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La Luna, está presente en todas las religiones antiguas, esto es un hecho indudable. Como lo es, que entre los Celtas y en concreto los Celtíberos tuvo una importancia clara que ha dejado huella en nuestras tradiciones y testimonio monumental y escrito en la Historia de nuestros pueblos.

Desde el tiempo de las cavernas en el Paleolítico, pasando por lo más recóndito de nuestros bosques durante la Edad Media e incluso en nuestras propias casas hoy en día, el sentimiento religioso del ser humano se ve impelido a invocar, celebrar o requerir el auxilio de la Hija de la Tierra de manera tácita y constante. Ya para atraer la abundancia, bendecirnos o protegernos, su influencia no ha dejado de manifestarse en múltiples formas y ocasiones, en no pocas presidiendo las fiestas más importantes de nuestros calendarios religiosos precristianos.

Buen ejemplo de ello, lo encontramos en la tradición celtíbera de dar culto durante los Plenilunios, documentada hace más de 2000 años y mantenida por la Brujería con el nombre de Akelarre:

“… los celtíberos y los otros pueblos que lindan con ellos por el Norte, todos los cuales tienen cierta divinidad innominada, a la que, en las noches de Luna llena, las familias rinden culto danzando, hasta el amanecer, ante las puertas de sus casas […]” [1]

La Luna, concentra en sí misma ser una Divinidad, la Manifestación de una Divinidad o el Medio para acceder y recibir la gracia o el auxilio de lo Divino, ya en forma masculina, femenina o bisexuada, si bien su carácter femenino es el que más se reproduce y mejor ha calado en la teología y el ideario popular. Esta Figura, muchas veces evocada como Madre o haciendo valer su faceta maternal, retuvo para sí y hasta no hace mucho su advocación durante el rito de bautismo pagano, donde los neonatos le eran presentados para su Bendición del Luar* y ponerles bajo su protección, o invocada para sanar a los niños que padecían una grave enfermedad:

Hasta incluso en las aldeas del Ayuntamiento portugués de Montalegre cuando nacía un niño se consideraba que era bueno mostrárselo a la Luna durante tres noches diciendo:

Lua, luar,

Deste-me um filho,

Ajudai-m’o a criar (Braga Barreiros, F. 1916, 91)

Mientras que en el distrito de Viana do Castelo cuando un niño estaba muy enfermo la madre se lo mostraban a la Luna y le rogaban diciendo:

Luar, luar,

Deixa-me o meu menino,

Que o quero criar (Cunha Brito, 1912, 292).[2]

La Hechicería popular, recogió esta fórmula cultual aplicándola a la consagración de sus fetiches (véase su sentido etimológico) [3], palabra que comparte raíz con hechizo [4]. De ahí, dejar bajo la Luz de la Luna objetos, amuletos y talismanes para que se “carguen” o consagrarlos determinadas noches y lunas. Una práctica, que como vemos tiene un origen atávico y vinculado al aspecto religioso de los Cultos precristianos.

Sea como fuere, la Luna, en concreto iluminarse bajo la luz que refleja, acompaña al ser humano en forma de mitos, leyendas, prácticas y creencias religiosas desde los albores de la Humanidad, sin olvidar que es por Ella que se elaboran los primeros calendarios religiosos-económicos, que con el tiempo darían lugar al Ciclo decemnovenal, también llamado Calendario Metónico en honor a su compilador el matemático Metón en el s. V a.e., o más conocidos con el nombre de Calendarios Luni-Solares, que son los que rigen los almanaques litúrgicos de muchas de nuestras viejas religiones. [5]

Esta Guía nuestra, que nace de las entrañas de la Tierra como consecuencia de un objeto venido del Cielo que impactó en nuestro planeta (Hierogamia), que guía las mareas, las cosechas e incluso la fertilidad, que inspira los sentimientos primarios del ser humano, que nos ilumina en la oscuridad y fortalece o bendice con sus rayos, con su LUAR, lleva en el ideario y ritual de nuestros pueblos desde que tenemos conocimiento de lo trascendente, y así fue y será en tanto existan Tradiciones que transmitan esta influencia y por qué no decirlo, esta “dependencia” hacia la Luna.

© Fernando González

* LUAR. Gallego, ‘Luz o brilló de la Luna’.

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1.- Estrabón. GEOGRAFÍA III, IV 16.

2.- Fernando Alonso Romero. CULTOS Y CREENCIAS EN TORNO A LOS MEGALITOS DEL ÁREA ATLÁNTICA EUROPEA, p. 150. Andavira Editora, 2012.

3.- http://etimologias.dechile.net/?fetiche

4.- http://etimologias.dechile.net/?hechizo

5.- https://planetastronomia.com/observacion/calendario-fase-lunar/

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Muchos, creen exagerado que insistamos tanto sobre el significado de wicca y brujería, y sin embargo el ritmo frenético de fakes no deja de sorprender y superarnos a diario. La desinformación constante, difundida por vídeos, libros, redes sociales y medios de comunicación, altera la percepción de la sociedad, creando dos “realidades” paralelas: lo que cree la gente que es la Wicca, y lo que es la Wicca en realidad… y es que después de siglos sin poder explicar qué somos, ahora quienes presumen ser -y no son- paganos, no dejan de meternos palos en las ruedas.

Y no nos llevemos a engaño, en la crítica estamos prácticamente solos. A excepción de Wicca Celtíbera y algún que otro verso suelto, nadie se quiere “mojar” desmintiendo nada, prefieren callar, si no balar, al ritmo de Wikipedia. Pasó algo similar, cuando defendíamos EN SOLITARIO que wicca es un término Indoeuropeo (paneuropeo) y muy anterior al Anglosajón. Esto, nos trajo innumerables críticas, acusándonos de mentir y falsear la historia para quitar a la Wicca su pretendida condición exclusiva y excluyente anglosajona, apropiarnos de forma ilegítima del término y justificar su presencia en España. Hoy, sin embargo, ya empiezan a utilizar nuestras referencias para explicar la etimología de wicca desde el indoeuropeo. Eso sí, diciendo ahora los que lo negaban con porfía haberlo defendido “siempre”, que en este paganismo donde no dejamos de aprender nunca, nadie nos puede enseñar nada jamás…

El problema de esta distorsión, es que cuajó la falsa idea que la Wicca es tantas cosas, que todas son igual de válidas. Y ya se sabe que cuando todo vale, nada vale… lo que en el fondo buscan quienes se posicionan contra la Wicca, desde que no lograron que sacrificase el hecho de ser una religión en vez de seguir como mera “hechicería”, donde la metió el Cristianismo por la fuerza y donde la quiere hoy el Neopaganismo por la letra.

Pongo entre comillas hechicería, porque la estrategia cristiana, que como vemos caló incluso entre los paganos de hoy, engañó en buena medida a la etimología popular para venir a decir que brujería y hechicería sean sinónimos, cuando es notorio que ni para el propio Cristianismo fueron la misma cosa; de hecho, las persiguió de manera diferente.

Hoy, se explica la Brujería como un convencionalismo para referirse a las hechicerías con “pedigrí” o a la Magia Negra, según de dónde salga la ocurrencia, y que además es el “origen” de la Wicca, tanto etimológica como históricamente hablando. O sea, que la palabra wicca viene de witch, ‘brujo’ (!), la Wicca es una forma de Brujería y ésta, la Brujería, la que engloba todas las prácticas de la hechicería. El mundo al revés…

Que esto se piensa, lo leemos en un artículo de hace apenas tres meses de la BBC, que valora el incremento de los seguidores de la Wicca en los EE.UU., con el título de EL LLAMATIVO AUGE DE LA BRUJERÍA PAGANA EN ESTADOS UNIDOS (Y SU SINGULAR CONEXIÓN CON EL ACTIVISMO POLÍTICO DE LOS “MILLENNIALS”):

Dentro del concepto global de brujería y paganismo, se encuentra la “wicca”, una religión muy específica fundada por el británico Gerald Gardner en los años 50 en un intento de recuperar antiguas prácticas paganas de los celtas.

El término tiene su origen en la palabra inglesa de la Edad Media wicche que derivó en el actual witch (“bruja”).[1]

Si contrastamos el artículo con otra publicación de este lado del Océano, leeremos que no es una línea editorial cualquiera o una torpeza de la articulista, sino un relato perfectamente diseñado y que se replica por todas partes:

¿Qué es la Wicca?

La Wicca es un conjunto de creencias anterior a la época cristiana. Distintas religiones paganas que han sido reinterpretadas a los nuevos tiempos y que incluyen elementos como el respeto a la naturaleza o un papel más importante de la mujer en la sociedad.

La Wicca tiene influencias celtas, germanas y escandinavas. Pero también recoge lo mejor de las culturas de los indígenas de Norteamérica, los pueblos precolombinos o los aborígenes australianos. Y por supuesto, bebe directamente de la tradición clásica de Grecia y Roma, el misticismo del Antiguo Egipto y las religiones indias o babilónicas.

¿Qué relación tiene la Wicca con la brujería?

La palabra Wicca proviene de Witch, que en inglés se traduce como bruja. No obstante, no existe tal paralelismo en la realidad. Los hechiceros Wicca no invocan a espíritus malignos ni desean causar daño a nadie. Más bien se trata de una visión renovada de los cultos arcaicos del mundo anglosajón en la prehistoria…

¿Qué es la brujería?

Para encontrar el origen de la brujería tendríamos que viajar hasta el origen de los tiempos. Este término tan impreciso se ha utilizado a veces para denominar a chamanes, sacerdotes, videntes y otros practicantes de artes místicas a lo largo de la historia. […]” [2]

Es fácil, comprobar el tiberio que provocan estos mensajes. Insisten, en hacer a Gerald Gardner el fundador de una religión que él nunca dijo fundar, que sus sacerdotisas jamás dijeron haber fundado, y que en ambos casos defendieron referirse a un Culto preexistente, con fieles ajenos a Gardner que consideraron como iguales; por no decir, que Gardner ni tan siquiera tomó el nombre de wicca para esta religión, sino que mantuvo el de Witchcraft hasta su muerte. Se identificaba con este arcaísmo, a los fieles a una Religión a la que llamaban Brujería, de características históricas e identitarias europeas y más o menos homogéneas entre sus diferentes Corrientes.

La única verdad que dicen sobre el origen de esta palabra, es que el término witch -que no el de “wicche”-, tiene origen en el Medievo, en concreto la Alta Edad Media… pero porque viene de otro anterior, wicce, femenino de wicca, NUNCA AL REVÉS, ni porque “wiche” sea la raíz de nada, que es +ueik-, sino que wiche es cómo se pronuncia wicce en un contexto lingüístico determinado. Presentarla como lo hacen, es tergiversar el lenguaje y contrario al conocimiento histórico, que subvierte la realidad de una palabra invirtiendo la deconstrucción de la misma. Vamos, es como afirmar que el término latino TRADERE, viene del español TRADICIÓN.

Y por lo mismo que tradición viene de tradere, witchcraft viene de wicca y no al revés. Es evidente, que confunden el último “eslabón” de la cadena de transmisión de la Wicca Histórica, la Brujería, como el origen de la Wicca. Circunstancia nada intrascendente, porque cambia todo el sentido del mensaje que se quiere dar. No es lo mismo, decir que la Wicca viene de la Brujería, que la Brujería venga de la Wicca, ¿verdad? En realidad, la diferencia está entre mentir y decir la verdad, explicar la historia tal y como fue o contar una ucronía que encaje mejor en los intereses de quien tergiversa y falsea los hechos.

El segundo artículo, introduce una ambigüedad. Dice, que la Wicca REINTERPRETA las viejas religiones paganas. Otro término, que leído de seguido parece inofensivo, pero que en realidad puede cambiar el párrafo. Reinterpretar, en el sentido de volver a expresar o ejecutar algo, sí; pero enfocado hacia una nueva versión de algo desde la óptica de quien lo mira, por supuesto que no, porque modifica el sentido original. La Wicca, ADAPTA la Vieja Religión a nuestro tiempo, pero no la personaliza. Una vez se adopta la reinterpretación falsa, lo siguiente es coger de donde le parezca bien a uno, y ante la duda, hacerlo de todas partes, ¿y por qué no?

Asimismo, leemos que como en la noticia precedente, vuelven a hacerse eco de una de las muchas falacias que tratan de inculcar, según la cual “La palabra Wicca proviene de Witch, que en inglés se traduce como bruja.” Es aclaratorio, además, que el artículo hable de los “hechiceros wicca”, porque de nuevo confirma y justifica lo que venimos apuntando: insistir cansa, sí, pero adulterar enferma… y enfermar, mata.

Para destacar una última incongruencia de esta postverdad, llama la atención suponer indescifrable la etimología de brujería (witchcraft), hasta hacerlo un término “impreciso”, ¿indescifrable, impreciso? De eso nada, witchcraft: ‘la práctica o el oficio de la Wicca’. A partir de esta verdad IN-DIS-CU-TI-BLE, dígase después lo que se quiera, que ya se contestará como se deba. Siendo cierto, que witchcraft es una palabra que se ha utilizado a lo largo de la historia para explicar diferentes prácticas mágico-religiosas, en realidad la mayoría de las definiciones que sobreviven en el ideario popular, fueron forzadas por el Cristianismo con la intención de desvirtuar su sentido eminentemente religioso y sacerdotal. Por eso, toda acción informativa que contrarreste adulteraciones de “copypasters” o periodistas mal informados, es poca y bienvenida.

Mientras deforman nuestra historia, creencias y tradiciones, el silencio cómplice de los wiccanos facilita la incomprensión, el fraude y la mentira que vierten sobre esta religión. Quizá no es importante, quizá nada lo sea, pero no está de más tener pundonor o siquiera vergüenza y decir ¡hasta aquí!, antes que seguir dócilmente a quienes se erigen como “referentes” del Paganismo, con la intención de decidir por y para nosotros de camino a ese corral que son los artículos, Foros y Grupos, donde pretenden trasquilarnos…

© Fernando González

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1.- BBC NEWS MUNDO. El llamativo auge de la brujería pagana en Estados Unidos (y su singular conexión con el activismo político de los “millennials”). Beatriz Díez BBC News Mundo. 20 junio 2019.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-48616396

2.- DIGITALSEVILLA. Últimas noticias sobre Alicia Collado y las diferencias entre Wicca, brujería y santería. Vicki Vera Marroquín | 20 de junio de 2019.

https://digitalsevilla.com/2019/06/20/ultimas-noticias-sobre-alicia-collado-y-las-diferencias-entre-wicca-brujeria-y-santeria/

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Siempre que tocamos el origen de la Wicca, su relación con la Brujería y su pertenencia al Paganismo y a los Cultos Precristianos, surge quemazón, úlceras y escándalo principalmente entre los “influencer” del Paganismo, sobre todo si la información se presenta desde un punto de vista histórico, porque su soberbia les hace incapaces de reconocer algún error o no saberlo todo, y porque tienen un interés personal en mantener las falacias con las que se hicieron un “nombre”, creyendo que desmentirlas o corregirse comprometería la posverdad en la que viven y de la que no quieren renegar.

Y no nos referimos a la Historia Contemporánea e incluso Moderna de la Wicca, en donde la quieren “encerrar” porque no supone ningún quebranto a su credibilidad, sino a la verdadera historia de la Wicca, a esa que no se lee en la pseudoenciclopedia Wikipedia ni en las fakes de Facebook. Esa Historia, nos hace remontarnos al menos al Calcolítico Europeo, tiempo del presunto origen de la palabra y punto de partida más o menos conocido del que sabemos algunos de sus significados. Suprimir este origen y pasado, es tan “apropiado” como negar una historia del Cristianismo anterior al Concilio de Trento.

Por ejemplo: si cuando decimos que la Brujería surge y se llama así gracias a la Wicca, que es la que construye la palabra y que por lo tanto no puede ser posterior a la palabra que nace de ella, ¿qué hay de incierto en esto? Las HOMILÍAS ANGLOSAJONAS del Abad Elfrico (s. X e.a.), no dejan lugar a dudas: Brujería (Witchcraft), viene de WICCE-CRÆFTE (la práctica de la Wicca), y por lo tanto como palabra y concepto nuevo es posterior aunque signifique la misma cosa, un hecho conocido y demostrado por la etimología y la epigrafía, no un opinión ni una idea. Así que, ¿con qué razón, o mejor con qué derecho nos permitimos entonces, cuestionar o negar que la Wicca es anterior a la Brujería? Y si por brujería, fue como se conoció la Wicca a partir de la Alta Edad Media, ¿cómo podemos tener la desfachatez o la irresponsabilidad, de contar que son distintas y aún peor, de tergiversar la historia y decir que la Wicca sea una consecuencia moderna y desvirtuada de la Brujería?

Es verdad, que en un artículo no se puede profundizar o matizar en todos los contextos, porque lo haría difícil de leer y por regla general nadie lo leería entero, pero hay cosas que no necesitan más explicación que contrastarlo y admitir que es cierto o falso lo que se dice. ¿Existe el dato? Sí. ¿Es auténtico? Sí. ¿Dice lo que decimos? Sí. Pues sobre el origen de esta palabra, no hay más que discutir… cosa diferente, es que nos hayan enseñado lo contrario, que lo hayamos defendido así y nos cueste admitir que estábamos equivocados. En nuestras posibilidades, siempre hay que tratar de distinguir la DESCRIPCIÓN de un hecho, de la INTERPRETACIÓN que se haga del mismo. Y hoy, sufrimos las consecuencias de poner a un mismo nivel descripción e interpretación, por agradar a esa mayoría estúpida que es la masa, en cuanto que todos tienen derecho a tener razón, sepan o no de lo que hablen.

La justificación para sostener este dislate, se fundamenta en dos planteamientos:

1º.- Que el sentido o lo que representa la Brujería, es anterior al sentido y lo que representa la Wicca.

2º.- Que si falla el punto 1º, se puede decir que el significado de las palabras cambian con el tiempo, y que por lo tanto el sentido actual es el auténtico.

En cuanto al primer punto, no hay nada más sencillo para comprobar su verosimilitud, que enfrentar la palabra al sentido que se le quiso dar cuando se formuló. Esto es, si brujería significa ‘la práctica de la Wicca’, la práctica de algo que ya se conoce y tiene una explicación concreta y preexistente, es imposible que aquello que se realiza (wicca) sea posterior a la palabra que lo explica (wicce-cræfte).

Más claro: Si sabemos que durante el desarrollo del ser humano existió un “periodo que comprende el uso de las primeras herramientas de piedra”, no es posible que ese periodo sea posterior a la creación del término Paleolítico (1852), ni que la construcción de edificios de piedra sea un conocimiento anterior a la fabricación de bifaces.

Por otra parte y atendiendo al segundo punto: que hoy en día surja una persona o un grupo de personas que decidan, que por Paleolítico debe entenderse el periodo durante el que se construyen las primeras Catedrales, ni estarán en lo cierto ni haríamos lo correcto aceptando algo tan absurdo porque lo afirmen muchos, y porque todos tengan el presunto derecho a llamar a las cosas como les venga en gana.

Frente a la opinión, está la razón: Como decimos, Wicca viene del indoeuropeo, del protoindoeuropeo concretamente, y por lo tanto tiene referencias en muchas lenguas, no sólo en la anglosajona, si bien es verdad que será a partir del Anglosajón y el Germano que se construya la voz witchcraft, que no Wicca. El anglosajón, es una lengua hablada a partir de la Alta Edad Media, el indoeuropeo, al menos desde el Calcolítico, la diferencia es muy grande.

El término wicca (+ueik-), es polisémico y está muy extendido por Europa. Por ejemplo, construye el término gr. oikos, ‘hogar, casa’, y el lat uicus, ‘villa, aldea’, y también ‘casa del Clan’. De alguna manera, todos estos conceptos están en su mayoría relacionados con lo religioso, como el Lar, el fuego del hogar, la casa comunitaria de la tribu o el núcleo más pequeño suprafamiliar, la Aldea. De hecho, hay por toda Europa y por la Península Ibérica en especial, referencias epigráficas de los uicani (wiccanos) dirigidas a Divinidades indígenas, hasta el punto de señalar la persistencia de los Cultos Nativos frente a la romanización, en aquellos lugares donde aparece la palabra uiccani. No es insustancial, que el término peyorativo de pagano, que utilizaron los romanos antes que los cristianos y con un sentido similar, sustituyó el de uicano, como persona “supersticiosa’, que mantenía los Cultos prerromanos y agrícolas antes que el de la Urbe (Roma)… paradojas del destino o justicia Divina, hacia una palabra que se me hace extraño despreciemos hoy con tanta ligereza.

Con todo esto, hay que remarcar que el término wicca no nos es extraño en España, por mucho que haya pasado “desapercibido” para una gran mayoría de la comunidad pagana actual.

Y en cuanto al término español brujería, es verdad que no se tiene la certeza de su origen ni significado, si bien los estudios están un poco más avanzados hoy en día, y hay una líneas o directrices bastante bien enfocadas en este sentido:

a.- La palabra “brujería” (broxaria), es de origen prerromano. Casi con toda probabilidad, celta.

b.- Su significado, está relacionado con personas de alto rango y consideración, sin duda con la 1ª función dumeziliana, la Sagrada.

c.- El Cristianismo equiparó y utilizó como sinónimo el término “brujería” con el de “witchcraft”, dándole el mismo significado.

La etimología, apunta a la raíz celta BROUGH/BRIGA, ‘alto, elevado’, probablemente seguido de algún superlativo, lo que sin duda podríamos equiparar con los nombres de otros cleros que nos son conocidos. Por desgracia, no sabemos si el término es original precristiano o como en el caso de “witchcraft”, una construcción cristiana a partir de unir términos indígenas…

En fin, podremos especular o buscar una explicación a que la palabra Wicca existiese antes que la palabra Brujería, a que la palabra Wicca construyese la palabra Brujería y a que la palabra Wicca, explique a qué se refiere la palabra Brujería, pero lo que no puede ponerse en duda es el hecho en sí mismo. Y si la palabra Brujería, significa “la práctica de la Wicca” (sic), solo caben tres consecuencias:

1º.- Que la Brujería Tradicional, la antigua, la que le da el nombre y la explica, hace referencia a una práctica llamada Wicca.

2º.- Que la palabra wicca, hace referencia a unas prácticas ancestrales (paganas) cuanto menos anteriores a que existiese una palabra que las defina como brujería.

3º.- Que esas prácticas, marcan el sentido y el significado primero de la palabra Wicca y después de la palabra Brujería.

Por lo tanto, hay una Brujería Tradicional, que es la histórica, que viene directamente de la Wicca, y hay una Wicca Tradicional, que es histórica (Wicca Histórica), que viene de las prácticas ancestrales que la describen. Sobre el término Wicca, no tenemos más que recurrir a los diccionarios etimológicos especializados, y comprobar si lo que estamos diciendo es verdadero o falso.

La relación de la Brujería con el Paganismo, viene dada desde el momento histórico que se equipará o explica esa relación, y por lo tanto debemos ceñirnos al momento de la aparición o difusión de la palabra. Pues bien, sabemos que la palabra Brujería surge en la Alta Edad Media, PARA DEFINIR EN LENGUAS NATIVAS LAS PRÁCTICAS PAGANAS. ¿Y qué es lo que se explica? Leyendo las entradas etimológicas de Pokorny, Göbler, Watkins, etc., tendremos la respuesta.

Aún cuando la mayoría de las referencias de las que disponemos, son fuentes cristianas, hay otras que obviamos, quizá no tantas pero también importantes, por no decir que además hemos hecho un uso selectivo de las Fuentes Cristianas, para coger lo que nos interesa y despreciar o desconocer el resto. Y es en ese resto, precisamente, donde se explica lo que una gran parte del Paganismo actual no quiere aceptar, y es que a lo que se llamó brujería fue al mismísimo Paganismo, que el Cristianismo demonizó esas prácticas después, quitándole importancia a su religiosidad precristiana para convertirlo en una desviación herética (ver Agustin de Hipona), y que si reducimos a hechicería la brujería, estamos reduciendo a hechicería al propio Paganismo.

© Fernando González

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Por más que lo repitamos, nunca es suficiente: la Wicca, es una religión. No es un lugar donde experimentar con la “magia”, tampoco un gremio de hechiceros o el refugio de quienes se introducen en el Paganismo sin idea de lo que buscan, hasta encontrar su “auténtico” Camino espiritual y religioso. Y si alguien la utiliza en este sentido, no es excusa para que desequilibrados, frustrados o influencers deseosos de cuestionarla, arremetan contra Ella, en vez de hacerlo contra quienes la pervierten. Sobre todo es entre neopaganos, que se quiere dar esta imagen falsa de la Wicca para cubrir o tapar diferentes intereses, fobias y carencias.

Que se ceben más con esta religión que con otras, no significa que no lo hagan con el resto. Ni el Druidismo o el Asatrú en España, por ejemplo, están libres de intromisiones. El primero, al estar mejor cohesionado es menos susceptible de intrusismo, y sus Tradiciones reaccionan al unísono junto a la propia Comunidad Pagana para censurar la apropiación indebida del término, la misma Comunidad que mira con naturalidad que una PSEUDOWICCA que germinó bajo su amparo, campe a sus anchas comerciando, tergiversando y neologizando la Vieja Religión, para luego culpar a la WICCA de los males que eso provoca. En cuanto al Asatrú, las rémoras son más estrellas fugaces que se consumen rápido, y poco hay que pueda considerarse ilegítimo que no se sepa dónde está -y cuanto más lejos, mejor-, por muy bien que se camufle y se venda.

Desde esta pseudowicca -Wicca+Hechicería+New Age-, se creó una especie de cajón de sastre que convierte en “Arte” su forma de ver la Wicca, para “pintar” de magia y misterios un espacio que sea atractivo para el que llegue al Paganismo, “negocio” redondo que apenas exige conocimientos -los justos para embaucar-, ni una trayectoria que se pueda contrastar -o no creen en ella o se la inventan-, y mucho menos una responsabilidad que no se tiene -y no se espera-, sin más implicación que exprimir al incauto en lo económico y anímico hasta que descubra el engaño, que vea que por ahí no va a ninguna parte y se sienta huérfano de fe. Burlado, como cuando se entera que los maravillosos “arcanos” que le transmitieron en rigurosa “oferta”, no son tales y además los regala la pseudoenciclopedia Wikipedia.

No ha de olvidarse, la cooperación necesaria de algunas de las denominadas tradiciones “serias”, que lo son tanto, que consienten alegremente este tipo de enredos -sino participan- porque están tan por encima de las cosas mundanas, como por debajo del respeto mínimo que deberían tener hacia la fe que dicen profesar, y que miran hacia otro lado cuando se producen estos fraudes, para luego, eso sí, recoger los “pedazos” de los pocos seguidores aún fieles a la Wicca que queden, ya sumisos y “desfogados”, y soltarles el sermón “iniciático”, conciliador y moralista de turno.

Como si caer en manos de desaprensivos y embaucadores, fuese una prueba mística “estándar” que todos deberían experimentar, cuando en realidad su connivencia les hace cómplices no solo de un engaño, sino de aprovecharse del río revuelto de la pseudowicca y contribuir a la escasa credibilidad que tiene la Wicca en el Paganismo. Y siendo justos, no ha de extrañarnos que desde el Paganismo se alcen voces críticas que miren de reojo a la Wicca, pero no lo es menos, que muchas de estas voces generalizan, siguen criterios errados y mezclan churras con merinas. Y en cuanto a esta “prueba iniciática”, es una desvergüenza utilizar una presunta experiencia mistérica para justificar el engaño consentido y connivente, de los incautos que sus amigos “pescan” por ahí. La Iniciación, es una fase íntima y personal lo suficientemente seria, como para no corromperla en manos de quienes en realidad vienen a decirnos, que desde sus supuestas tradiciones “blancas” favorecen y utilizan a los embaucadores y el fraude, para comprobar la voluntad de los creyentes…

Además, es un discurso doloso explicar la Wicca como una fase de “calentamiento” previo antes de “elegir” qué Camino tomar. De hecho, cuando alguna persona interesada en iniciarse en mi Tradición, me plantea su interés por aprender en nuestro Culto porque cree que sea su Camino, le invito directamente a seguir buscando y cuando no dude que su Camino esté en una religión y Tradición concreta, que entonces sí, solicite iniciarse o pertenecer a la misma.

La Wicca NO SE ENCUENTRA, a la Wicca SE LLEGA después de una catarsis. Un hecho, que suele obviarse. A parte de no hacer proselitismo, la Wicca es selectiva, esto es, está entre las religiones iniciáticas donde no entra quien quiere, sino quien debe. Una hecho que no se asume, pero que por sí mismo ya debería ponernos en guardia: toda “Wicca” que invite a iniciarnos en ella o imparta “cursos” de iniciación a esta religión, NO ES WICCA. Simple.

Hay veces, que ante esta actitud beligerante a las vejaciones y buscando siempre el debate, nos comentan que si merece la pena tanto enfrentamiento, o que por qué no hacer lo mismo que hace la mayoría, que somos muy agresivos (!)… y bien saben los Dioses, que todo sería mucho más fácil así. Que asumir las vejaciones a nuestro Culto, su degradación y culpa por practicarlo, aceptar que se nos considere neopaganos o pseudoreligiosos, enseñar lo que quiere todo el mundo que seamos y de donde vengamos o incluso cobrar por hacerlo como hacen muchos, nos situaría en una posición cómoda y distendida donde se nos aceptaría de buen grado en la Comunidad. Pero, ese cuajo nos mataría; nos mataría como personas, como religiosos y como religión, porque nos haría interiorizar las ucronías de otros para que todo les encaje A ELLOS, su posverdad, todas las falacias, tergiversaciones y pseudohistoria que han creado en torno al Culto de la Brujería, o sea, LA PRÁCTICA DE LA WICCA.

Asimismo, no estaría de más insistir en refutar ciertas cantinelas, que por machaconas no van a dejar de ser falsas, capciosas o tergiversaciones voluntarias e involuntarias de lo que son la Wicca Histórica, la Wicca Contemporánea y la Neowicca; por ejemplo, corrigiendo eso de mezclarlas o hacerlas iguales, por dar más credibilidad a Wikipedia que a los wiccanos y por creer que tiene más credibilidad lo que afirma cualquiera que se dice wiccano, que lo que diga realmente.

Dicho esto, quizá debiéramos concienciarnos y responder a según qué mofas pero sobre todo a las críticas, que la Wicca suele recibir desde el Neopaganismo y en menor medida del Paganismo. Esto es, poner límites a la vejación continua, y responder a las cuestiones serias que se nos plantean. Como es lógico, no se puede dar espacio a trolls y descerebrados que usan estas agresiones, para alimentar egos inestables y paliar complejos de inferioridad, provocando enfrentamientos que consigan una atención de la que carecen. Pero, sí que podríamos ir escribiendo sobre todas y cada una de las afirmaciones falsas que se dicen sobre la Wicca, con respeto pero con contundencia, para responder a aquellos que las repiten una y otra vez con toda su buena intención o con la sonrisa de un jesuita. Para distinguir a estas personas, quizá podríamos establcer tres tipos de sujetos:

Gente, disfrazada de pagana y que no lo es de ninguna de las maneras, fanatizada en su ideología o incluso devotos seriéfilos de las que extraen un sentido espiritual o religioso a sus vidas. Personajes, que pese a toda la información que hay a nuestro alcance no suelen tener mucha idea de lo que escriben y son muy dados a plagiar/copiar para simular tenerla. Éstos, merecen desprecio, o sea, no hacer aprecio a sus chanzas y vituperios destructivos.

Los hay menos ignorantes que tóxicos, y por lo común con graves carencias religiosas, que necesitan reafirmarse humillando e imponiéndose a otros para sentirse o formar parte de algo, un afán que acaba en bucle pues nunca van a dejar de ser lo que son, nadie, ni pararán de agredir creyendo que es la única forma de ser alguien. Salvo excepciones, en proporción al grado de maledicencia, merecen igual tratamiento que los anteriores.

Por último, quedan los wikifílicos convencidos, o aquellos que honestamente tienen curiosidad y por supuesto opinión sobre la Wicca, y quieren conocer, no comprenden ni aceptan ciertos criterios en torno a la misma. Está claro, que este tipo de personas merece nuestro respeto y respuesta. Es más, deberíamos plantearnos hacer un ejercicio de asertividad y promover o aceptar el debate. Otra cosa, es que asuman que no van encontrarse con escolares a los que reprender, y acepten que se les refute, replique o aleccione, pero eso escapa de nuestra responsabilidad.

Una Pseudohistoria, que se IMPONE; un Encasillamiento, que se EXIGE; un Eclecticismo, que se FOMENTA; una Desvirtuación, que se ACEPTA; un Negocio, que se TOLERA. Con todos estos antecedentes, ¿qué podemos esperar?

En fin, si no reaccionemos continuarán desvirtuando la Wicca siempre que puedan y porque pueden, porque se les consiente. De qué manera interactuemos con unos y otros, será cosa nuestra, pero no olvidemos que la Wicca no está concebida para ejercerse dejada o acomplejadamente, sino para comunicarnos con nuestros Dioses, y que respetar nuestras creencias empieza por creer que merecen ser respetadas, sobre todo frente a los ataques de quienes lo que menos quieren ni esperan es enfrentarse a una Vieja Religión vertebrada.

© Fernando González

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Los días 25 y 26 de abril de este año, se celebró en Granada un nuevo Congreso Internacional académico organizado por la RED DE INVESTIGACIÓN DE RELIGIÓN Y ESPIRITUALIDAD EN LA SOCIEDAD, con la colaboración de la Universidad de Granada, el Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas y el Palacio de Congresos de Granada.

El tema del Congreso, fue: “Símbolos religiosos universales: Influencias mutuas y relaciones específicas.

Los símbolos están particularmente relacionados con la religión. En todas las religiones, de una manera o de otra, aparecen múltiples símbolos, tales como figuras, ceremonias y rituales, templos y lugares sagrados, mitos y narraciones históricas, y muchos otros. Son el vehículo de la manifestación de la trascendencia, de manera que su significado no se agota por completo. Bien porque buscan expresar una verdad trascendente, bien por motivos antropológicos, lo cierto es que muchos de estos símbolos coinciden en su forma o significado. El significado de los símbolos religiosos, sus coincidencias interreligiosas y las influencias y relaciones mutuas son el tema destacado de este congreso, tanto en la simbología concreta de un determinado marco religioso como en la simbología comparada o en la simbología de la ausencia de lo trascendente, así como su importancia e influencia en la conformación de la imaginería social y en la simbología política. En nuestras sociedades debemos tener en cuenta la influencia de los símbolos religiosos universales, ciertamente en cuanto a sus diferencias, pero sobre todo en cuanto a sus semejanzas y a las verdades comunes que expresan acerca de la vida humana, el sentido y la existencia.” [1]

Bajo el título: IX Congreso Internacional sobre Religión y Espiritualidad en la Sociedad, este evento contó con la participación de 190 asistentes de más de 40 países, entre los que tuvimos el honor de participar Wicca Celtíbera, a través de nuestro Kombalkores, Fernando González, como coponente junto al Dr. Pedro García Repetto en la defensa de la ponencia:

“WICCA CELTÍBERA: CELEBRACIÓN RELIGIOSA DEL SOLSTICIO DE VERANO O LITHA

Pedro Garcia Repetto, Investigador, Teología, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España

Fernando González Sarrenes, Sumo Sacerdote, Confesión Religiosa Wicca, España

Wicca Celtíbera es una confesión religiosa inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia del Reino de España desde el año 2011. Dentro de sus ritos se encuentran los festivales y los aquelarres. Los festivales siguen el ciclo solar y los aquelarres siguen el ciclo lunar. En principio, la Wicca Celtíbera celebra sus festivales y aquelarres de forma privada ya que se define como religión mistérica e iniciática. Entre los festivales, destacamos la celebración del festival del solsticio de verano o Litha. Desde hace más de diez* años viene colaborando con el Ayuntamiento de Pinto (Madrid) en la celebración de este festival de manera pública. En esta ponencia primero presentamos una introducción a las características religiosas de la Wicca Celtíbera: origen, divinidades, creencias, ritos, festivales, etc. Después pasamos a analizar las siguientes fuentes en relación con las características del festival Litha: 1) artículos e investigaciones previas. 2) Referencias propias de Wicca Celtíbera. 3) Información y experiencias propias resultado de la asistencia al desarrollo público del festival Litha en junio 2018 en Pinto. 4) Análisis iconográfico e iconológico de documentales publicados de festivales Litha anteriores desarrollados en Pinto. Por último, se pretende aplicar un método analógico comparativo entre las fuentes anteriores con el fin de identificar elementos comunes y resaltar las similitudes tanto teóricas como religiosas y prácticas en los rituales correspondientes al festival Litha. Comunidad religiosa y socialización[2]

* Errata. Debería poner: “Desde hace más de 20 años”.

La experiencia, fue sumamente enriquecedora, y tuvimos la ocasión de contrastar después opiniones con Maria Albert Rodrigo, Profesora, Sociología y Antropología Social, Universitat de Valencia, España, y con Anahi Viladrich, Professor, The City University of New York, Queens College & The Graduate Center, New York City, USA.

Como en casos precedentes, causó asombro la magnitud de la Celebración objeto de estudio, así como el absoluto desinterés por parte de los Medios de Comunicación y la falta de estudios sobre este fenómeno, único en España (siendo una Festividad Pagana, celebrada por una religión legalmente reconocida, con la cooperación de la Administración Local, considerada Fiesta popular, una masiva afluencia de participantes y creyentes y con una tradición de más de 25 años).

Agradecemos a la Organización y a la Universidad de Granada habernos permitido exponer esta ponencia, y la acogida que tuvo. Asimismo, hacemos extensivo este agradecimiento muy especialmente al Dr. García Repetto por su interés por estudiar este Culto Nativo, con la esperanza que su trabajo pionero sea un ejemplo a seguir para el mundo Académico, y abandonen de una vez por todas sus prejuicios ante la realidad viva y tangible del Paganismo en este país.

De izquierda a derecha, Pedro García Repetto, Fernando González

1.- https://la-religion.com/acerca-de/historia/congreso-2019/#block-4

2.- https://la-religion.com/assets/downloads/N19FinalProgram.pdf

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Leyendo, la presentación de una obra que trata sobre la presunta invención de algunas tradiciones insulares europeas (Islas Británicas) * , me han venido a la cabeza una mezcla de sentimientos y razones, tanto a favor como en contra, en cuanto a esta posibilidad, a que puedan haber sobrevivido o crearse presuntas tradiciones “inventadas”.

Dicho esto, no es mi intención criticar la obra o hablar de ella más allá del título, que es lo que ha llamado mi atención [1]. Y lo hago, entendiendo que no sea objeto de la misma equiparar posibles licencias a la hora de “celtizar” ciertas costumbres más o menos arraigadas entre estos pueblos o incluso exagerar su antigüedad, con querer aplicar la misma fórmula a los Cultos Nativos actuales, cuyas Tradiciones, por serlo, no pueden “inventarse”. Sino que para éstos casos y por lo que cuentan, parecen centrarse en la utilización ideológica (política) de ciertas costumbres, para defenderse de los intentos de aculturización por parte de otra cultura dominante. Cosa muy diferente, sería desmontar a quienes se abroguen representar Cultos Nativos sin capacidad para hacerlo, mezclando de aquí y de allá y desvirtuando precisamente las tradiciones, por ejemplo desacralizándolas (!), en virtud que digan sea natural hacerlo, que de estos y otros “inventos” es cierto que hay mucho por escribir y destapar. Pero, no hablamos de esto.

Siquiera, por puntualizar algo más la información que se da en la presentación sobre el caso de la “gaita” y del “kilt” entre los celtas, decir en el caso de la Gaita que siendo cierto no poder identificarla con un instrumento identitario celta y menos irlandés o escocés, este instrumento es antiquísimo y está documentado entre griegos, romanos, hindúes, egipcios, etc., con amplia localización en diferentes pueblos y edades, por lo que no debería parecernos extraña su presencia entre los celtas en un momento indeterminado de la Antigüedad, si bien entiendo acertado no hacerla un elemento destacado de una cultura o sociedad concreta:

Aunque no ha llegado hasta nosotros ninguna mención o representación gráfica de la gaita anterior al Siglo V (ADC), se supone que ésta comenzó a ser utilizada mucho antes, ya que una forma primitiva del instrumento, básicamente compuesta por un reed-pipe o horn-pipe unido a una bolsa de cuero, se ha encontrado frecuentemente en las tradiciones ancestrales de los pueblos comprendidos en una amplia región que se extiende desde la Europa Atlántica y el Maghreb hasta los montes Urales y la India, incluyendo a Europa Oriental y el Medio Oriente. Según algunos expertos, el motivo por el cual no se menciona el instrumento hasta el Siglo V (ADC) es que éste era ejecutado principalmente por individuos pertenecientes a estratos inferiores de la sociedad, como los pastores y los mendigos, y no era considerado de tanta importancia como para ser mencionado o representado en pinturas o grabados.” (La negrita es mía). [2]

De hecho, siguiendo a Rodríguez Ruidíaz, leemos referencias escritas a lo largo de la Historia Antigua (Aristófanes, LISÍSTRATA y LOS ARCANIOS, o Suetonio, VIDA DE LOS DOCE CÉSARES, etc.), en las que se menciona el uso de este instrumento musical. Instrumento, que sigue apareciendo en la Edad Media sobre todo a partir del s. XII, como en el caso de las CANTIGAS DE SANTA MARÍA, recopiladas en el s. XIII por Alfonso X el Sabio. Así que, en un pasado quizá no tan remoto (Edad Media), los pueblos celtas descendientes de los celtas históricos, bien pudieron hacer suyo un elemento reconocido desde antiguo en su paisaje musical, como lo es la gaita, e interiorizarlo como propio de su identidad quizá por verse ésta de alguna manera amenazada o para reforzarla; circunstancia, que no debemos llevar al extremo de creerla una “invención” -y menos- moderna, pues el uso de gaitas en el folclore céltico insular (Irlanda y Escocía) al menos desde el medievo, no es una invención, si bien lo sea hacerlo exclusivo o diferencial de aquellas poblaciones o de los Celtas.

Que entre los celtas (celtíberos) se conocía y lo más importante se utilizaba la gaita al menos desde la romanización, tenemos ejemplos de peso como el de Bracara Augusta (Braga, Portugal), donde puede identificarse un instrumento muy similar, quizá la gaita Romana o utricularius (tibia utricularis, en gr. askaules), tocada junto a un órgano hidráulico tal y como se ve en la imagen de una lucerna hallada en esta ciudad sobre el año 200 e.a. Y esto no es poca cosa, porque al margen que sepamos del uso de gaitas antes de la Era actual, que fuese habitual en espacios solemnes, lúdicos, y religiosos entre los celtas, más que desmerecer la hipótesis de un instrumento celta identitario para Irlanda y Escocía, nos lleva a considerar que la gaita fue un instrumento habitual entre los celtas, que es exagerado o falso hacerlo especialmente nuestro pero por lo mismo que es radicalmente capcioso dar a entender o decir que esta relación entre la gaita y los celtas, sea un “invento” moderno:

El otro instrumento representado en la lucerna corresponde a una gaita, objeto musical de origen incierto, aunque probablemente egipcio (aproximadamente 2500 a.C.). Según algunos autores su origen se relaciona con los ciclos pastoriles (Winternitz 1943: 62; Caro Baroja 1943: 189); otros asocian su origen a los pueblos celtas (Oliveira 2000: 222). Con gran aceptación en la Edad Media la gaita ha sido, sobre todo, asociada a un instrumento popular, y aún hoy es utilizada en festejos públicos, de carácter popular y tradicional. Según Ernesto Veiga de Oliveira (2000: 230- 31), es posible admitir que en Occidente este instrumento pudo también estar asociado a antiguas tradiciones, a las grandes fiestas públicas y a celebraciones religiosas importantes.” [3]

Incluso de querer profundizar, que no queremos, podríamos tocar el tema etimológico, que al menos para lo relativo al término ibérico (gaita), actualmente dicen que procede del gótico gaits, ‘cabra’, en referencia a la bolsa o fuelle que puede estar hecha de la piel de este animal. Pero, es un tema que tampoco está cerrado, porque no hace mucho ha salido un estudio que abre la posibilidad que en realidad esta palabra provenga del gaélico, es decir, del celta, en concreto de la raíz ““gaíth” / “gáeth” / “gaoth”, que significa viento en irlandés antiguo, gaélico irlandés medio y gaélico escocés moderno, respectivamente.[4]

El caso del Kilt, es más complejo. Pero no por falta de evidencias, sino porque influyen otros factores. De entrada, la existencia del kilt como prenda identitaria celta es indiscutible, se llame o no se llame así, porque dudo mucho que los celtas históricos gallegos le diesen un nombre escandinavo -luego se me entenderá-. Cosa diferente es que, como fue el caso de los celtas insulares, se impusiese el anglosajón como lengua vehicular y utilizasen términos con raíces germánicas y escandinavas ya desde la Baja Edad Media.

Pero, ¿qué es el KILT? Siguiendo la página TARTAN GALLAECIA, El tartan oficial de Galicia, leemos que Kilt, “… es el nombre de un tipo de falda masculina confeccionada con un diseño en tartan, que fue popularizada durante el Resurgimiento del siglo XIX en Escocia. Desde finales del siglo XX, el kilt empezó también a ser adoptado progresivamente en el resto de los Países Celtas como una señal de la moderna identidad celta y de revivalismo histórico en ciertos contextos folclóricos.

Aunque el kilt es comunmente asociado sólo a Escocia, donde esta prenda es el traje nacional desde hace dos siglos, lo cierto es que la falda masculina no es únicamente escocesa sino que es parte de una más extensa moda europea.

Las faldas masculinas fueron la moda común en la mayor parte de la historia textil atlántica, incluida Galicia, durante más de un milenio. De hecho, los pantalones que todos vestimos por norma en la moda masculina de hoy en día, sólo se convirtieron en una prenda de uso regular en Europa desde el siglo XVI.[5]

Y en cuanto al tartán, “… es un tejido hecho a base de un diseño geométrico secuencial de lineas de colores y proporciones variadas que producen una apariencia final en forma de cuadros.

Tradicionalmente, el tartan se producía en telares artesanales de cuatro barras utilizando hilos de lana teñidos en diferentes colores. La tejedora entretejía los hilos en una secuencia de colores y proporciones determinada para producir el diseño o tartan deseado en el tejido.

La producción del tartan es una técnica textil practicada en Europa occidental desde hace miles de años, que sobrevivió el paso de los siglos y llegó hasta nuestros días.[6]

Esta antigüedad, no es poca cosa, porque prendas con diseño en tartán se remontan a los indoeuropeos y por supuesto a los celtas arcaicos, como por ejemplo el tartán de las minas de sal de Hallstatt, Austria.

El uso de una prenda de vestir en tartán, como lo era la falda corta entre los hombres celtas, no es una invención, sino un hecho. Cosa diferente, es que pueda ponerse en duda que por ejemplo existiese una tradición milenaria sobre que los colores del tartán, identificasen a los diferentes clanes (familias) de los celtas escoceses, y que eso en concreto, sea una invención moderna en realidad.

El tartán es tan antiguo como celta, y no hay más que ver las esculturas de los príncipes o guerreros galaicos, para dejar de poner en duda lo incuestionable. Esos mismos celtas gallegos, por cierto, que arribarían a Irlanda y de ahí a Escocía en tiempos pretéritos.

De una fecha de sobre el año 1200 a.C., se encontró también tejido con tartan en las minas de sal de Hallstatt, en los Alpes de Austria. […]

… Del siglo III a.C. se conservan dos muestras distintas que prueban igualmente la existencia del tartan en el Atlántico Europeo: el Falkirk Sett de Escocia y las estatuas de Guerreros Galaicos de la Gallaecia.

El Falkirk Sett es un paño hecho en un tartan simple de lana que fue encontrado enterrado en la Muralla de Antonino, cerca de la villa escocesa de Falkirk. Este tartan, guardado en el National Museum of Scotland, es la muestra más antigua de la existencia de tejido tartan en las Islas Británicas.

Contemporáneo al tartan caledonio de Falkirk, se conservan en la Gallaecia varias estatuas funerarias de Príncipes Galaicos. En las faldas de algunos de estos gigantes hombres de piedra se puede apreciar la decoración grabada en forma de cuadros, representando el tejido en tartan que los verdaderos guerreros de carne y hueso portarían en sus prendas.

Existen otros ejemplos de tejido en tartan con fechas ya más posteriores y en hallazgos encontrados en otros lugares de Europa desde Escandinavia a Francia.

No se sabe con certeza cuál es el origen de la palabra “tartan”. Se especula que la palabra actual que utilizamos para referirnos a este tipo de diseño textil probablemente fuese prestada del francés medieval Tiretaine, que haría referencia a un tejido hecho con lana y lino. Otros piensan que podría haber nacido a partir de las palabras gaélicas Tuar y Tan, que significan “color” y “comarca” respectivamente.” [7]

Quizá partiendo de esta segunda línea etimológica, sería más sencillo ensamblar una presunta tradición que identificase color con clan, pero sin incidir demasiado en ello por ahora, pues es posible que haya referencias de más peso.

A partir del Resurgimiento escocés del siglo XIX, las diferentes familias hidalgas o clanes de Escocia empezaron a adoptar cada una su diseño en tartan a modo de identificación heráldica.

Pero los historiadores piensan que el tartan, antes de adquirir esta moderna función de identificación familiar, pudo haber tenido una anterior función de identificación territorial.

En el siglo XVIII, un autor escocés llamado Martin dejó constancia que cada isla y comarca de las Highlands de Escocia utilizaba un diseño diferente de tartan, de modo que se podia adivinar el origen de cada persona por el diseño del tartan que se llevase como ropa.

Cuando hacia el siglo XIX el noble Sir Alan Cameron fundó el Regimiento militar de los Cameron Highlanders, adoptó un nuevo tartan con lineas rojas como uniforme de sus tropas, en base a haber sido el rojo el color predominante en los tartanes de la comarca de Lochaber.

Antiguamente, cuando no existían las tintas químicas, la combinación de colores de los tartanes rudimentarios estaba determinada por las tintas vegetales que hubiese disponibles en cada comarca. Las tintas vegetales se producían a partir de ciertas plantas, y algunas de esas plantas podían ser más abundante en una comarca que en otra.

Los historiadores creen que es posible que cada comarca tuviese un predominante diseño propio de tartan; fuese por costumbre, o más bien por razones de disponibilidad local de cierta gama de tintas vegetales, o probablemente por una combinación de las dos razones.

Cuando el tartan se puso de moda en Escocia en el siglo XIX, las principales familias hidalgas o clanes de cada comarca empezaron a adoptar el tartan como símbolo heráldico-textil de representar su linaje. Se piensa que el tartan fue primeramente el diseño textil característico de un territorio, hasta que finalmente en el siglo XIX pasó a ser el textil representativo de la familia o clan que gobernaba sobre ese territorio.[8]

Lamentablemente, desconozco la referencia de Martin, por lo que no puedo comentarla, si bien que exista este debate y presuntas fuentes que corroboren que el uso de determinados colores en los tartanes identificaba la zona geográfica de quienes los vestían, es un dato relevante a la hora de explicar por qué después se dice que los colores determinen los diferentes clanes (familias) a los que pertenezcan.

En cualquier caso, tenemos innumerables ejemplos de tradiciones inventadas, sin ir muy lejos en el Cristianismo, como para no saber de lo que hablamos. En efecto, el corpus doctrinal de las religiones cristianas está infestado de pseudotradiciones o mejor decir que casi es en sí mismo una parodia de las verdaderas leyendas y tradiciones paganas. Hechos falsos, tergiversaciones escandalosas y narraciones fabuladas como la hagiografía y los martirologios de unos hechos que jamás sucedieron o copiaron de otros más antiguos. Estas, son un ejemplo perfecto de falsas e inventadas tradiciones.

Creo, que no estaría de más ir diferenciando construir una identidad ancestral a partir de referencias tradicionales poco claras, como el caso de la celticidad de la gaita, con referirse a la “invención” de tradiciones religiosas de orígenes ancestrales, como lo son nuestras Tradiciones Nativas, que es quizá la excusa de muchos “gaiteros” que inventan antirrelatos sobre Cultos como la Wicca y el Druidismo, con la intención de menoscabar su legitimidad negándoles una antigüedad o tradición suficiente. La Tradición, ni puede ni debe caer en estas maquinaciones.

La Tradición no se inventa, en realidad se instituye, se conserva y se transmite, y lo contrario es que no existiese realmente o que de haber existido y no darse estas condiciones, desaparezca. Es muy sencillo, instituir, seguir o recoger una costumbre implica al grupo que se ocupa de ello, que mediante la transmisión a través del tiempo y frente a terceros les confiere una identidad propia y por lo tanto distinta de otros colectivos.

Y digo bien que una tradición no se inventa, porque hacerlo supondría desnaturalizar el fondo mismo que se le atribuye, que no es crear ad hoc una costumbre, queriendo asacarla, lo que supondría considerarla una pseudotradición, sino recoger una costumbre, doctrina, rasgo, práctica, rito, etc., y, como decimos, TRANSMITIRLA, del latín tradere (‘entregar, transmitir’), que de ahí es de donde viene el origen de la palabra tradición (traditio/onis).

Es cierto, que en ocasiones se suceden iniciativas interesadas en crear de la nada o a partir de antecedentes que nunca lo fueron, nuevas tradiciones con la etiqueta de antiguas, pero este tipo de iniciativa, léase fraude o manipulación, suele estar abocada al fracaso temprano.

Para que un conjunto de creencias y prácticas tomen las características identitarias que definen una Tradición, entiendo que deberían darse tres situaciones:

▪️Que existan previamente. Recoger unas costumbres, que existían con anterioridad.

▪️Que identifiquen a un grupo. Contribuir o definir la identidad de un colectivo.

▪️Que se transmitan. Traspasarlas a terceros, con la intención de perpetuarse.

Comprendiendo el objeto de este libro y el alcance que pretenden tener los autores con un enunciado (“La Invención de la Tradición”), no lo olvidemos, muy delicado, creo que por ser generalista ha de tenerse la precaución de no extrapolar los temas que trata, ni siquiera de soslayo, para crear una falsa idea de poder extenderlo al contexto religioso de nuestros Cultos Nativos. Y por otra parte, tampoco debería servirnos para justificar cualquier iniciativa que pretenda infravalorar la necesidad de conservar nuestras tradiciones, quizá con la peregrina idea que a fin de cuentas, muchas de ellas partan de supuestos “elegibles”, de inventar y seleccionar las referencias que más nos convengan, para “construir” una nueva identidad a la que podamos despojar lo que nos incomode de la original, aunque lleve su nombre.

Sí, es muy típico del pensamiento moderno suponer que podemos transformar el pasado a nuestro antojo, sin deudas ni consecuencias por alterar la Tradición que creemos representar, y hacerlo con la misma tranquilidad con la que criticamos a quienes sí las representan diciendo que las falsean (!).

En fin, creo que no podemos generalizar con todas las costumbres o tradiciones, ni mezclar lo ideológico (político) con lo religioso, pues la ideología usa la historia para JUSTIFICARSE, mientras que la religión recurre a ella para SOSTENERSE.

Moraleja: No es oro todo lo que reluce, pero tampoco es plomo todo lo que pesa.

© Fernando González

* https://www.facebook.com/photo.php?fbid=2549870571729761&set=a.301130856603755&type=3&sfns=mo

1.- Eric Hobsbawm y Terence Ranger (eds.) LA INVENCIÓN DE LA TRADICIÓN, VVAA 1ª Ed. 1983. En mi poder la edición de Editorial Crítica (2003).

2.- Armando Rodríguez Ruidíaz. LA GAITA, SUS ORÍGENES Y EVOLUCIÓN, p. 4.

3.- Rui Morais, Maria José Sousa, Javier Salido Domínguez. ARQUEOLOGÍA DE LA MÚSICA: GAITA, ÓRGANO HIDRÁULICO Y OTROS INSTRUMENTOS MUSICALES ROMANOS DE BRACARA AUGUSTA (BRAGA, PORTUGAL), p. 105. Portvgalia, Nova Série, vol. 35, Porto, DCTP-FLUP, 2014, pp. 101-116.

4.- https://www.farodevigo.es/sociedad-cultura/2014/09/24/situan-origen-palabra-gaita-vocablo/1099750.html

5.- http://www.tartan.galician.org/es/kilt.htm

6.- http://www.tartan.galician.org/es/historia.htm

7.Web cit.

8.Ibid.

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El dogma de una Cultura Celta originaria de Centroeuropa, que llega a la Península Ibérica tras un largo periplo y se asienta tardíamente en estas tierras de manera heterogénea, local y discontinua, es un mantra cada vez más alejado de las Universidades y sin embargo más difundido por la Red.

Estamos en el único lugar del mundo, donde se confunde ser con estar y haber con tener, de tal manera que no somos por estar, sino que estamos por haber sido “descubiertos”. Y si aquí hubo cultura, no fue por tenerla, sino por haberla recibido de otros.

Cosa diferente, es leer las investigaciones de los verdaderos especialistas en la materia:

Estela del Guerrero de Magacela, Badajoz (España), BRONCE FINAL.

Recent work has modified the status quæstionis. Notes on the Decipherment of Tartessian as Celtic (2015) by the American linguist Terrence Kaufman could be counted as a sustained argument—at viii + 526 pages—for the classification of the language of SW corpus as Celtic. Regarding this core issue, Kaufman recognizes common ground:

… part of Koch’s summing up of his conclusions and accomplishments runs: ‘[It is not hard to see that the SW corpus contains Celtic names.]3 It is not hard to see that the matrix language contains forms that look like Indo-European verbs and preverbs tee, ro, and rar4. Combined, these categories make up more than half the corpus and are consistent with a particular classification.’ [Koch 2014b, 400–1] This is entirely correct and is the reason that Koch needs to be credited for showing that Tartessian is Celtic.5 (Kaufman 2015, 19, cf. 525)

Kaufman (2015, 9) also provides a detailed account of how the distinguished Celticist and Indo-Europeanist, Eric Hamp, reached the conclusion that Tartessian is Celtic in 2010. This view of Hamp’s also figured in his updated Indo-European family tree (Hamp 2013).6 Several proposals in Kaufman’s book are attributed to personal communication with Hamp. Thus, in effect, we are informed that there now exists a school of thought for whom the Celticity of the SW language has been established.

The seminar of Werner Nahm, ‘Is Tartessian Celtic?’, given at the Dublin Institute for Advanced Studies in October 2015, presented work carried out independently of Kaufman and Hamp and was made public at nearly the same time as Kaufman 2015 appeared.7 It is therefore significant that this seminar expressed agreements on several matters of detail, as well as the general conclusion, concerning the Indo- European, specifically Celtic, classification.

Notwithstanding the foregoing points, the Celtic classification of the SW language is not the primary focus of Kaufman’s monograph. He sees the matter as already well enough established. So, it is time to move on to a second set of questions: Where can the grammatical and etymological interpretations be improved or confirmed? What is the content of the lexicon and grammar? What do the inscriptions say and what can that tell us about the cultural history of the region? What light does this new evidence throw on the evolution of Proto-Celtic from Proto-Indo-European? In Koch 2011 (§46.2) and speaking only for myself, I wrote that my personal research on the SW corpus had reached a similar stage.

(John T. Koch. COMMON GROUND AND PROGRESS ON THE CELTIC OF THE SOUTH-WESTERN (s.w.) INSCRIPTIONS. Aberystwyth Canolfan Uwchefrydiau Cymreig a Cheltaidd Prifysgol Cymru University of Wales. Centre for Advanced Welsh and Celtic Studies 2019.)

Si los tartessios hablaban proto-celta, o sea, un celta primitivo hablado antes del celta convencional, ¿cómo pudimos aprenderlo de unos pueblos que llegaron después hablando un celta ya estructurado y definido, nosotros, qué lo hablábamos al menos 500 años antes de la presunta llegada de éstos primeros celtohablantes? La respuesta es sencilla: leemos más, o dejamos de tener Wikipedia como recurso intelectual.

Mientras tanto, es España seguiremos buscando “gamusinos” en los pecios fenicios, incluso cuando estudios genéticos han establecido que los Filisteos vinieron del sur de Europa (Anatolia, Creta, Cerdeña o España)*. Vamos, que va a ser cierto que esto de definir quién dio el qué a cada cual, tiene más de ideología que de epistemología.

©Fernando González

* https://elpais.com/elpais/2019/07/03/ciencia/1562161996_514533.html?id_externo_rsoc=FB_CC

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