bien estos datos suelen estar muy anticuados y repetirse una y otra vez en un bucle desactualizado que no suele ser demasiado útil, por lo que es preferible recurrir a los motores de búsqueda habituales así como a los Portales más concurridos, cauce seguro para ir recabando información y enlaces que nos lleven a concluir nuestra búsqueda de manera satisfactoria.

Si nos vamos a dedicar a estudiarla en solitario, debemos recordar que la consagración íntima que suele difundirse e incluso promocionarse es más una auto-dedicación que una auto-iniciación, pues iniciarnos suele vincularse antes a una transmisión y reconocimiento que a un acto propio de deseo y voluntad.

321376_193206220820924_430471232_nLa auto-dedicación está pensada en todo caso para paliar la falta de relación y comunicación entre brujos y la distancia de quien se encuentre solo, con la intención de procurar la devoción privada y continuidad de nuestros Cultos aún en situaciones de aislamiento.

Una necesidad que quedará obsoleta una vez tengamos la posibilidad de contactar con iniciados y/o covens en esa Tradición a partir de los que formalizar y ahora sí con la Iniciación, nuestro vínculo sagrado. Esta posibilidad y gracias a los avances técnicos, hace cada vez más accesible y sencillo encontrar, formarse y contactar con wiccanos de cualquier parte y creencia, por lo que se va haciendo menos necesaria la auto-dedicación como forma de iniciarse en la Wicca.

En cuanto al Sacerdocio, éste es una cualidad añadida a la Iniciación, un servicio, un paso más allá, una dedicación devocional hacia el Culto que exige una transmisión física, verificable y amparada en una Tradición.

Quede claro, de cualquier forma, que la práctica de la Wicca en solitario no es ninguna Tradición, que no pueden existir sacerdotes solitarios y que la Wicca no es una religión a la carta.

Si decidimos vincularnos a una Tradición o grupo existente para aprender e integrarnos, de nuestro criterio y buen juicio depende caer en un colectivo serio, realmente wiccano, o en un grupúsculo de estafadores, farsantes o interesados más en nuestros bolsillos que en lo religioso.

Surgen de todas partes pseudo-tradiciones a cada cual más peregrina y surrealista, producto de auténticos y no en pocas ocasiones elaborados fraudes religiosos, que requerirán de nuestra atención y reflejos para evitar acabar en manos de embaucadores profesionales. Una lectura pausada sobre el grupo y asesorarse debidamente por todos los medios a nuestro alcance, saber lo que dicen y se opina, lo que escriben y enseñan y cotejarlo después, será determinante para garantizarnos un conocimiento objetivo y útil.

Quizá un buen indicador sea el dinero. Si cobran por enseñarnos e iniciarnos, recomiendan o aconsejan impartir una y otra vez curso sobre curso o cobran por todo, máxime cuando sean partes vitales de la enseñanza iniciática, deberemos tener cuidado porque lo más probable es que sea un fraude o se estén aprovechando de la Vieja Religión para hacer negocio, algo que se escapa de nuestra ética. Hemos de recordar que dar cursos o talleres y cobrar por ellos es un justo intercambio, pero la iniciación es un Don que los Dioses dan a los seres humanos gratuitamente y que así hemos de transmitirlo.

En cuanto a qué leer, recomendamos enlazar con nuestra Sección Bibliografía Pagana, donde se tiene acceso a un listado bibliográfico básico e indispensable para empezar a entender lo que es la Vieja Religión y formarnos debidamente. Aunque casi todos los libros están en formato pdf., recomendamos ir poco a poco y en nuestras posibilidades adquiriendo las obras en formato papel y compensar de este modo el trabajo de quienes nos guíen en nuestro Camino.

Ahora tenemos las herramientas básicas para acceder a la Brujería: la Naturaleza, el Conocimiento y nuestra Voluntad. Lo demás depende de nosotros.

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©Fernando González-Wicca Celtíbera

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