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A diferencia de otras regiones, la Península Ibérica es bien conocida por haber sido intelectualmente castigada durante siglos por los de afuera y sobre todo por los de adentro, con el desprecio hacia nuestras culturas, religiones y tradiciones, de tal manera que de haberlo bueno no es de aquí, que es copiado o vino de afuera, y de haberlo malo, que lo hay siempre y bastante, es nuestro y con denominación de origen.

Será por eso, porque tenemos tan atrofiado nuestro amor propio, que olvidemos recurrir a los tesoros intelectuales de NUESTRA cultura, especialmente la religiosa, como lo es sin duda la reseña que traemos hoy a colación. Si en vez de quejarnos de carecer de una mitología escrita, rebuscásemos en los muchos fondos históricos que despreciamos por no venir de allende nuestras fronteras, descubriríamos que estamos bien armados míticamente hablando y que no tenemos nada que envidiar de otros pueblos ni mucho menos de quienes además son pueblos hermanos.

En concreto, nos referimos a uno de estos viajes míticos celtas a las Islas Benditas, relatos de indudable calado en el subconsciente colectivo europeo, que se recogerían como IMMRAM (‘viaje’) o como ECHTRA (‘aventura’), en la división que se hace de este tipo de periplos célticos en la Literatura Irlandesa. Nos referimos a El VIAJE DE TREZENZONIO A LA ISLA DE SOLISTICIÓN: “La leyenda proviene de un manuscrito en Latín del siglo XI, Trezenzonii de Solistitionis Insula Magna, donde aparece recogida una historia fantástica de aproximadamente el siglo VIII.[1]

Esta leyenda, versa sobre las peripecias de un monje que visita La Coruña tras las razias de los musulmanes, y en lo alto de la Torre de Hércules descubre una isla maravillosa a la que viajará en un bote hecho con sus propias manos, para encontrar que es un paraíso terrenal donde no transcurre el tiempo… ¿nos suena, verdad? No desvelemos más y descubramos este tesoro olvidado de nuestra literatura.

Para tener un mejor conocimiento de la obra, recomendamos el estudio de Joel Varela Rodríguez, ‘EL VIAJE DE TREZENZONIO A LA ISLA DE SOLISTICION. Refacción de material y distintos niveles de sentido.’ [2]

© Fernando González

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1.- https://www.celtica.es/la-gran-isla-del-solsticio-del-monje-astur-galaico-trezenzonio/

2.- Joel Varela Rodríguez. EL VIAJE DE TREZENZONIO A LA ISLA DE SOLISTICION. Refacción de material y distintos niveles de sentido. Universidad de Santiago de Compostela. Centro Ramón Piñeiro para a Investigación en Humanidades. EVPHROSYNE, 44, 2016

https://www.academia.edu/31930684/El_viaje_de_Trezenzonio_a_la_isla_de_Solistici%C3%B3n

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Si “wicca”, fue el nombre nativo que evangelizadores como Ælfric de Eynsham (s. X e.a.) utilizaron, para explicar que las prácticas tradicionales de los Cultos precristianos, eran paganas, es evidente que “wicca” y “paganismo” fueron SINÓNIMOS, y por lo tanto cada una de estas palabras lleva implícita a la otra, siendo un PLEONASMO escribirlas juntas e incongruente diferenciarlas.

Unamos a esto, que originalmente no sólo es que tales palabras fuesen similares, sino que los Romanos precristianos utilizaron indistintamente uicani y pagani para referirse a quienes se resistían a abandonar sus creencias y prácticas, frente al sincretismo de la Urbe (Roma).

Además, puesto que wiccano era equivalente a pagano, tampoco puede decirse que la Wicca sea una corriente Neopagana, porque no es nueva en Europa ni está influida por ideas, creencias o filosofías extemporáneas y ajenas al desarrollo propio y natural de nuestras tradiciones religiosas indoeuropeas. Esto es, que sabiendo que las peculiaridades de la Wicca están respaldadas por la Historia Antigua, contradice imaginarlas modernas, como por ejemplo:

▪️Un Panteón Politeísta, regido por una Diosa Triple y un Dios Cornudo.

▪️Un Calendario Lunisolar, con al menos 21 fiestas principales (Plenilunios y Solstinoccios).

▪️Un Rito circular orientado cardinalmente, como forma convencional de la Liturgia.

Por último y a diferencia del Cristianismo, los Cultos precristianos europeos no utilizaban Libros Bautismales para “filiar” a los creyentes en sus respectivas religiones, por lo que resulta absurdo buscar linajes ancestrales y mucho menos demostrarlos con actas inexistentes. Lo que no es óbice, como no lo fue para el clero cristiano, entender que aquellos herejes medievales que adoraban y sacrificaban a los “Demonios”, fuesen igualmente paganos aunque ya estuviesen bautizados -de ahí lo de herejes-.

Más aún, salvo contadas excepciones en buena parte de Europa la escritura con fines religiosos fue tabú, lo que unido a las quemas masivas de textos paganos protagonizadas por cristianos, a la inculpación directa por el hecho de poseerlos y a unas persecuciones que duraron más de 1500 años, hace demagógico y pueril exigir pruebas de una filiación que se sabe no existió, en unas actas que no se escribieron pero que deberían haberse escondido y actualizado durante miles de años y de manera ininterrumpida. Y todo este sinsentido, sólo está para distraer nuestra atención del verdadero quid de la cuestión, y es que como reza el título de este artículo, decir Paganismo y Wicca es lo mismo: si uno no es moderno, la otra tampoco, y si uno es autóctono, la otra también.

© Fernando González

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Históricamente hablando, existen innumerables referencias, evidencias y testimonios directos, que demuestran que ambas palabras no eran sinónimos ni se refirieron a la misma cosa; hasta la intervención y manipulación del Cristianismo, claro.

La Brujería, se transmitía a través de la Iniciación, por regla general se profesaba en grupo y bajo un contexto religioso. La Hechicería, sin embargo, se presentaba como un conocimiento adquirido, se practicaba en privado y era de corte aconfesional. Las formas y el fondo, e incluso la manera distinta en que fueron perseguidas por el Cristianismo, demuestran que no hablamos de sinónimos… pero como también fue un hecho diferencial entre los Cultos precristianos, donde las divergencias estaban mucho más acentuadas y por cierto, de manera natural.

Confundir Brujería con Hechicería, responde además a un planteamiento corrupto desde su base, pues surge a partir que en los inicios del Cristianismo éste toma consciencia de que si quería imponerse al Paganismo, debía desvirtuar el carácter religioso de los Cultos precristianos, empezando por desarraigar primero las prácticas y después las creencias tradicionales. Nunca quiso “competir” socialmente en igualdad, huyó de los debates y no fue extraño que replicase a sus detractores una vez fallecidos, y sólo cuando estuvo protegido por lanzas, se expuso pública y abiertamente a los Cultos precristianos.

Es entonces, cuando las prácticas religiosas paganas se confunden con las Cristianas, que las solapan, y los SACRIFICIOS acaban equiparándose a los MALEFICIOS, de tal forma que se confundirá al sacerdote con el hechicero. Así, cuando el sacerdote deja de verse como un intermediario ante los Dioses, para convertirse en un “emisario” del Mal, quien utiliza sus conocimientos contra sus vecinos ya por vileza, interés o avaricia, la percepción cambiaría. No fue un proceso rápido o natural y ni tan siquiera entonces supuso un odio generalizado, sino un miedo focalizado y episódico, una transformación constante y secular hasta que este cambio de mentalidad se impuso. El terror, la falta de libertad y la educación, darían sus frutos.

Incluso hoy en día, siguen confundiendo hechicero con brujo como algo usual, y por lo tanto blanqueando la perversión de un lenguaje falaz y represivo con fines ideológicos. Que traduzcamos las palabras que daban nombre a la Hechicería clásica, por ejemplo hechiceros, farmacéuticos, fatídicos, maléficos, venéficos o sortílegos, por brujos, es una rémora estúpida, una sinrazón por obcecarnos en utilizarla mal aún a sabiendas que lo hacemos, que ha contribuido a que persista el sentido inapropiado que le damos a ambos términos. Parece que, como hacen los cleros Cristianos con su libro sagrado, quisiésemos engañar y confundir al lector, como cuando traducen prostituto sagrado (qadesh, peyorativamente keleb, ‘perro’), promiscuo (arsenokoites) o disoluto (malakoi) por ‘homosexual’. Ellos, para reforzar una hostilidad ya de por sí evidente, nosotros, por complejo, ignorancia e interés.

Fijémonos, que la palabra bruja no aparece por ningún lado en estos contextos, y sin embargo en la Edad Media serán los cristianos quienes utilizarán este término para denominar o “traducir” todas ellas:

Et primo de falsa opinione credentium illas maleficas et sortílegas mulierculas que ut plurimum vigent in regione basconica ad septentrionalem partem montium pirineorum que vulgariter broxe nuncupatur posse transferri de loco in locum per reales mutationes. […]”

Es falsa la opinión de los que creen que tales mujerzuelas -sortílegas– y maléficas, que tanto abundan en la región de los bascones, parte septentrional de los montes Pirineos[281], y que vulgarmente se llaman brujas[282], puedan viajar de lugar en lugar realmente. […]”.*

No podemos acostumbrarnos, a convivir con la mentira y la tergiversación de tal manera que seamos nosotros mismos quienes abanderemos la farsa. Y no es por desmerecer la Hechicería o restar alcance a la Brujería, sino para devolver a cada cual el sentido original, el que tuvo y le dieron nuestros Antepasados, el que por respeto, honestidad y coherencia, deberíamos darle actualmente nosotros.

Si quisiéramos unas definiciones rápidas, pero fieles a la etimología y el sentido principal de éstos términos, tendríamos:

Brujería. ‘El Oficio o la Práctica de la Wicca’. La acción de profesar ritos y ceremonias religiosas y mágicas, el sacrificio y la consagración.

Hechicería. ‘Lo que se hace artificialmente, no natural, hecho por la mano del hombre’. La formulación y la práctica de técnicas mágicas.

Marcar la diferencia, ni mucho menos significa que la Magia no forme parte de la Brujería, que el hechicero no pueda ser brujo o que el brujo no sepa de hechicería, sino que las cosas deben alinearse conforme a su naturaleza, al margen de intereses, opiniones o los deseos de nadie. O sea, los brujos pueden ser hechiceros, pero sólo los hechiceros que se han iniciado en la Brujería, son brujos. Se puede extrapolar a cualquier religión, pero siempre teniendo en cuenta que decir Brujería es como decir Paganismo, que se puede ser pagano y no por eso druida o godi, por ejemplo.

El Culto de la Brujería, esto es, la Práctica de la Wicca, es una religión ancestral que merece la consideración debida por el mero hecho de serlo, por haber preservado muchas de nuestras tradiciones y por el sentimiento religioso de sus fieles. La Hechicería, en cuanto a ser una técnica “mágica”, ha de tenerse en consideración y tratarla con el respeto que se merece; el error, está en emparejarlas o supeditarlas.

Recapitulando y por darle un contexto final a la imagen: respetar la Tradición no somete, te libera. No somete, porque no te obliga a seguirla, sino a respetarla; y libera, porque no te compromete más allá de ser consecuente y honesto con la Historia.

© Fernando González

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* Martín de Andosilla y Arlés. DE SUPERSTITIONIBUS, 7. Introducción, traducción y notas de Félix-Tomás López Gurpegui.

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Aunque ya lo hemos explicado alguna que otra vez, es necesario seguir replicando al chorreo constante de artículos y opiniones de quienes defienden la posibilidad que exista una hipotética Wicca ecléctica. En todo caso, la nuestra nunca será más que una crítica nimia frente a los cientos de documentos que salen diariamente, a favor del eclecticismo.

Para enfocar nuestra crítica, aportemos primero las definiciones populares, que son las que apoyan los partidarios de esta nueva moda, y después las definiciones que damos sus detractores, en este caso Wicca Celtíbera, que no hablamos en nombre de nadie ni nos consta si públicamente, alguien más comparte nuestro criterio sobre el particular.

▪️WICCA ECLÉCTICA

Entienden, que es una rama de la Wicca constituida por quienes se definen como Wiccanos Solitarios, que son aquellos que no formando parte de ninguna Tradición Wicca pero habiéndose autoiniciado como wiccanos, optan seguir un Sistema religioso personal y ecléctico, aunque en algunos casos se unan para formar nuevas tradiciones.

Cabe añadir, que por lo común y en especial para Gardnerianos y Alexandrinos, ecléctico es todo lo que no desciende del linaje de Gardner, siendo ecléctico el espacio en el que se agrupan independientemente que sean personas o Cultos, y la Wicca Tradicional, a la contra, es el espacio que ocupan sus propios iniciados y Tradiciones…

En realidad, la Wicca Ecléctica es el nombre dado a una imaginaria “rama” inexistente de la Wicca, para referirse a todos aquellos que se dicen así mismos wiccanos, por lo común hechiceros, sin estar iniciados en ninguna Tradición Wicca, y que al no seguir criterios tradicionales ni tener una formación religiosa estructurada, deciden qué y cómo creer y practicar su propia fe, eligiendo los Dioses, creencias y ritos de cualquier religión o inventados y una vez mezclado todo, dar a su idea de lo religioso el nombre de Wicca.

Es cierto, que esto que llaman Wicca Ecléctica se contrapone a una Wicca Tradicional, que lo es por ser la última manifestación de la Wicca Histórica, que a través del Culto de la Brujería mantiene la Tradición desde formas religiosas ancestrales y los patrones y sistemas religiosos de los pueblos indoeuropeos. La Wicca Tradicional, no depende de ningún linaje por el mero hecho de serlo, sino por el tipo de Sistema que tenga.

▪️SISTEMA ECLÉCTICO.

Entienden, que es la opción que tiene cualquiera que se defina como wiccano, para elegir en qué creer y cómo practicar la Wicca siguiendo un guión mínimo, mezclando sus propias convicciones y prácticas con las de diferentes religiones, hasta producir un sistema de creencias propio y personalizado que el interesado encuentre armónico…

Sin embargo, el Sistema Ecléctico wiccano es una entelequia egocéntrica creada con la idea de amparar el presunto “derecho” del individuo (wiccano solitario), a manipular la historia y la tradición a su favor para hacer pasar por wiccano un sistema religioso que nunca lo fue, bajo el pretexto que la Wicca es una religión moderna e inacabada y todas las opiniones y aportaciones son válidas, y tienen igual derecho que un Culto tradicional, a que lo suyo sea Wicca. O sea, creer que la religión “a la carta” supone, además de inventar una nueva religión a través de la intuición y préstamos de diferentes religiones, suplantar la identidad de cualquiera de las que se tome prestado, en este caso la Wicca, en vez de aceptar que lo que ha creado sea otra nueva y distinta.

▪️WICCANO SOLITARIO

Entienden, que es aquella persona que no pertenece a ninguna Tradición Wicca, pero que se hizo wiccana así misma, estudiando por su cuenta y autoiniciándose en la Wicca…

En verdad, el Wiccano Solitario es aquél que se beneficia del reconocimiento que se autoconcede y le otorga una mayoría de la Comunidad wiccana, para presentarse como wiccano sin estar iniciado en ninguna Tradición Wicca porque se ha “iniciado” así mismo. Actualmente, empiezan a aparecer sacerdotes wiccanos solitarios, que dicen tener la potestad de intermediar entre los hombres y los Dioses.

Este término, fue creado para ubicar a todos aquellos hechiceros que decían ser brujos pero no practicaban el Culto de la Brujería, de tal forma que cuando se empiezan a visibilizar los Cultos Tradicionales y definirse como Wicca, no aceptan seguir las normas pero sí que se les reconozca como wiccanos. Sin preparación ni formación religiosa, serán quienes recurran al eclecticismo y defender que son wiccanos “independientes” (solitarios) de cualquier Tradición, ya por una hipotética “revelación” o convicción íntima, por “derecho” o por haberlo “heredado” presuntamente de su familia.

A finales de los años 80 del siglo pasado, la depreciación de este tipo de pseudowicca propició la creación de un nuevo espacio que llamaron Brujería Tradicional, volviendo a usar un término preexistente de manera inadecuada, y que parte en dos mitades Wicca y Brujería y las presenta como distintas. Al ceder una vez más con estas frivolidades, aceptan que de nuevo utilicen la Wicca mientras la descalifican de manera constante.

▪️WICCA TRADICIONAL

Entienden, que es la Tradición Wicca que puede demostrar un linaje que comience en Gardner y cuyas creencias y prácticas tengan una base gardneriana.

Realmente, la Wicca Tradicional es el título que lleva toda Tradición que provenga del Culto de la Brujería (Brujería Tradicional), esto es, de la Práctica de la Wicca (Histórica) entre los pueblos indoeuropeos, que será de donde venga el nombre y el significado.

En tanto que el linaje de Gardner mantenga y transmita esto, depurando si es necesario préstamos ajenos a nuestros legados indoeuropeos, será efectivamente tradicional, pero como lo son aquellas otras Tradiciones que conserven el mismo Patrón.

Es un error, confundir ser los primeros en marcar la diferencia entre Tradicional y Ecléctico, con creerse los únicos. Sobre todo, porque fueron ellos mismos quienes se inventaron una Wicca ecléctica para distinguirse de todos los que no descendían de su linaje y de los oportunistas. Como es un error, conceder que cualquiera pueda llamarse wiccano sin serlo. Y todo, por no hablar desde el sentido común, y dejar claro que quien no esté iniciado en una Tradición Wicca, no es wiccano. Punto.

Vistos los conceptos, y entroncando con artículos anteriores, recordemos tres aspectos muy simples pero esenciales para comprender la farsa en la que nos obligan a creer.

1º.- Ecléctico y Tradicional, son antónimos. Lo nuevo a partir de lo diferente, no puede asimilarse a aquello que se lega con intención de perpetuarse.

2º.- Tradicional y solitario, son antónimos. Tradición viene del lat. tradere, ‘transmitir, entregar’; es lo que se recibe, no lo que se escoge, personaliza (para uno solo) y cambia.

3º.- Solitario y religioso, son antónimos. Si la religión, es la creencia y práctica común de un grupo humano, no puede haber una religión de uno solo. Eso, es espiritualidad.

Ergo, si la Wicca es una religión Tradicional de carácter Hermético, Mistérico e Iniciático, no puede ser Ecléctica, sus creencias y prácticas no se pueden inventar o mezclar con otras de religiones diferentes, ni puede seguirse independientemente, porque necesita de una doctrina religiosa que se transmita según los cánones iniciáticos establecidos por la misma. Y si podemos llamar a alguien wiccano solitario, es porque no esté en ningún coven, no porque practique la Wicca siguiendo su propio criterio. Las pautas diferentes de una misma religión, es lo que da sentido a sus diferentes tradiciones, y nunca el absurdo que exista una tradición diferente para cada persona fiel a una misma religión.

Confundir los enunciados difamatorios (hechicería, Magia negra, etc.) que la publicidad cristiana utilizó contra la Brujería para menoscabar el carácter religioso de la Wicca, con el sentido que realmente tuvo la Wicca entre nuestros Antepasados, no es tradicional, es estúpido. Tampoco tiene sentido, mezclar la Wicca con préstamos judeocristianos y cabalísticos (gnósticos), que usaron hechiceros y magos medievales para compensar su falta de información con un exceso de “creatividad”, y menos rizar el rizo como cuando para colmo, nos cuentan que no va unido la práctica de algo (Brujería), con el algo que se practica (Wicca)… ¿a que va a ser verdad, que nos toman a todos por idiotas?

En fin, pensar que una persona a título individual tenga derecho a modificar a su gusto una religión a la que ni tan siquiera pertenece, llamarlo como esa religión y hablar en su nombre, es uno de esos disparates que la Comunidad Wiccana pagará durante décadas. ¿De verdad creemos, que Traicionar a nuestros Ancestros, mentir a nuestros Hermanos e hipotecar el futuro de nuestras Religiones por ego, dinero y desidia, no va tener consecuencias? Cuán poco respeto tenemos, por los Dioses que decimos adorar…

© Fernando González

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A consecuencia de la ola mundial de incendios que asolan la Tierra, viene a mi mente una antiquísima costumbre de nuestros Cultos precristianos que creo no ponemos en práctica desde hace mucho tiempo, ni las veces ni en los lugares que sin duda deberíamos hacer, una práctica que no hemos respetado debidamente y tampoco restituimos como se supone habría que hacerse. Me refiero, a mantener y renovar la fidelidad de los lugares consagrados y la Consagración de los espacios naturales bajo la advocación de nuestros Dioses.

Ayer, mientras compartía la iniciativa de una Cadena de Oración contra el fuego que arrasa el Planeta, y preparaba la petición a los Dioses protectores de bosques, ríos y montañas, de la Naturaleza y el Clima, para frenar y consumir estos fuegos incontrolados, me vino a la cabeza esta Tradición NUESTRA, del patro/matronazgo de ciertos espacios naturales a nuestras Divinidades, que hoy quizá hemos dejado más para el estudio que para nuestras prácticas.

Si realizamos nuestros ritos en lugares que ya sabemos consagrados a una Divinidad, no solemos revitalizar esa advocación más allá y en el mejor de los casos, de solicitar a la Deidad que interceda por la consecución del rito o nuestros propósitos. Pero en muy pocas ocasiones, por abrir alguna posibilidad a la prudencia, solemos renovar esta advocación con ceremonias concretas, agradecer con ofrendas su atención e incluso encadenar con esconjuraciones la profanación o el daño malintencionado de estos lugares.

Y es que, el ser humano no es solo observador o testigo de lo que ocurre en los espacios naturales, sino también parte activa de su seguridad y sostén, garante y cocustodio de los mismos en virtud de saberlos además de naturales, insuflados por la esencia de los Dioses y de los Espíritus de la Naturaleza.

Es evidente, y habrá quienes con razón nos lo recuerden, que toda Naturaleza es Sagrada y está ya santificada de por sí o como parte de lo Divino, pero, diría yo, como lo está el Sol y sin embargo no dudamos en cuidar su tránsito con escrupulosidad, celebrando sus efemérides cíclicamente. Hemos de tener en cuenta, que la RENOVACIÓN forma parte y no menor de las liturgias paganas, y que contemplar religiosamente esta vinculación y patronazgos nunca está de más y por ser más precisos, siempre habría que contemplarse de manera fija.

No quiero que se entienda esta reflexión, como un reproche hacia nadie, que en todo caso lo sería para todos nosotros, sino como una llamada para que pongamos más atención, si no solemos hacerlo, en esta parte de nuestras prácticas, y animarnos a tener un compromiso aún mayor hacia nuestro entorno del que formamos parte.

Y ahora sí, teniendo esto presente, bien podríamos completarlo con una serie de medidas o acciones sagradas y mundanas que ya planteé y entiendo que ayudarían a este propósito:

1º.- Cuidar, escudar y custodiar los bosques, selvas y parajes naturales que aún conservamos.

2º.- Reforestar, proteger y preservar de la especulación, las zonas arrasadas por las llamas.

3º.- Execrar a quienes provocan, consienten o mantienen su quema indiscriminada para su lucro e interés.

Y, en fin, apostillaría que todo esto no tendría sentido sin recordar dónde ha de recaer nuestro mayor esfuerzo, que es en la EDUCACIÓN. Que atacar el síntoma de una enfermedad, no la combate, sino que reduce las consecuencias que nos ocasiona.

© Fernando González

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Siempre que tocamos el origen de la Wicca, su relación con la Brujería y su pertenencia al Paganismo y a los Cultos Precristianos, surge quemazón, úlceras y escándalo principalmente entre los “influencer” del Paganismo, sobre todo si la información se presenta desde un punto de vista histórico, porque su soberbia les hace incapaces de reconocer algún error o no saberlo todo, y porque tienen un interés personal en mantener las falacias con las que se hicieron un “nombre”, creyendo que desmentirlas o corregirse comprometería la posverdad en la que viven y de la que no quieren renegar.

Y no nos referimos a la Historia Contemporánea e incluso Moderna de la Wicca, en donde la quieren “encerrar” porque no supone ningún quebranto a su credibilidad, sino a la verdadera historia de la Wicca, a esa que no se lee en la pseudoenciclopedia Wikipedia ni en las fakes de Facebook. Esa Historia, nos hace remontarnos al menos al Calcolítico Europeo, tiempo del presunto origen de la palabra y punto de partida más o menos conocido del que sabemos algunos de sus significados. Suprimir este origen y pasado, es tan “apropiado” como negar una historia del Cristianismo anterior al Concilio de Trento.

Por ejemplo: si cuando decimos que la Brujería surge y se llama así gracias a la Wicca, que es la que construye la palabra y que por lo tanto no puede ser posterior a la palabra que nace de ella, ¿qué hay de incierto en esto? Las HOMILÍAS ANGLOSAJONAS del Abad Elfrico (s. X e.a.), no dejan lugar a dudas: Brujería (Witchcraft), viene de WICCE-CRÆFTE (la práctica de la Wicca), y por lo tanto como palabra y concepto nuevo es posterior aunque signifique la misma cosa, un hecho conocido y demostrado por la etimología y la epigrafía, no un opinión ni una idea. Así que, ¿con qué razón, o mejor con qué derecho nos permitimos entonces, cuestionar o negar que la Wicca es anterior a la Brujería? Y si por brujería, fue como se conoció la Wicca a partir de la Alta Edad Media, ¿cómo podemos tener la desfachatez o la irresponsabilidad, de contar que son distintas y aún peor, de tergiversar la historia y decir que la Wicca sea una consecuencia moderna y desvirtuada de la Brujería?

Es verdad, que en un artículo no se puede profundizar o matizar en todos los contextos, porque lo haría difícil de leer y por regla general nadie lo leería entero, pero hay cosas que no necesitan más explicación que contrastarlo y admitir que es cierto o falso lo que se dice. ¿Existe el dato? Sí. ¿Es auténtico? Sí. ¿Dice lo que decimos? Sí. Pues sobre el origen de esta palabra, no hay más que discutir… cosa diferente, es que nos hayan enseñado lo contrario, que lo hayamos defendido así y nos cueste admitir que estábamos equivocados. En nuestras posibilidades, siempre hay que tratar de distinguir la DESCRIPCIÓN de un hecho, de la INTERPRETACIÓN que se haga del mismo. Y hoy, sufrimos las consecuencias de poner a un mismo nivel descripción e interpretación, por agradar a esa mayoría estúpida que es la masa, en cuanto que todos tienen derecho a tener razón, sepan o no de lo que hablen.

La justificación para sostener este dislate, se fundamenta en dos planteamientos:

1º.- Que el sentido o lo que representa la Brujería, es anterior al sentido y lo que representa la Wicca.

2º.- Que si falla el punto 1º, se puede decir que el significado de las palabras cambian con el tiempo, y que por lo tanto el sentido actual es el auténtico.

En cuanto al primer punto, no hay nada más sencillo para comprobar su verosimilitud, que enfrentar la palabra al sentido que se le quiso dar cuando se formuló. Esto es, si brujería significa ‘la práctica de la Wicca’, la práctica de algo que ya se conoce y tiene una explicación concreta y preexistente, es imposible que aquello que se realiza (wicca) sea posterior a la palabra que lo explica (wicce-cræfte).

Más claro: Si sabemos que durante el desarrollo del ser humano existió un “periodo que comprende el uso de las primeras herramientas de piedra”, no es posible que ese periodo sea posterior a la creación del término Paleolítico (1852), ni que la construcción de edificios de piedra sea un conocimiento anterior a la fabricación de bifaces.

Por otra parte y atendiendo al segundo punto: que hoy en día surja una persona o un grupo de personas que decidan, que por Paleolítico debe entenderse el periodo durante el que se construyen las primeras Catedrales, ni estarán en lo cierto ni haríamos lo correcto aceptando algo tan absurdo porque lo afirmen muchos, y porque todos tengan el presunto derecho a llamar a las cosas como les venga en gana.

Frente a la opinión, está la razón: Como decimos, Wicca viene del indoeuropeo, del protoindoeuropeo concretamente, y por lo tanto tiene referencias en muchas lenguas, no sólo en la anglosajona, si bien es verdad que será a partir del Anglosajón y el Germano que se construya la voz witchcraft, que no Wicca. El anglosajón, es una lengua hablada a partir de la Alta Edad Media, el indoeuropeo, al menos desde el Calcolítico, la diferencia es muy grande.

El término wicca (+ueik-), es polisémico y está muy extendido por Europa. Por ejemplo, construye el término gr. oikos, ‘hogar, casa’, y el lat uicus, ‘villa, aldea’, y también ‘casa del Clan’. De alguna manera, todos estos conceptos están en su mayoría relacionados con lo religioso, como el Lar, el fuego del hogar, la casa comunitaria de la tribu o el núcleo más pequeño suprafamiliar, la Aldea. De hecho, hay por toda Europa y por la Península Ibérica en especial, referencias epigráficas de los uicani (wiccanos) dirigidas a Divinidades indígenas, hasta el punto de señalar la persistencia de los Cultos Nativos frente a la romanización, en aquellos lugares donde aparece la palabra uiccani. No es insustancial, que el término peyorativo de pagano, que utilizaron los romanos antes que los cristianos y con un sentido similar, sustituyó el de uicano, como persona “supersticiosa’, que mantenía los Cultos prerromanos y agrícolas antes que el de la Urbe (Roma)… paradojas del destino o justicia Divina, hacia una palabra que se me hace extraño despreciemos hoy con tanta ligereza.

Con todo esto, hay que remarcar que el término wicca no nos es extraño en España, por mucho que haya pasado “desapercibido” para una gran mayoría de la comunidad pagana actual.

Y en cuanto al término español brujería, es verdad que no se tiene la certeza de su origen ni significado, si bien los estudios están un poco más avanzados hoy en día, y hay una líneas o directrices bastante bien enfocadas en este sentido:

a.- La palabra “brujería” (broxaria), es de origen prerromano. Casi con toda probabilidad, celta.

b.- Su significado, está relacionado con personas de alto rango y consideración, sin duda con la 1ª función dumeziliana, la Sagrada.

c.- El Cristianismo equiparó y utilizó como sinónimo el término “brujería” con el de “witchcraft”, dándole el mismo significado.

La etimología, apunta a la raíz celta BROUGH/BRIGA, ‘alto, elevado’, probablemente seguido de algún superlativo, lo que sin duda podríamos equiparar con los nombres de otros cleros que nos son conocidos. Por desgracia, no sabemos si el término es original precristiano o como en el caso de “witchcraft”, una construcción cristiana a partir de unir términos indígenas…

En fin, podremos especular o buscar una explicación a que la palabra Wicca existiese antes que la palabra Brujería, a que la palabra Wicca construyese la palabra Brujería y a que la palabra Wicca, explique a qué se refiere la palabra Brujería, pero lo que no puede ponerse en duda es el hecho en sí mismo. Y si la palabra Brujería, significa “la práctica de la Wicca” (sic), solo caben tres consecuencias:

1º.- Que la Brujería Tradicional, la antigua, la que le da el nombre y la explica, hace referencia a una práctica llamada Wicca.

2º.- Que la palabra wicca, hace referencia a unas prácticas ancestrales (paganas) cuanto menos anteriores a que existiese una palabra que las defina como brujería.

3º.- Que esas prácticas, marcan el sentido y el significado primero de la palabra Wicca y después de la palabra Brujería.

Por lo tanto, hay una Brujería Tradicional, que es la histórica, que viene directamente de la Wicca, y hay una Wicca Tradicional, que es histórica (Wicca Histórica), que viene de las prácticas ancestrales que la describen. Sobre el término Wicca, no tenemos más que recurrir a los diccionarios etimológicos especializados, y comprobar si lo que estamos diciendo es verdadero o falso.

La relación de la Brujería con el Paganismo, viene dada desde el momento histórico que se equipará o explica esa relación, y por lo tanto debemos ceñirnos al momento de la aparición o difusión de la palabra. Pues bien, sabemos que la palabra Brujería surge en la Alta Edad Media, PARA DEFINIR EN LENGUAS NATIVAS LAS PRÁCTICAS PAGANAS. ¿Y qué es lo que se explica? Leyendo las entradas etimológicas de Pokorny, Göbler, Watkins, etc., tendremos la respuesta.

Aún cuando la mayoría de las referencias de las que disponemos, son fuentes cristianas, hay otras que obviamos, quizá no tantas pero también importantes, por no decir que además hemos hecho un uso selectivo de las Fuentes Cristianas, para coger lo que nos interesa y despreciar o desconocer el resto. Y es en ese resto, precisamente, donde se explica lo que una gran parte del Paganismo actual no quiere aceptar, y es que a lo que se llamó brujería fue al mismísimo Paganismo, que el Cristianismo demonizó esas prácticas después, quitándole importancia a su religiosidad precristiana para convertirlo en una desviación herética (ver Agustin de Hipona), y que si reducimos a hechicería la brujería, estamos reduciendo a hechicería al propio Paganismo.

© Fernando González

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Leyendo, la presentación de una obra que trata sobre la presunta invención de algunas tradiciones insulares europeas (Islas Británicas) * , me han venido a la cabeza una mezcla de sentimientos y razones, tanto a favor como en contra, en cuanto a esta posibilidad, a que puedan haber sobrevivido o crearse presuntas tradiciones “inventadas”.

Dicho esto, no es mi intención criticar la obra o hablar de ella más allá del título, que es lo que ha llamado mi atención [1]. Y lo hago, entendiendo que no sea objeto de la misma equiparar posibles licencias a la hora de “celtizar” ciertas costumbres más o menos arraigadas entre estos pueblos o incluso exagerar su antigüedad, con querer aplicar la misma fórmula a los Cultos Nativos actuales, cuyas Tradiciones, por serlo, no pueden “inventarse”. Sino que para éstos casos y por lo que cuentan, parecen centrarse en la utilización ideológica (política) de ciertas costumbres, para defenderse de los intentos de aculturización por parte de otra cultura dominante. Cosa muy diferente, sería desmontar a quienes se abroguen representar Cultos Nativos sin capacidad para hacerlo, mezclando de aquí y de allá y desvirtuando precisamente las tradiciones, por ejemplo desacralizándolas (!), en virtud que digan sea natural hacerlo, que de estos y otros “inventos” es cierto que hay mucho por escribir y destapar. Pero, no hablamos de esto.

Siquiera, por puntualizar algo más la información que se da en la presentación sobre el caso de la “gaita” y del “kilt” entre los celtas, decir en el caso de la Gaita que siendo cierto no poder identificarla con un instrumento identitario celta y menos irlandés o escocés, este instrumento es antiquísimo y está documentado entre griegos, romanos, hindúes, egipcios, etc., con amplia localización en diferentes pueblos y edades, por lo que no debería parecernos extraña su presencia entre los celtas en un momento indeterminado de la Antigüedad, si bien entiendo acertado no hacerla un elemento destacado de una cultura o sociedad concreta:

Aunque no ha llegado hasta nosotros ninguna mención o representación gráfica de la gaita anterior al Siglo V (ADC), se supone que ésta comenzó a ser utilizada mucho antes, ya que una forma primitiva del instrumento, básicamente compuesta por un reed-pipe o horn-pipe unido a una bolsa de cuero, se ha encontrado frecuentemente en las tradiciones ancestrales de los pueblos comprendidos en una amplia región que se extiende desde la Europa Atlántica y el Maghreb hasta los montes Urales y la India, incluyendo a Europa Oriental y el Medio Oriente. Según algunos expertos, el motivo por el cual no se menciona el instrumento hasta el Siglo V (ADC) es que éste era ejecutado principalmente por individuos pertenecientes a estratos inferiores de la sociedad, como los pastores y los mendigos, y no era considerado de tanta importancia como para ser mencionado o representado en pinturas o grabados.” (La negrita es mía). [2]

De hecho, siguiendo a Rodríguez Ruidíaz, leemos referencias escritas a lo largo de la Historia Antigua (Aristófanes, LISÍSTRATA y LOS ARCANIOS, o Suetonio, VIDA DE LOS DOCE CÉSARES, etc.), en las que se menciona el uso de este instrumento musical. Instrumento, que sigue apareciendo en la Edad Media sobre todo a partir del s. XII, como en el caso de las CANTIGAS DE SANTA MARÍA, recopiladas en el s. XIII por Alfonso X el Sabio. Así que, en un pasado quizá no tan remoto (Edad Media), los pueblos celtas descendientes de los celtas históricos, bien pudieron hacer suyo un elemento reconocido desde antiguo en su paisaje musical, como lo es la gaita, e interiorizarlo como propio de su identidad quizá por verse ésta de alguna manera amenazada o para reforzarla; circunstancia, que no debemos llevar al extremo de creerla una “invención” -y menos- moderna, pues el uso de gaitas en el folclore céltico insular (Irlanda y Escocía) al menos desde el medievo, no es una invención, si bien lo sea hacerlo exclusivo o diferencial de aquellas poblaciones o de los Celtas.

Que entre los celtas (celtíberos) se conocía y lo más importante se utilizaba la gaita al menos desde la romanización, tenemos ejemplos de peso como el de Bracara Augusta (Braga, Portugal), donde puede identificarse un instrumento muy similar, quizá la gaita Romana o utricularius (tibia utricularis, en gr. askaules), tocada junto a un órgano hidráulico tal y como se ve en la imagen de una lucerna hallada en esta ciudad sobre el año 200 e.a. Y esto no es poca cosa, porque al margen que sepamos del uso de gaitas antes de la Era actual, que fuese habitual en espacios solemnes, lúdicos, y religiosos entre los celtas, más que desmerecer la hipótesis de un instrumento celta identitario para Irlanda y Escocía, nos lleva a considerar que la gaita fue un instrumento habitual entre los celtas, que es exagerado o falso hacerlo especialmente nuestro pero por lo mismo que es radicalmente capcioso dar a entender o decir que esta relación entre la gaita y los celtas, sea un “invento” moderno:

El otro instrumento representado en la lucerna corresponde a una gaita, objeto musical de origen incierto, aunque probablemente egipcio (aproximadamente 2500 a.C.). Según algunos autores su origen se relaciona con los ciclos pastoriles (Winternitz 1943: 62; Caro Baroja 1943: 189); otros asocian su origen a los pueblos celtas (Oliveira 2000: 222). Con gran aceptación en la Edad Media la gaita ha sido, sobre todo, asociada a un instrumento popular, y aún hoy es utilizada en festejos públicos, de carácter popular y tradicional. Según Ernesto Veiga de Oliveira (2000: 230- 31), es posible admitir que en Occidente este instrumento pudo también estar asociado a antiguas tradiciones, a las grandes fiestas públicas y a celebraciones religiosas importantes.” [3]

Incluso de querer profundizar, que no queremos, podríamos tocar el tema etimológico, que al menos para lo relativo al término ibérico (gaita), actualmente dicen que procede del gótico gaits, ‘cabra’, en referencia a la bolsa o fuelle que puede estar hecha de la piel de este animal. Pero, es un tema que tampoco está cerrado, porque no hace mucho ha salido un estudio que abre la posibilidad que en realidad esta palabra provenga del gaélico, es decir, del celta, en concreto de la raíz ““gaíth” / “gáeth” / “gaoth”, que significa viento en irlandés antiguo, gaélico irlandés medio y gaélico escocés moderno, respectivamente.[4]

El caso del Kilt, es más complejo. Pero no por falta de evidencias, sino porque influyen otros factores. De entrada, la existencia del kilt como prenda identitaria celta es indiscutible, se llame o no se llame así, porque dudo mucho que los celtas históricos gallegos le diesen un nombre escandinavo -luego se me entenderá-. Cosa diferente es que, como fue el caso de los celtas insulares, se impusiese el anglosajón como lengua vehicular y utilizasen términos con raíces germánicas y escandinavas ya desde la Baja Edad Media.

Pero, ¿qué es el KILT? Siguiendo la página TARTAN GALLAECIA, El tartan oficial de Galicia, leemos que Kilt, “… es el nombre de un tipo de falda masculina confeccionada con un diseño en tartan, que fue popularizada durante el Resurgimiento del siglo XIX en Escocia. Desde finales del siglo XX, el kilt empezó también a ser adoptado progresivamente en el resto de los Países Celtas como una señal de la moderna identidad celta y de revivalismo histórico en ciertos contextos folclóricos.

Aunque el kilt es comunmente asociado sólo a Escocia, donde esta prenda es el traje nacional desde hace dos siglos, lo cierto es que la falda masculina no es únicamente escocesa sino que es parte de una más extensa moda europea.

Las faldas masculinas fueron la moda común en la mayor parte de la historia textil atlántica, incluida Galicia, durante más de un milenio. De hecho, los pantalones que todos vestimos por norma en la moda masculina de hoy en día, sólo se convirtieron en una prenda de uso regular en Europa desde el siglo XVI.[5]

Y en cuanto al tartán, “… es un tejido hecho a base de un diseño geométrico secuencial de lineas de colores y proporciones variadas que producen una apariencia final en forma de cuadros.

Tradicionalmente, el tartan se producía en telares artesanales de cuatro barras utilizando hilos de lana teñidos en diferentes colores. La tejedora entretejía los hilos en una secuencia de colores y proporciones determinada para producir el diseño o tartan deseado en el tejido.

La producción del tartan es una técnica textil practicada en Europa occidental desde hace miles de años, que sobrevivió el paso de los siglos y llegó hasta nuestros días.[6]

Esta antigüedad, no es poca cosa, porque prendas con diseño en tartán se remontan a los indoeuropeos y por supuesto a los celtas arcaicos, como por ejemplo el tartán de las minas de sal de Hallstatt, Austria.

El uso de una prenda de vestir en tartán, como lo era la falda corta entre los hombres celtas, no es una invención, sino un hecho. Cosa diferente, es que pueda ponerse en duda que por ejemplo existiese una tradición milenaria sobre que los colores del tartán, identificasen a los diferentes clanes (familias) de los celtas escoceses, y que eso en concreto, sea una invención moderna en realidad.

El tartán es tan antiguo como celta, y no hay más que ver las esculturas de los príncipes o guerreros galaicos, para dejar de poner en duda lo incuestionable. Esos mismos celtas gallegos, por cierto, que arribarían a Irlanda y de ahí a Escocía en tiempos pretéritos.

De una fecha de sobre el año 1200 a.C., se encontró también tejido con tartan en las minas de sal de Hallstatt, en los Alpes de Austria. […]

… Del siglo III a.C. se conservan dos muestras distintas que prueban igualmente la existencia del tartan en el Atlántico Europeo: el Falkirk Sett de Escocia y las estatuas de Guerreros Galaicos de la Gallaecia.

El Falkirk Sett es un paño hecho en un tartan simple de lana que fue encontrado enterrado en la Muralla de Antonino, cerca de la villa escocesa de Falkirk. Este tartan, guardado en el National Museum of Scotland, es la muestra más antigua de la existencia de tejido tartan en las Islas Británicas.

Contemporáneo al tartan caledonio de Falkirk, se conservan en la Gallaecia varias estatuas funerarias de Príncipes Galaicos. En las faldas de algunos de estos gigantes hombres de piedra se puede apreciar la decoración grabada en forma de cuadros, representando el tejido en tartan que los verdaderos guerreros de carne y hueso portarían en sus prendas.

Existen otros ejemplos de tejido en tartan con fechas ya más posteriores y en hallazgos encontrados en otros lugares de Europa desde Escandinavia a Francia.

No se sabe con certeza cuál es el origen de la palabra “tartan”. Se especula que la palabra actual que utilizamos para referirnos a este tipo de diseño textil probablemente fuese prestada del francés medieval Tiretaine, que haría referencia a un tejido hecho con lana y lino. Otros piensan que podría haber nacido a partir de las palabras gaélicas Tuar y Tan, que significan “color” y “comarca” respectivamente.” [7]

Quizá partiendo de esta segunda línea etimológica, sería más sencillo ensamblar una presunta tradición que identificase color con clan, pero sin incidir demasiado en ello por ahora, pues es posible que haya referencias de más peso.

A partir del Resurgimiento escocés del siglo XIX, las diferentes familias hidalgas o clanes de Escocia empezaron a adoptar cada una su diseño en tartan a modo de identificación heráldica.

Pero los historiadores piensan que el tartan, antes de adquirir esta moderna función de identificación familiar, pudo haber tenido una anterior función de identificación territorial.

En el siglo XVIII, un autor escocés llamado Martin dejó constancia que cada isla y comarca de las Highlands de Escocia utilizaba un diseño diferente de tartan, de modo que se podia adivinar el origen de cada persona por el diseño del tartan que se llevase como ropa.

Cuando hacia el siglo XIX el noble Sir Alan Cameron fundó el Regimiento militar de los Cameron Highlanders, adoptó un nuevo tartan con lineas rojas como uniforme de sus tropas, en base a haber sido el rojo el color predominante en los tartanes de la comarca de Lochaber.

Antiguamente, cuando no existían las tintas químicas, la combinación de colores de los tartanes rudimentarios estaba determinada por las tintas vegetales que hubiese disponibles en cada comarca. Las tintas vegetales se producían a partir de ciertas plantas, y algunas de esas plantas podían ser más abundante en una comarca que en otra.

Los historiadores creen que es posible que cada comarca tuviese un predominante diseño propio de tartan; fuese por costumbre, o más bien por razones de disponibilidad local de cierta gama de tintas vegetales, o probablemente por una combinación de las dos razones.

Cuando el tartan se puso de moda en Escocia en el siglo XIX, las principales familias hidalgas o clanes de cada comarca empezaron a adoptar el tartan como símbolo heráldico-textil de representar su linaje. Se piensa que el tartan fue primeramente el diseño textil característico de un territorio, hasta que finalmente en el siglo XIX pasó a ser el textil representativo de la familia o clan que gobernaba sobre ese territorio.[8]

Lamentablemente, desconozco la referencia de Martin, por lo que no puedo comentarla, si bien que exista este debate y presuntas fuentes que corroboren que el uso de determinados colores en los tartanes identificaba la zona geográfica de quienes los vestían, es un dato relevante a la hora de explicar por qué después se dice que los colores determinen los diferentes clanes (familias) a los que pertenezcan.

En cualquier caso, tenemos innumerables ejemplos de tradiciones inventadas, sin ir muy lejos en el Cristianismo, como para no saber de lo que hablamos. En efecto, el corpus doctrinal de las religiones cristianas está infestado de pseudotradiciones o mejor decir que casi es en sí mismo una parodia de las verdaderas leyendas y tradiciones paganas. Hechos falsos, tergiversaciones escandalosas y narraciones fabuladas como la hagiografía y los martirologios de unos hechos que jamás sucedieron o copiaron de otros más antiguos. Estas, son un ejemplo perfecto de falsas e inventadas tradiciones.

Creo, que no estaría de más ir diferenciando construir una identidad ancestral a partir de referencias tradicionales poco claras, como el caso de la celticidad de la gaita, con referirse a la “invención” de tradiciones religiosas de orígenes ancestrales, como lo son nuestras Tradiciones Nativas, que es quizá la excusa de muchos “gaiteros” que inventan antirrelatos sobre Cultos como la Wicca y el Druidismo, con la intención de menoscabar su legitimidad negándoles una antigüedad o tradición suficiente. La Tradición, ni puede ni debe caer en estas maquinaciones.

La Tradición no se inventa, en realidad se instituye, se conserva y se transmite, y lo contrario es que no existiese realmente o que de haber existido y no darse estas condiciones, desaparezca. Es muy sencillo, instituir, seguir o recoger una costumbre implica al grupo que se ocupa de ello, que mediante la transmisión a través del tiempo y frente a terceros les confiere una identidad propia y por lo tanto distinta de otros colectivos.

Y digo bien que una tradición no se inventa, porque hacerlo supondría desnaturalizar el fondo mismo que se le atribuye, que no es crear ad hoc una costumbre, queriendo asacarla, lo que supondría considerarla una pseudotradición, sino recoger una costumbre, doctrina, rasgo, práctica, rito, etc., y, como decimos, TRANSMITIRLA, del latín tradere (‘entregar, transmitir’), que de ahí es de donde viene el origen de la palabra tradición (traditio/onis).

Es cierto, que en ocasiones se suceden iniciativas interesadas en crear de la nada o a partir de antecedentes que nunca lo fueron, nuevas tradiciones con la etiqueta de antiguas, pero este tipo de iniciativa, léase fraude o manipulación, suele estar abocada al fracaso temprano.

Para que un conjunto de creencias y prácticas tomen las características identitarias que definen una Tradición, entiendo que deberían darse tres situaciones:

▪️Que existan previamente. Recoger unas costumbres, que existían con anterioridad.

▪️Que identifiquen a un grupo. Contribuir o definir la identidad de un colectivo.

▪️Que se transmitan. Traspasarlas a terceros, con la intención de perpetuarse.

Comprendiendo el objeto de este libro y el alcance que pretenden tener los autores con un enunciado (“La Invención de la Tradición”), no lo olvidemos, muy delicado, creo que por ser generalista ha de tenerse la precaución de no extrapolar los temas que trata, ni siquiera de soslayo, para crear una falsa idea de poder extenderlo al contexto religioso de nuestros Cultos Nativos. Y por otra parte, tampoco debería servirnos para justificar cualquier iniciativa que pretenda infravalorar la necesidad de conservar nuestras tradiciones, quizá con la peregrina idea que a fin de cuentas, muchas de ellas partan de supuestos “elegibles”, de inventar y seleccionar las referencias que más nos convengan, para “construir” una nueva identidad a la que podamos despojar lo que nos incomode de la original, aunque lleve su nombre.

Sí, es muy típico del pensamiento moderno suponer que podemos transformar el pasado a nuestro antojo, sin deudas ni consecuencias por alterar la Tradición que creemos representar, y hacerlo con la misma tranquilidad con la que criticamos a quienes sí las representan diciendo que las falsean (!).

En fin, creo que no podemos generalizar con todas las costumbres o tradiciones, ni mezclar lo ideológico (político) con lo religioso, pues la ideología usa la historia para JUSTIFICARSE, mientras que la religión recurre a ella para SOSTENERSE.

Moraleja: No es oro todo lo que reluce, pero tampoco es plomo todo lo que pesa.

© Fernando González

* https://www.facebook.com/photo.php?fbid=2549870571729761&set=a.301130856603755&type=3&sfns=mo

1.- Eric Hobsbawm y Terence Ranger (eds.) LA INVENCIÓN DE LA TRADICIÓN, VVAA 1ª Ed. 1983. En mi poder la edición de Editorial Crítica (2003).

2.- Armando Rodríguez Ruidíaz. LA GAITA, SUS ORÍGENES Y EVOLUCIÓN, p. 4.

3.- Rui Morais, Maria José Sousa, Javier Salido Domínguez. ARQUEOLOGÍA DE LA MÚSICA: GAITA, ÓRGANO HIDRÁULICO Y OTROS INSTRUMENTOS MUSICALES ROMANOS DE BRACARA AUGUSTA (BRAGA, PORTUGAL), p. 105. Portvgalia, Nova Série, vol. 35, Porto, DCTP-FLUP, 2014, pp. 101-116.

4.- https://www.farodevigo.es/sociedad-cultura/2014/09/24/situan-origen-palabra-gaita-vocablo/1099750.html

5.- http://www.tartan.galician.org/es/kilt.htm

6.- http://www.tartan.galician.org/es/historia.htm

7.Web cit.

8.Ibid.

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