Archive for 30 junio 2016

Cuando no eres consciente de lo que celebras, pero participas de la fiesta por “contagio”, del jolgorio haces jarana. Y esto nunca acaba bien, porque siempre hay quien acaba sufriendo o pagando tus excesos.
Si se utiliza un Festival de Renovación de la Naturaleza para congraciarse o exaltarla, todas las actividades que se reducen a divertirse a costa de ignorar estos propósitos y que terminan agrediendo nuestro entorno natural, ni la honra, ni te interesa, ni se enriquece.

Si se aprovecha un acontecimiento religioso, para dar rienda suelta al desfogue del estrés y de las frustraciones, se pervierte el sentido para el que está concebida la Celebración, corrompe el motivo por el que la gente se ha congregado y deslegitima nuestra presencia en la misma.

Si con esta actitud, se insultan las creencias de quienes participen devotamente de SU FIESTA, se ofende a quienes compartieron un espacio para festejarlo y se ensucia con los despojos de nuestra irresponsabilidad, deberíamos plantearnos si no estamos haciendo de nuestra libertad, libertinaje, y de su generosidad, desvergüenza.

Lo que hemos visto al amanecer del Solsticio de Verano, tanto en la fecha concreta en Stonehenge (Rio Unido) pero sobre todo en las réplicas de los día inmediatamente posteriores (España), vuelve a ser un insulto para la celebración y para quienes la celebran.

Estamos empezando a acostumbrarnos que durante nuestras festividades más multitudinarias, profanar de diferentes maneras los Lugares de Culto, principalmente o por serlo los Espacios públicos Naturales y Santuarios, se convierta en una constante y consecuencia de celebrarlas. Un mal que sabemos va a producirse y al que no vemos, buscamos o encontramos solución.

Cuando hablamos de falta de respeto, desmanes y basura tras nuestras festividades, a todos se nos viene a la cabeza el día después en Stonehenge o las decenas de playas españolas al amanecer de los días 24 o 25 del mismo mes.

Por cierto y para los más puristas, dos apuntes: quienes celebran las últimas bocanadas del Solsticio de Verano, aún vivo festivamente hablando algún día después, en tanto sea como consecuencia del hecho principal y siga la pauta ritual prefijada, la efeméride que el Cristianismo impondría para tratar de cristianizarlo, cosa que no consiguió, ni la sustituye ni lo modifica.

Los paganos SIGUIERON celebrando entre el 11 y el 25 de junio, las mismas fiestas y tradiciones de antaño, pero esta vez bajo el paraguas de otra de las efemérides que el Cristianismo se sacó de la manga para paliar la devoción pagana, la Noche de San Juan. Es absurdo suponer que el Cristianismo, que abolió o sustituyó las principales efemérides de los Cultos precristianos, en este caso concreto hubiese optado, para “confundir” a los nativos que llevaban miles de años calculando astronómicamente sus fechas y celebrándolo fielmente, correr la fiesta a uno o dos días después para que no supiesen qué estaban festejando.

Es más, es que defendían abiertamente que su objetivo era ligarse a los ritos solsticiales paganos, incapaces de erradicarlos. No querían cambiar de fechas, sino justificar por qué superponían sus propias conmemoraciones a las paganas. Si habían fijado el nacimiento de Jesús coincidiendo con el Solsticio de Invierno, el natalicio de Juan Bautista, que dicen sus textos sagrados había nacido seis meses antes y que apodaban “el Precursor”, tenía que haber sido en el Solsticio de Verano.

Así, leemos cómo Agustín de Hipona vincula los natalicios de Juan el Bautista y Jesús a los solsticios de verano e invierno, respectivamente, so pretexto que “… nace Juan cuando la luz del día comienza a disminuir y a crecer la noche; Cristo nace cuando las noches decrecen y los días se alargan. Y como si el mismo Juan hubiese advertido el simbolismo de los dos nacimientos, dijo: Conviene que él crezca y yo mengüe[…]” 1

Dicho esto, cuestión que aclararemos en los próximos días con un artículo exprofeso sobre la Noche de San Juan, volvamos al asunto del que nos hacemos eco hoy: la falta de conciencia y por qué no, la irresponsabilidad con la que mucha gente agrede nuestras Celebraciones y Espacios Sagrados, con la excusa de participar de nuestras fiestas, desbarrar sin miramientos y enmierdarlo todo sin preocuparse del efecto que provoca en la Naturaleza.

Los paganos, por regla general solemos ser cuidadosos y respetuosos con nuestro medio ambiente, de hecho sacralizamos la Naturaleza, por lo que no supone problema alguno prever los desperdicios de la fiesta y recogerlos para dejar el lugar, sagrado para nosotros, igual que lo encontramos. Igualmente, vemos en nuestros Santuarios lugares consagrados a nuestros Dioses, por lo que piedras, árboles y arroyos tienen el mismo valor que los altares de cualquier catedral cristiana. Esa no suele ser la causa de las imágenes que nos abochornan.

Sí es preocupante, que no seamos capaces de concienciar a los creyentes y demás participantes anónimos en nuestros ritos públicos abiertos, de la necesidad de preservar y proteger de nuestra irrupción el espacio que vayamos a utilizar para la celebración y por lo tanto de comportarse en consecuencia. Y por lo mismo que nadie bien nacido se recostaría alegremente para posar sobre la losa de la tumba de su madre, nosotros no lo hacemos sobre nuestros altares de piedra (megalitos), ensuciando nuestros ríos y campos o encaramados a nuestros árboles sagrados.

Por supuesto, no podemos ni controlar ni responsabilizarnos de aquellas otras fiestas que no oficiamos, que salvo casos muy localizados y concretos son aquellas que bajo el patronazgo cristiano más daño ocasionan. Con todo, es nuestro deber concienciar a las personas que maltratan nuestro entorno, del daño que provocan.

El problema en Stonehenge debe servirnos de ejemplo de lo que no podemos consentir que nos ocurra. Si solicitamos un espacio público, natural e/o histórico, hemos de dejar claro a quien quiera participar con nosotros, de su responsabilidad y obligación de cuidar nuestro espacio sagrado, que es el suyo propio como poco en tanto esté en él. Y si no lo entiende, no puede participar. Punto.

Asimismo, debemos pedir la colaboración de las Administraciones para que protejan el normal desarrollo de nuestras ceremonias públicas, evitando el intrusismo de quienes se apuntan a todo lo que les huela a incienso, cachondeo y excesos. Es preferible una fiesta con 20 personas conscientes de lo que viven y dónde están, que de 20.000 descontrolados para los que todo el monte es orégano y que lo único que entienden es que toda excusa es buena si de diversión se trata.

Contra lo que suceda en el transcurso de las fiestas de otros Cultos, repito, no podemos hacer más que denunciarlo y hacer pedagogia, concienciar a la sociedad de lo que tan imprudentemente ha dejado atrás: el respeto.

©Fernando González

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1.- Agustín de Hipona. Sermón 293. 1. Cartago, sermón del 24 de junio de 413 e.c., con motivo de la Festividad de San Juan Bautista.

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