
No es ni una canción ni una advertencia y sin embargo, para bien o para mal, es uno de los lemas más recurrentes entre la Comunidad wiccana. De hecho podríamos decir que el periodo de un año y un día es la base inicial de toda instrucción (iniciación o dedicación) Wicca.
A diferencia de otras religiones e incluso de algunas más cercanas en el Paganismo, la Wicca no está concebida como un Culto de masas, sino cuanto menos mistérico e iniciático y en buena medida también hermético en la mayoría de sus diferentes Tradiciones, por lo que establece unas bases previas en cuanto a la admisión de fieles, que no solo o más allá de creyentes, bajo la figura de la Iniciación. Sobre ésto último debemos hacer un inciso.
La Wicca es una religión que funciona como escuela iniciática y fraternidad elitista, no proselitista y por lo tanto tampoco lo hace como dispensadora de bautismos ni asociación pagana, por lo que aún cuando reconozca la devoción de los creyentes e incluso les ceda un espacio relajado en determinadas ceremonias y acontecimientos (Festivales y Ritos de Paso), su disposición es la de procurar la iniciación de sus adeptos en los Misterios para su desarrollo espiritual y su comunicación, también comunión, con lo sagrado, haciendo de éstos interlocutores directos con la Naturaleza y evocadores suficientes con lo Divino para sí y frente a terceros.
La comunidad de creyentes Wicca, esto es, de personas que tienen unas serie de creencias precristianas comunes de origen indoeuropeo, es muy amplia y heterodoxa en nuestras sociedades, pero las personas con el deseo, la voluntad, la experiencia y la dedicación necesarias para vivir y practicar de manera incondicional y activa estas creencias, no lo es tanto, siendo más bien una minoría. Esta minoría es, precisamente, la de los iniciados, la de aquellos que al final de su preparación obtendrán por un lado la posibilidad de ejercer su Culto de manera plena y autónoma y por el otro la cualidad, llegado el caso, la instrucción y la necesidad, de servir como intermediarios en su comunidad.
Y es en este punto donde comienza a tomar forma y tener sentido la fórmula de “un año y un día“. Con esta frase de uso común entre las diferentes tradiciones wiccanas, hacemos referencia al periodo previo de aprendizaje desde que una persona decide conagrarse en la Wicca, hasta que sea efectivamente iniciada en la misma por una Tradición, o en el caso de los wiccanos solitarios, auto-dedicarse.
Hay muchas personas que no comprenden o ignoran el motivo por el que la primera iniciación de un wiccano deba respetar este periodo, tan delimitado en el tiempo, de un año y un día. Y las hay también que desde el desconocimiento o desgraciadamente el interés, inducen irresponsablemente a creer que este periodo carece de un sentido iniciático real, que es ¿meramente? simbólico o costumbrista y que por lo tanto puede prescindirse del mismo en el sentido no solo de incumplirlo sino incluso de acortarlo en meses, semanas e incluso días.
El desconocimiento sincero tiene fácil solución: aprender. El lucro fácil o la presunción ya no tanto. Este es el típico problema de pretender sentar cátedra careciendo de los conocimientos o la honestidad necesarios, para acabar cometiendo el más evidente de los errores cuando en vez de asumir la falta de preparación o de sentido de la realidad, se da por sentado que nuestra “idea” particular de la Wicca, es Wicca. Y también es el problema que se produce cuando lo que la verdad esconde son la incapacidad de asumir nuestras carencias o el interés económico en vender “iniciaciones” de fin de semana, quitando valor e importancia a respetar el ciclo iniciático pasando por alto que la iniciación en la Wicca no es matricularse en una asignatura escolar ni en un cursillo intensivo, sino un ejercicio meditado, consciente y complejo de transformación.
El sentido de este periodo de prueba, trasciende incluso al propiamente simbólico de todo rito de paso en el que el futuro iniciado ha de completar un Ciclo Natural de aprendizaje. Este Ciclo está establecido en virtud del tiempo Lunar y del tiempo Solar, que se corresponde con lo que definimos la Rueda del Año, las 13 lunaciones (12+1) que transcurren en el periodo de tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta completa alrededor del Sol (365 días) y éste en fijar las fases estacionales (solsticios y equinoccios) y sus períodos intermedios (festivales agropecuarios) según los antiguos calendarios sagrados.
El futuro iniciado no solo debe entender los procesos y cambios que se producen a consecuencia y durante la Rueda del Año, sino vivirlos, ser parte consciente de este periodo de transformación que por abarcarlo todo le habrá de transformar a él mismo durante su viaje por el Ciclo primario completo.
Saber, ser y sentir un año y un día hasta entenderse sagrado, uno con la Naturaleza, el resultado de nacer a través del Ciclo de la Diosa y del Ciclo del Dios como Maponos, renacer como el/la Hijo/a Divino/a. Éste es el motivo fundamental de que haya que respetarse el tiempo marcado.
Evidentemente este proceso es un periodo de mínimos, es el mínimo indispensable para poder acceder a la iniciación, pues mientras no vivamos y sintamos la transformación en estas 13 Lunas guardando los tiempos, mientras no seamos parte viva del Ciclo Natural, no estaremos verdaderamente preparados para consagrarnos a los Dioses.
Decir un periodo de un año y un día, de 12+1 meses lunares que se corresponde al año solar de 365 días, es entender que el neófito recorrerá física, mental y espiritualmente el Camino de reencuentro con la Naturaleza durante todo un ciclo completo, conmemorando y repitiendo las ceremonias propiciatorias, convirtiéndose en parte y motivo de que la Rueda se perpetúe, ligarse nuevamente con sus Ancestros y provocar que los Dioses le concedan la Iluminación. No es por lo tanto una costumbre sentimental, protocolaria y eludible, sino una declaración de principios en toda iniciación wiccana.
Y este periodo significará finalmente descubrir si estamos realmente decididos para auto-dedicarnos o si así lo consideran nuestros maestros, preparados para continuar nuestra evolución espiritual desde su Tradición. Es la diferencia entre hacerlo bien porque se sabe lo que se hace, o hacerlo mal porque no se tiene la menor idea de lo que se está haciendo.
Al margen del simbolismo que subyace en cuanto al periodo de un año y un día que de forma tan contundente y evocadora explica el Calendario, existen los antecedentes históricos y mitológicos suficientes como para avalar y sustentar que la tradición de aprender durante al menos un año y un día antes de ser iniciados o auto-dedicados en la Wicca, es un precepto insustituible.
la iniciación en la Wicca no es matricularse en una asignatura escolar ni en un cursillo intensivo, sino un ejercicio meditado, consciente y complejo de transformación
De hecho este periodo se ha mantenido en un sentido atávico y subconsciente bajo diferentes aspectos de nuestras sociedad como un ciclo completo que se explica en sí mismo y supone el inicio y el final de un proceso, seguramente como reflejo de una significación religiosa, sagrada, anterior. A todos se nos viene a la mente la pena, las obligaciones o los beneficios que traslucen de un año y un día para el derecho civil y penal. Está claro que para la justicia y en concreto las fuentes históricas del derecho, la importancia de este ciclo es indudable y demuestra, por sí solo, la necesidad de comprenderlo como un todo, una fase completa que ha trascendido al tiempo y se ha prodigado en diferentes épocas y situaciones.
En cuanto al efecto punitivo, tenemos por ejemplo que entre las sanciones que establecían los Templarios para sus caballeros, de entre las faltas graves destacaba como castigo la expulsión de la Órden con pérdida de hábito por un periodo de un año y un día. En sentido contrario en lo relativo a la servidumbre feudal, si un siervo sobrevivía durante un año y un día lejos del alcance y tierras de su señor, podía lograr la libertad. En otro extremo de cosas, Voltaire nos informa que todas aquellas personas que ocupaban una casa en los dominios de los monjes y viviesen en ella durante un periodo de un año y un día, acaban siervas de ellos para siempre[1]. Igualmente podemos recurrir al conocido como “Fuero de Francos“, según el cual en “el caso de los bienes inmuebles, se reconoce la plena propiedad, una vez transcurrido el plazo de un año y un día en posesión de los mismos sin que hayan sido reclamados.”[2].

El Cuento de finales del s. XIV de “La esposa de Bath“[3], ambientado en el reino artúrico, relata cómo había un caballero que trataba de muy malas formas a las mujeres. Un día que lo encontraron golpeando a una mujer, la reina Ginebra le castigo con la pena de viajar por el mundo hasta averiguar lo que las mujeres realmente querían, no sin antes advertirle que debería estar de vuelta en un año y un día como máximo y responder satisfactoriamente, so pena de ser condenado a muerte.
Pero será indudablemente a través de la mitología celta, crisol de los cultos europeos, donde encontremos la base, el origen, las referencias y el simbolismo más evidente, en lo relativo a la importancia religiosa que tuvo y tiene el periodo de un año y un día para la iniciación. Toda su base mítica, legendaria y épica rezuma de ejemplos tan sólidos como determinantes a la hora de explicar la raíz de esta regla fundamental en la iniciación wiccana.
Podemos acercarnos por ejemplo a la Primera Rama de los Mabinogion, el relato de “Pwill Pendevic Dyuet” (Pwill, príncipe de Dyfed) para descubrir, nuevamente, la misma referencia. En este caso la historia transcurre como consecuencia de otra transgresión, la que provoca Pwill al hacerse con una presa de caza proveniente del Otro Mundo (Annwn) y propiedad por lo tanto de su Rey Arawn. Pwill propone como compensación prestar su ayuda a Arawn contra su rival Hafgan. Para ello, Pwill toma la forma de Arawn y conducido por este al Annwn gobernará durante un año y un día como si fuese el primero pero guardando castamente el respeto a la esposa de aquél, que ignoraba el cambio. Agotado el plazo, derrota a Hafgan y devuelve a Arawn su reino unido y en paz. Como leemos, vuelve a repetirse una vez más la frase de un año y un día como modelo de tiempo que implica un periodo cerrado, un ciclo completo que se cumple transcurrido el plazo.
Sin salirnos del personaje mítico anterior, nos llega otro antecedente que entronca esta vez en un nuevo ejemplo de la continuidad de esta tradición a través del tiempo. Nos referimos al romance entre Rhiannon (Rigantona, la Gran Reina)[4] y Pwill. Tras conocerse y enamorarse, Rhiannon le dice a su amante: “Mi amor eres tú, y si me quieres de verdad como yo a ti, he ideado un plan para casarnos, no me hagas preguntas al respecto, sólo te pido que me esperes aquí, en este lugar, pero dentro de un año y un día exactamente“. En este caso además de contemplarse el periodo crítico de referencia, se hace notar que su culminación precede a un rito o ceremonia trascendente, como lo es su propia boda.
No ha de extrañarnos tampoco que la costumbre celta de casarse “a prueba” tuviese un plazo de un año y un día. Una alusión más que evidente sobre la idoneidad de esperar un Ciclo completo para conocerse antes de tomar una decisión trascendente.
Esta tradición ha perdurado en el tiempo e incluso hoy día no es extraño que creyentes wiccanos y celtas se acojan a ella, si bien sus referencias ancestrales más cercanas las tenemos en un primitivo código druídico actualizado después como la Leyes Brehon[5], que subsistió hasta bien entrada la Edad Media gracias a estar fuertemente arraigado entre la población y haber sido compiladas por monjes irlandeses.
Otro de los grandes ciclos mitológicos que recoge esta prescripción es el Ciclo Artúrico y en concreto la búsqueda o Demanda del Gral… “Galván promete entonces partir durante un año y un día en busca del Grial para conocer su misterio“[6]. Quedémonos con la frase, porque es importante y la vamos a leer repetida en más ocasiones. Para alcanzar el conocimiento y conocer los misterios, se precisa pasar por un periodo de un año y un día. Cuestión que se repite en Perceval, cuando jura ir en busca del Gral durante un año y un día. Algo similar en cuanto a trascendente, podemos leer entre Sir Gawain y el Caballero Verde. Tras aceptar el juego del Caballero Verde en el que reta a los presentes a que le corten la cabeza, Sir Gawain tiene un año y un día hasta enfrentarse a su vez con el hacha del enigmático personaje en la “Capilla Verde”, mágico lugar donde cita al caballero para cumplir su parte del trato. Así Gawain empieza el “viaje”, su periplo iniciático hacia un destino fatal que puede terminar con su vida.
Dentro de la Tradición Celta Irlandesa volvemos a encontrarnos con esta misma prescripción de “un año y un día” como referencia cíclica. Se le conoce como Bláin is là y es un Ciclo Solar completo mas 1 dia extra (Samhain), 12+1 o 13 meses, que se usaba como un cómputo de tiempo básico, en los inicios de algún acontecimiento o para marcar un periodo de prueba, algo que ha quedado suficientemente explicado en las leyendas reseñadas.
Pero quizá el testimonio más evidente, recurrido y significativo que sirve de colofón a todo lo explicado, lo encontramos en la Layenda de Taliesin[7]. En esta historia se cuenta cómo Gwion Bach se transforma en Taliesin tras alcanzar la suma del conocimiento y la inspiración, al ingerir tres gotas del caldero de la Diosa-Bruja Cerridwen, que ha de mantenerlo en cocción durante un año y un día para que acumule toda la sabiduría y la inspiración…

“En un tiempo ya remoto vivió en Penllyn 1 un hombre de gentil linaje llamado Tegid Foel 2, que tuvo su morada en medio del lago Tegid 3, y cuyaesposa se llamaba Cerridwen 4. Y de su mujer tuvo un hijo llamado Morfran ab Tegid y también una hija llamada Creirwy que fue la doncella más bella del mundo; y un hijo más, hermano de ellos, Afagddu, el hombre más feo del mundo. Y su madre, Cerridwen, pensó que por causa de su fealdad ésteúltimo no sería admitido entre los hombres de noble cuna, a menos que se exaltasen en él los méritos de sus conocimientos, pues corrían entonces los tiempos de Arturo y de la Mesa Redonda.
De tal suerte que Cerridwen decidió, de acuerdo con las artes del libro de Fferyllt, cocinar un caldero de Ciencia e Inspiración para su hijo y que así, éste tuviese una recepción honorable por causa de su conocimiento de los misterios del estado futuro del mundo.
Comenzó pues a preparar el caldero que, desde el comienzo de su ebullición, no habría de cesar de hervir durante un año y un día, hasta obtener tan sólo tres gotas benditas con la gracia de la inspiración.
Y puso entonces a Gwion Bach, el hijo de Gwreang de Llanfair Caereinion, en Powys, a mezclar el caldero y a un hombre ciego llamado Morda para que atizase el fuego bajo él, y los encargó a ambos de impedir que el caldero dejase de hervir durante un año y un día; y ella misma, siguiendo los preceptos de los libros de los astrónomos y las horas planetarias, recogió cada día las hierbas mágicas. Y un día, hacia el final del año, mientras Cerridwen se encontraba seleccionando plantas y haciendo encantamientos, sucedió por casualidad que tres gotas de la poción encantada salieron volando del caldero y cayeron sobre el dedo de Gwion Bach quien, por la ustión del contacto de las gotas hirvientes, llevó el dedo a su boca y, al instante de poner en su boca las gotas que obran maravillas, previó todo cuanto estaba por venir y supo que su principal preocupación debería ser protegerse de las asechanzas de Cerridwen, pues grande era su habilidad mágica. Y aterrorizado huyó hacia su tierra. Y el caldero estalló en dos, pues toda la poción que había en él era venenosa salvo las tres gotas encantadas; y así, los caballos de Gwyddno Garanhir resultaron envenenados por beber agua del arroyo en que la poción del caldero se vertió y, desde entonces, la confluencia de dicho arroyo fue conocida como el Veneno de los Caballos de Gwyddno…“
Si hay una moraleja en todo esto, no puede ser otra que se ha de respetar la Tradición que nos han legado, so pena de desnaturalizar lo que durante siglos se ha transmitido, que adaptar no es modificar ni las prisas son buenas y que en la Wicca saltarse el periodo de un año y un día como tiempo de preparación previa a la iniciación, quizá puede significar que parta de quien ni es wiccano ni entiende lo que significa serlo. Y lo que es peor, que se forme inadecuadamente al neófito, que le falle la base, su estructura.
©Fernando González-Wicca Celtíbera
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1. Voltaire. Diccionario Filosófico. Bienes de la Iglesia II.
2. Francisco Ruíz Gómez. Universidad de Castilla- La ancha. El Camino de Santiago: circulación de hombres, mercancias e ideas. pág. 179. Para más información sobre el Fuero de Francos, José María Ramos y Loscertales, El derecho de los francos de Logroño en 1095 (ver).
3. Geoffrey Chaucer. Cuentos de Caterbury. La esposa de Bath.
4. Rhiannon/Rigantona.
5. Leyes Brehon.
6. Juan de Villaquirán, Toledo, 1515. Demanda del Santo Grial: Inicio de la Demanda. pág 12.
7. Layenda de Taliesin (Hanes Taliesin).
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